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Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
josé luis orella unzúe catedrático de historia de la facultad de filosofía y letras de la universidad de deusto

"Durante muchos años nos hemos estado tragando la historiografía oficial"

Este experto en Historia Medieval y en Derecho, y firma habitual en este diario, tiene claro que la conquista de Navarra supuso la pérdida de los derechos que definían la esencia del Reino, por mucho que otros se empeñen en decir lo contrario

ana oliveira lizarribar - Lunes, 17 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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José Luis Orella, en el exterior del Planetario de Pamplona.

José Luis Orella, en el exterior del Planetario de Pamplona. (Mikel Saiz)

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pamplona. Ha participado en las tres ediciones del congreso de Nabarralde, ¿qué aportaciones cree que realizan este tipo de citas?

De entrada han planteado un tema muy espinoso y conflictivo, ya que hasta ahora había toda una dinámica historiográfica que defendía la incorporación voluntaria de Navarra a Castilla, como dicen Jaime Ignacio del Burgo y otros. Y en estos congresos se ha visto claramente que la incorporación fue por imposición de Fernando el Católico, que venía planeándola desde hace mucho tiempo, desde las guerras de Italia y, sobre todo, desde el Concilio de Pisa de 1511-1512.

Y es que la Santa Sede tuvo un papel fundamental, ya que respaldó ese plan.

Fundamentalísimo. Y no solamente en ese momento, sino también en el siglo XIII. Ya en el siglo XVI, la Santa Sede no admitió a los representantes de Navarra en el Concilio de Letran y por lo tanto no les perdonó, como sí hizo con Francia, su participación en el de Pisa. De este modo, daba también la razón a Fernando el Católico en la cláusula principal, que decía que todas las tierras que él conquistara quedarían como feudo de la potencia conquistadora, porque los reyes de Navarra estaban excomulgados.

Todas estas interpretaciones estarán escociendo en algunos ámbitos.

Escuecen porque hasta ahora no había un interlocutor que dijera cosas diferentes. Había unanimidad en los historiadores que escribían sobre la conquista de Navarra e incluso sobre fechas anteriores. Esa manipulación historiográfica nos la hemos ido tragando durante muchos años, así que el hecho de que aparezcan ahora otros que opinan de otra manera al menos les hace ser prudentes en sus afirmaciones. Aunque eso no impide que se cieguen con el tema; no hay más que ver que este verano mismo han organizado cuatro congresos y queda uno más que se celebrará en octubre en Madrid.

En su ponencia de este año, La deconstrucción institucional y política de la Corona de Navarra tras la conquista castellana, deja claro que las cosas no siguieron como antes y se perdieron muchísimos derechos.

Se perdió el pactismo, que es la esencia del Reino. Es decir, existe un doble pacto entre los ciudadanos y el que les gobierna; de modo que mientras estos cuidan de que el reino tenga la economía suficiente, así como la autoridad del rey, este, a su vez, debe defender los derechos innatos de la masa. Y este mutuo pacto lleva, en última instancia, a la plasmación de los fueros, o los derechos que tiene el pueblo para ser regido por el rey. Algunos usan ahora el nombre de Reyno, así, con i griega, con facilidad, cuando un reino debe tener la estructura que le permita una proyección internacional. Y eso no existe, claro.

¿Ese Reyno solo ha sido una marca propagandística?

Claro, solo lo han usado para algunas cosas como bautizar un campo de fútbol. Y no se cuestionan qué significa ser un reino. No les interesa dar ese otro paso porque entonces tendríamos que hablar de la existencia de una confederación de reinos y habría que ponerlo en contraste con el Reino de España. Por eso se deja al Gobierno de Navarra usar la palabra Reyno, pero sin que eso implique nada más. Es puro nominalismo.

Volviendo a esa deconstrucción institucional, ¿estamos viviendo hoy, como en el siglo XVI, un nuevo intento de centralismo, de restar poder a las autonomías para dárselo todo a Madrid?

Sí. En la misma medida en que a España la están desvirtuando a través de las actuaciones de la Unión Europea, quiere tener una concentración de poder pero ve que está muy repartido entre las 17 autonomías. Y, por lo tanto, el Estado quiere que le vayan devolviendo competencias, de modo que haya una única respuesta a los problemas. De hecho, su estrategia es ir creando problemas que las autonomías no puedan resolver y así ellos puedan justificar la centralización del poder. Es el proyecto que Castilla y España han defendido siempre. Han quitado los fueros, han impuesto una lengua y unas leyes a todos y ahora quieren imponer la centralización. Es la misma dinámica que han seguido Castilla y España a lo largo de la historia.

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