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por marco rodrigo - Lunes, 17 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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la Real no jugó bien ayer, pero ganó. Lo consiguió por pura inercia, haciendo valer su mayor variedad de argumentos respecto a un Zaragoza ordenado y trabajador, pero ramplón a más no poder. Así que puede que los de Montanier no enamoraran, pero valoremos la victoria en su justa medida. El equipo cumplió con el expediente en casa como le hemos visto hacerlo tantas y tantas veces a lo largo de su historia. En Atocha y durante los primeros años de Anoeta. Partido trabado. Un gol de córner que aclara el panorama. Sentencia de penalti. Puntos a la buchaca. Y a otra cosa mariposa. Un signo de normalidad.
Claro que, a estas alturas de la temporada, y si de lo que se trata es de dar un pequeño salto de calidad en la tabla, cabe analizar el juego del equipo y, sin ser ni mucho menos alarmistas, citar las cosas que pueden funcionar mejor. Ayer a la Real le costó mucho encarrilar la victoria, víctima sobre todo de los cambios que ha experimentado su centro del campo durante los últimos meses. Aranburu ya no está. Y muchos de los llamados a ser una referencia en la medular durante la presente temporada tampoco figuraban en la media titular ante el Zaragoza.
Montanier insistió con Markel en la posición de 4 cuando quizás lo ideal sería situar en ella a Illarra para que el cambio respecto a Elustondo no sea tan drástico. El del Elgoibar, además, puede jugar de interior, limitándose a tareas defensivas, dejando a otros la tarea de sacar el balón jugado. Y luego está el caso de Zurutuza, que demostró estar todavía falto. En el otro lado, para la ilusión quedan el constante crecimiento de Griezmann y el ilusionante retorno, gol al margen, de un Iñigo Martínez que le otra solidez al equipo. Quizás faltó fútbol, de acuerdo, pero la Real ya tiene seis puntos, tras un partido sin historia. Como en aquellas tardes de Atocha.
Gracias por su comentario
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