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kutxabank reconoce al director de fotografía javier aguirresarobe con el premio 'una vida de cine'
donostia, r. pérez de anucita - Martes, 18 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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El director de fotografía eibartarra, al recibir el Premio Nacional de Cine en el Zinemaldia. (Foto: efe/javier etxezarreta)
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SU territorio, como sostiene un libro de la Filmoteca Vasca, pertenece al umbral de la oscuridad. Su lenguaje es la luz. Y su paleta colorea o decolora las películas que lo escogen como director de fotografía: el blanco y negro de Beltenebros, una película rodada en color, el gris de Días Contados o el rojo subrayado de La madre muerta.
Javier Aguirresarobe (Eibar, 1948) también pertenece a la circunscripción de los reconocimientos. Al Premio Nacional de Cinematografía en 2004 y sus seis Goya se suma el galardón Una vida de cine, que otorga el Servicio Dorado de Kutxabank. El acto de entrega de este galardón, que se enmarca siempre en el Zinemaldia, tendrá lugar el próximo domingo, a las 19.00 horas, en el salón de actos de Kutxa (calle Andia). Aguirresarobe recibirá la escultura Bilbe VI en la que se materializa el reconocimiento, que antes recibieron Antonio Mercero, Elías Querejeta, Pedro Olea, Xabier Elorriaga e Imanol Arias. A continuación se proyectará la película Secretos del corazón.
La elección del filme de Montxo Armendáriz será muy posiblemente de su agrado porque ha confesado en más de una ocasión que "adora" esta película: "Me emociona especialmente cada vez que la veo".
Como en ella, Aguirresarobe ha practicado esa definición de la atmósfera y del ambiente que potencia una historia, quizá con la ilusión de fabricar ese color azul del mar que contemplaba de niño en las películas de piratas en technicolor.
El director de fotografía eibartarra se inició en el cine con los ikuska de Antxon Eceiza, a cuya memoria está dedicada, precisamente, la 60ª edición del Zinemaldia. El acceso de Aguirresarobe al mundo cinematográfico no fue sencillo. Estudió Óptica, inició estudios de periodismo y, finalmente, ingresó en la Escuela Oficial de Cine donde coincidió con Imanol Uribe. Pero tras terminar sus estudios no pudo trabajar en cine hasta cinco o seis años después. Hizo "un poco de todo" hasta que decidió "romper" con esa vida y regresar a Donostia.
En la capital guipuzcoana organizó una cooperativa con Gonzalo Berridi, Alberto Iglesias y José Ángel Rebolledo, entre otros. Esa cooperativa fue esencial para la realización de La fuga de Segovia, el gran impulso del cine vasco. A principios de los 80, Aguirresarobe se convirtió en el gran fotógrafo del cine vasco, y rodó películas decisivas como La muerte de Mikel o 27 horas.
hollywood Pese a la admiración que despertaron sus intervenciones en Beltenebros, El perro del hortelano o Secretos del corazón, no pocos descubrieron al director eibartarra con su Goya en Los otros y fue Alejandro Amenábar quien propició en buena parte su paso a la esfera internacional por su trabajo en Mar adentro, Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
La puerta de acceso a la siempre difícil industria estadounidense se abrió definitivamente con su labor en Vicky Cristina Barcelona. La atmósfera que imprimió al filme de Woody Allen convenció en el país norteamericano y le ha permitido sumergirse en guiones dispares.
Entre sus proyectos al otro lado del océano figuran el panorama mortecino La carretera, inspirada en la novela homónima de Corman McCarthy y el resplandor romántico de dos de los tres taquillazos de Crepúsculo. En cartelera figura su última colaboración con el carismático Judd Apatow, Eternamente comprometidos, tiene por estrenar el romance zombie Warm Bodies y trabaja otra película de Allen, aún sin título y protagonizada por Cate Blanchett.
En la introducción de En el umbral de la oscuridad, el libro editado por la Filmoteca Vasca y firmado por Jesús Angulo, Carlos F. Heredero y José Luis Rebordinos, definen a este miembro de Jakiunde, admirador del cine francés y de películas estadounidenses como Sed de mal y La noche del cazador como un "avaro con la luz", empeñado en "exprimir la carnalidad y repintar los paisajes, hasta hacerlos casi expresionistas y dotarlos de una presencia física casi tangible", y adicto a la "inmersión" en los dominios del claroscuro.
El profesional eibartarra, explican, dirige "una mirada no conformista sobre la realidad, y es que a Aguirresarobe le cuesta mucho, como él mismo dice, aceptar las apariencias de las cosas, quizá porque sabe que solo el desglose y la recomposición, es decir, la interpretación a fondo de esa realidad, la violentación incluso de esta, permitirá rescatar para la pantalla algún rasgo esencial de su naturaleza, alguna pincelada reveladora de su interior".
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