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Con el fin de agosto termina también la Quincena Musical. Una edición que ha tenido menos conciertos y una programación más arriesgada, en consonancia con el hilo conductor, la figura de Claude Debussy, pero que ha sabido mantener el nivel de público de otros años
nil ventós corominas - Martes, 4 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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El director de la Quincena Musical, Patrick Alfaya, en una imágen reciente. (Foto: ainara garcia)
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Donostia. El director de la Quincena Musical, Patrick Alfaya (Madrid, 1971), se encuentra "cansado pero con buen espíritu" después de un mes repleto de conciertos, actuaciones y recitales. Con el último espectáculo de la Orquesta de Bamberg resonando aún en los oídos, ha llegado la hora de hacer balance.
Este año ha habido menos conciertos, pero el público parece que se haya mantenido fiel.
Tenemos que ver hasta el último número, pero puede que, porcentualmente, haya habido un mayor nivel de ventas que el año pasado. Y la programación era más difícil, para el público. El último concierto, por ejemplo, que fue un homenaje a Debussy que no es fácil, pero el público ha respondido bien. A mí esto me da mucho ánimo, porque este año hemos hecho una programación más compleja, nos la hemos jugado y el público ha respondido muy bien.
¿El público se ha mantenido fiel?
Mucho. Este año el programa no ha sido muy conservador y la gente ha respondido bastante bien. A la última orquesta, Bamberg, le sorprendió mucho que con un programa como ese tuvieran la sala casi llena. Esto no ocurre en la mayoría de salas de Europa, decían ellos.
¿A los espectadores donostiarras les gusta experimentar?
Hay de todo. En general, hay un público que confía en los programadores. Siempre he dicho que José Antonio Echenique hizo una labor fuera de serie. Y alguna vez que hablas con la gente, te dicen que en Quincena las propuestas no defraudan. La gente ha estado bastante contenta. A mí me han parado por la calle para darme las gracias. Eso es lo que te infunde ánimo.
El director está contento, el público parece que también, ¿qué tal los músicos?
Creo que también se han quedado contentos. La Orquesta de Bamberg quiere volver y las de París y San Petersburgo miran con envidia lo que ha tenido Bamberg, que ha estado cuatro días y ha hecho tres conciertos. Y quieren tener lo mismo para el futuro.
La ópera de este año estaba coproducida por la Quincena Musical y El Escorial.
Nuestro objetivo es seguir por esta línea, porque se ahorra mucho dinero, y parece que hay otros teatros que se animarán en el futuro. Condiciona mucho, porque te quita libertad, pero si hay voluntad se puede encontrar un punto de encuentro.
Ahora parece una actitud necesaria.
Claro, pero es que eso tendría que haber sido así desde el principio. Estamos hablando de costes de decenas de miles de euros y hay que andarse con ojo porque es dinero público.
El Kursaal es el escenario principal, pero ¿cómo se ha vivido el certamen en los otros ciclos?
Muy bien. El ciclo de órgano, como siempre ha tenido una gran afluencia de público. El de música antigua, en tres o cuatro conciertos se ha vendido todo. El de música contemporánea tiene un público muy fiel. Los que hemos hecho en el Victoria Eugenia se han vendido casi todos, pero la mayoría eran en la sala Club, salvo el de Zacharias. Ha habido menos conciertos, pero el público ha estado en muy buen nivel.
¿Se ha conseguido transmitir la modernidad de Debussy?
Creo que sí. A algunos les seguirá sin gustar, pero a otros les interesará más ahora. No es un compositor fácil y, sobre todo, es difícil de tocar para las orquestas. Se hace poco porque muchos directores no quieren, porque se necesitan muchos ensayos e intérpretes buenos. Pero creo que a la gente le ha llegado ese espíritu de Debussy.
También se ha homenajeado a Escudero.
Y con mucho éxito. Este año, además, ha habido muchos intérpretes vascos. Tres programas con el Orfeón, y los coros Andra Mari, Easo, Orfei Txiki y Landarbarso. Incluso en La Flauta mágica hubo presencia vasca.
Gracias por su comentario
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