Publicidad
[Entrar | Registrarse]
A la espera de que lleguen las precipitaciones, la falta de lluvia causa estragos en las huertas de Gipuzkoa
Sábado, 25 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 05:24h
votos
comentarios
Huerta de la Casa de Aránzazu de Martutene, con el terreno totalmente seco y sin apenas hierba. (iker azurmendi)
Vista:
DONOSTIA. La persistente sequía que padece Gipuzkoa desde hace varios meses se está haciendo notar en las huertas del territorio, que en algunos casos puede llegar a devastar casi la mitad de la cosecha que tenían prevista para el próximo año. La lluvia se está haciendo de rogar, hasta el punto de que es necesaria una efectiva tromba de agua para paliar las cuantiosas pérdidas que está causando. Hacía años que no se vivía una sequía de tal magnitud en Gipuzkoa. Praderas que cambian su extensa melena verdosa por un cabello rasurado y de color ocre, que en ocasiones llega a rozar un tono anaranjado, pálido y seco. Productos con un tamaño más reducido de lo habitual y que son retirados antes de tiempo por el importante deterioro que presentan, lo que hace prácticamente imposible su venta en el mercado. El sector agrario muestra una imagen tan agostada que la amenaza hacia la cosecha de frutas y verduras se está extendiendo cada vez con más intensidad. No obstante, parece que la situación puede revertirse en pocas horas, ya que a partir de hoy los mercurios descenderán y es posible que caigan chubascos débiles. DAÑOS IRREPARABLES La mitad de la cosecha 'al garete' Lourdes Irizar, propietaria de la floristería Lizardi de Astigarraga, y que cuenta con una espaciosa huerta en el exterior de su caserío, afirma que la falta de agua está perjudicando seriamente la producción. "A este paso nos veremos obligados a desechar el 50% de la cosecha. Si antes recogíamos 80 kilos, puede que esta temporada se reduzca a la mitad. Es una pena, pero no hay nada que hacer, sino esperar y confiar en que llueva lo antes posible", relata desolada. A pesar de tener regaderas, es muy complicado abastecer agua a la totalidad de la huerta de Irizar, en la que crecen acelgas, calabacines, lechugas, vainas, patatas y unos manzanos. "Ahora mismo, las manzanas deberían estar en su esplendor, pero están comenzando a caerse por el fuerte calor que hemos tenido", lamenta. Sin embargo, Lourdes mantiene la esperanza de poder recuperar lo perdido. "Aún existe un diminuto margen para aliviar el dolor, ya que si llueve alguno de estos días será posible salvar la cosecha", subraya. Además, cree ser una afortunada por la zona en la que está emplazada su huerta: un lugar poco montañoso y llano. "Me temo que los que tienen la huerta en pleno declive lo estarán pasando mucho peor", opina. Ese es el caso de la sidrería Gar-tziategi de Martutene, regentada por Bittor Lizeaga y su familia, que tiene cerca de 1.000 manzanos en una superficie ascendente de una hectárea y media. Los episodios de lluvia de la presente época estival se concentraron hace ya tres semanas, pero las cantidades fueron tan escasas que el agua se evaporó demasiado rápido, dejando sin suministro a los manzanales. De todos modos, lo que más preocupa a Bittor es el calor que ha hecho este verano, ya que eso ha propiciado la caída prematura de las manzanas. "Las altas temperaturas han secado la tierra, los frutos comienzan a sudar y se desploman al suelo. Todas esas manzanas ya no sirven para hacer sidra", comenta. CONSECUENCIAS EN LOS MANZANOS Reducir el calibre del fruto La sequía y especialmente el fuerte calor hacen que se reduzca el calibre del fruto. "Las manzanas hay que recogerlas cuando maduran y si sigue sin llover, la cantidad será la misma pero el tamaño será bastante más pequeño", explica. A falta de cifras definitivas, Bittor pronostica una cosecha por debajo de los rendimientos normales. Pero todavía es prudente, ya que hasta finales de septiembre, fecha en la que comienzan a hacer la sidra, aún queda tiempo. "Aprovecharemos todo lo que se pueda y si no es suficiente con las manzanas autóctonas, nos veremos obligados a recurrir al exterior para traer frutos en óptimo estado", anota. Por su parte, Joxe Mari Odriozola, agricultor de Astigarraga que tiene su huerta al lado de la Casa Aránzazu de Martutene, se muestra apenado por el impacto que la sequía ha tenido en sus verduras. "Es la más fuerte que he vivido nunca. Las vainas, los tomates, las lechugas, las calabazas, las alubias... Todo se ha ido al garete", lamenta. Tal y como declara Joxe Mari, hasta que el agua haga acto de presencia va a ser imposible hacer frente a tal desperfecto. "Hacer uso de agua externa no es rentable. Los rayos de sol la absorben nada más verterla. En cambio, cuando llueve, después del chaparrón viene la sombra y eso hace que los cultivos puedan hidratarse", aclara. En ese sentido, los agricultores deberán apañarse con los cultivos que se salven e incluso adelantar el mes de recogida para evitar su estropicio. "Lo que muchos tenían pensado comer en invierno, quizá deban hacerlo ahora", remata.
La otra cara de la sequía
Los hay quienes han visto en la falta de agua una manera de sacar partido a su cosecha. Es el caso de Peio Almandoz, agricultor de Martutene que tiene su huerta a orillas del río Urumea. ¿Cómo afecta la sequía a su producción? "Las inundaciones nos perjudican, pero la sequía de lluvia nos ayuda", responde de forma contundente. Desde su punto de vista, en esto de la agricultura siempre hay un beneficiado y un damnificado. "Gozamos de un lugar privilegiado, totalmente liso y húmedo. Al estar en la vega del río, las tierras son muy profundas y eso nos diferencia de los demás agricultores. En otros sitios la cosecha es peor, por tanto aprovechamos el momento para vender más que nunca en el mercado", remarca. En esta época en la que la escasez de precipitaciones está causando estragos por todos los rincones, el de Martutene asegura que prefiere que la meteorología continúe en la misma línea. "Las abundantes lluvias nunca han sido a gusto de todos y ahora, mientras los demás agricultores no tienen cultivos, nosotros poseemos muy buenos productos y la competencia es menor". Aún así, Peio reconoce que es un trabajo muy rotativo y que con la llegada de la sequía se multiplica de una manera terrible, aunque el provecho va "en proporción" y "es merecido".
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad