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la real volvió a perder y a ofrecer una mala imagen en mallorca, al ser superada claramente por un equipo que no tiene mucho más nivel
mikel recalde - Domingo, 2 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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Arostegi, Mikel González y Markel se lamentan tras encajar el gol de Víctor Casadesús, que dio la victoria al Mallorca. (miquel borrás/as)
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La Real volvió a perder en Mallorca. Lo hizo ofreciendo una imagen mucho más cercana a la ridícula del 6-1 de Copa, que a la del injusto 2-1 de Liga, lo cual no puede hacer otra cosa que desesperarnos. El equipo realista vuelve a ser Cenicienta cuando se presenta a jugar en las Islas, y pierde todos los privilegios de los que goza antes de la medianoche bajo el influjo de Anoeta.
Para esta temporada los de Montanier se han marcado como objetivo mejorar en los partidos a domicilio, al considerar que es en este apartado donde se encuentran los puntos que le privaron de aspirar a cotas más altas la pasada campaña. Pero no lo va a tener fácil. Quién más o quien menos se había imaginado durante la semana una situación muy distinta a la que se vivió a lo largo de otros 90 minutos para olvidar. Ya lo avisó Bravo: "La temporada pasada también nos sentimos mejores que varios rivales contra los que íbamos a jugar y después perdimos".
La derrota fue de las que escuecen. Los realistas fueron nítidamente superados por un adversario que no tiene el nivel de su plantilla para esta temporada. O mejor dicho, el nivel que pensamos la gran mayoría que atesora, porque todavía están obligados a demostrarlo y confirmarlo.
Montanier pareció desmelenarse en Mallorca. El técnico decidió contentar a las voces críticas por el papel secundario que reserva a Pardo, al alinearle por primera vez y sin que sirva de precedente, junto a Illarramendi. La nota negativa en las alineaciones fue la suplencia de un Griezmann que arrastra unas pequeñas molestias. Como era de esperar, la ausencia del galo no tardó en notarse, al encontrarse a un nivel muy superior al resto de sus compañeros. Sin él, el ataque de la Real perdió el brillo que alcanzó por momentos frente al Celta.
Los partidos en el Iberostar Estadi nunca son normales. El aspecto desangelado de sus gradas parece contagiar al fútbol de sus encuentros, que siempre se desarrollan a un ritmo anestesiado. Por si fuera poco, el Mallorca ha sucumbido pronto a las directrices de su técnico, que no duda en plantear los partidos al fallo. En la isla los choques avanzan casi siempre sin ningún dueño claro y cuando el visitante baja un poco la guardia al pensar que tiene la situación controlada, es decir al sexto bostezo por aburrimiento, llega el gol de los locales, que te suele condenar a un nuevo escenario mucho más comprometido. Este se traduce en que el foráneo está obligado a asumir riesgos y el Mallorca del técnico utrerano se siente como pez en el agua al tener espacios para correr mortíferos contragolpes.
La Real comenzó bien el encuentro. Los blanquiazules se mostraron a la altura de la ambiciosa alineación de su técnico y, cuando no se habían cumplido los dos minutos, Agirretxe había desperdiciado una clara ocasión al saque de una falta de Vela. El remate del de Usurbil, a escasos dos metros de la portería, se marchó muy desviado al equivocarse y rematar con la derecha, cuando era un balón claro para intentar anotar con la zurda. Desgraciadamente el buen arranque se quedó en nada, porque fue la única opción que tuvo antes del descanso. El ilusionante y talentoso centro del campo txuri-urdin no logró sentirse nunca cómodo al ser incapaz de adueñarse de la posesión. Cuando sus jugadores más ofensivos entraban en juego, se recreaban demasiado al no encontrar huecos, y frente un adversario caparronizado tienes que acabar rápido las jugadas, porque si no te quedas sin opción para disparar.
La presión del Mallorca obligaba a sus jugadores más creativos a jugar rápido, lo que les conducía a cometer precipitaciones e imprecisiones. Al menos esta vez no repitieron los mismos errores de la pasada campaña en la Isla y, pese a no lograr hilvanar su fútbol, no se descompusieron en ningún momento antes del descanso. Los locales fueron claramente de menos a más a lo largo de la primera mitad, pero tampoco lograron pillar desprevenidos a la Real, por lo que apenas generaron ocasiones de mucho peligro. La más clara fue un cabezazo de Conceiçao a saque de un córner que detuvo con apuros Bravo. Eso sí, al entreacto se llegó con la sensación de que había bastante más rojo en el campo que txuri-urdin y de que la campana había evitado la previsible llegada del gol insular.
Pero nada se solucionó en los quince minutos en vestuarios. El equipo saltó al campo con la misma cara de perdedor y con una actitud desesperante. Sus jugadores parecían sedados o anestesiados por el brujo Caparrós. Salvo dos nuevos avisos de Agirretxe en una vaselina desde 50 metros y en una buen chut con la zurda a la media vuelta, el Mallorca comenzó a acercarse con peligro a los aledaños de Bravo al arrebatar el balón con insultante facilidad a la medular blanquiazul. Illarramendi y Pardo no la olían y Xabi Prieto y Vela estaban desenchufados del choque y se veían obligados a retrasar mucho su posición para entrar en contacto con el balón. Después de cinco avisos, en los que Bravo se mostró seguro, pese a no hacer intervenciones de demasiado mérito, y sin que su entrenador introdujera un cambio para intentar revertir la crónica de una muerte anunciada, un centro de Javi Márquez lo cabeceó a la red Víctor que se adelantó a De la Bella. El ex realista anotó de bonito remate en plancha, pero todo el equipo realista estaba fatal colocado.
Lo peor de todo es que, como suele ser habitual con este equipo, tras encajar el gol se lanzó al ataque y con muy poco y en un breve espacio de tiempo, fue capaz de disfrutar de tres ocasiones claras para igualar. Primero fue Prieto que no marcó con Aouate superado al salvar su disparo Antonio López; después fue Griezmann quien tuvo un disparo en posición inmejorable y lo envió a las nubes; y, por último, una falta de Ifrán se marchó lamiendo la escuadra. Fue una pena porque en Zubieta suele clavar casi todas de ese tipo.
En definitiva, la Real volvió a perder en Mallorca confirmando que lo sucedido la pasada campaña no fue casualidad. Lo hizo además sin mostrar ni el más mínimo signo de extramotivación por el humillante 6-1 que permanece en la retina de la mayoría de sus seguidores. Una pena que este equipo a veces parezca insensible ante situaciones de este tipo, porque actuaciones como las de ayer pinchan el globo de la ilusión y provocan unas dudas que no se corresponden con las altas aspiraciones que han generado con este proyecto. La vida sigue igual de penosa lejos de Anoeta.
Gracias por su comentario
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