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Un Gobierno en el alambre

López cierra un mandato marcado por las críticas contra su "inacción" ante la crisis

La oposición ha censurado su ausencia en momentos clave como el 'blindaje' del Concierto o el cese de ETA

Míriam Vázquez - Miércoles, 22 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 05:24h

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El lehendakari, Patxi López, el pasado 20 de octubre, cuando viajaba en tren en EEUU pese a que se preveía el comunicado del cese definitivo de la violencia de ETA.

El lehendakari, Patxi López, el pasado 20 de octubre, cuando viajaba en tren en EEUU pese a que se preveía el comunicado del cese definitivo de la violencia de ETA. (Foto: Irekia)

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Donostia. Que López haya decidido poner fin a la legislatura no ha tomado por sorpresa a la oposición. Todos habían cargado contra un gabinete al que veían agotado, débil, sin argumentos y en campaña. Unas críticas que el PSE no ha tenido que afrontar exclusivamente en el último tramo de su mandato, sino que pasaron a convertirse en un mensaje recurrente desde que accediera a Ajuria Enea, aunque el PP no se sumó a ellas hasta su ruptura. En este sentido, el socialismo arrojó ayer la toalla tras haber comandado la CAV durante tres años sin ser la lista más votada -el PNV le superó por 80.000 sufragios- y desde un gobierno en minoría, conformado por un PSE que solo contaba con un tercio del Parlamento.

Se aseguró la mayoría absoluta con el apoyo externo del PP tras negar el pacto en campaña, y alumbró el primer Gobierno Vasco constitucionalista tras la dictadura, propiciado por una ilegalización de la izquierda abertzale que desfiguró el reparto de fuerzas y posibilitó el desalojo del PNV. Pronto comenzó a quedar patente en las encuestas el desapego de los ciudadanos hacia un Ejecutivo que no representaba a la mayoría social: el primer Euskobarómetro apuntaba que un 65% desconfiaba de Lakua. Lejos de replantear su acción, el PSE se limitó a enfocar el desajuste como un problema de comunicación, y optó por reestructurar su equipo de asesores.

Firmar ese acuerdo de bases con el PP tras los comicios del 1 de marzo de 2009 le obligó a renunciar a promesas como la reforma estatutaria. Precisamente en materia de autogobierno, y a pesar de que tuvo ocasión de negociar desde una posición privilegiada como compañero de filas socialistas del Ejecutivo de Zapatero, fue el PNV quien pactó con el PSOE el traspaso de las competencias pendientes. Un incumplimiento más en una abultada lista de proyectos que han quedado en el cajón de López: dejará la makila sin haber aprobado normas insignes como la Ley Municipal, la de Vivienda o la de Policía, contempladas en su calendario legislativo. La oposición ha seguido de cerca sus movimientos, y le ha exigido en más de una ocasión que presentara en el Parlamento su programa de gobierno como exige la ley. López lo haría público en enero de 2010, pero ante los cargos de su partido. Después lo hizo en el legislativo, a petición de PNV y Aralar.

Un saldo al que se suman las acusaciones sobre su "inacción" ante la crisis -uno de cada cinco nuevos parados es vasco y la deuda se ha multiplicado por ocho-, y sus controvertidas ausencias en momentos clave. Se encontraba de boda en Cádiz mientras el Congreso votaba el blindaje del Concierto, el cese de ETA le sorprendió en Estados Unidos, y se enganchó a la gestión del secuestro del Alakrana en sus últimos compases, no sin cierta polémica. Tras haber desaparecido de las concentraciones de apoyo, distintas informaciones apuntaron a que habría pedido a Madrid que trajera al Estado a los dos piratas detenidos, lo que no hizo sino tensar la negociación.

El recorrido del Ejecutivo comenzó el 7 de mayo de 2009, cuando el lehendakari tomó posesión bajo el Árbol de Gernika. Lo hizo dos días después de una sesión de investidura en la que recabó los votos del PP, de los que tanto había renegado. "He dicho una y mil veces que no vamos a buscar acuerdos con un PP que solo sabe hacer en Euskadi antinacionalismo y antisocialismo", había prometido el 23 de febrero.

Cambió de idea en la noche electoral, y ni los contactos con el PNV sirvieron para que cambiara de opinión. Rechazó formar un Ejecutivo fuerte con los jeltzales y, según Sabin Etxea, habría dejado claro que sus reticencias no se debían a que Juan José Ibarretxe fuera a convertirse en lehendakari. No era cuestión de nombres. Según los jeltzales, el PSE rechazaba de plano que el PNV volviera a Lakua.

críticas en gestión Desde entonces, y a pesar de haber hecho campaña en contra de las "obsesiones identitarias" y a favor de la gestión de los "problemas reales", López se centró en la política de símbolos. Envió representación al desfile militar español del 12 de octubre e instauró el Día de Euskadi en contra del tradicional Aberri Eguna y con el apoyo de PP y UPyD. Los populares pasaron a convertirse en sus únicos interlocutores válidos, y sus relaciones con otras formaciones e instituciones no tardaron en deteriorarse, a pesar de su apelación a la transversalidad. La primera negociación presupuestaria sirvió de antesala: Lakua obvió las mil enmiendas presentadas por la oposición.

Más tensas han sido sus relaciones con el PNV, salvando el paréntesis del pacto por la estabilidad propuesto por Sabin Etxea. La última reunión entre López e Iñigo Urkullu tuvo lugar en octubre, tras el cese definitivo de ETA. Más tarde mantuvieron algún contacto telefónico y, después de que el PSE le pidiera ayuda, el jeltzale se abrió a colaborar con el Gobierno para gestionar sus eventuales problemas de tesorería. La comparecencia de Idoia Mendia, que cargó contra la mano tendida del PNV, terminó dinamitando cualquier posibilidad de acuerdo.

EL PSE Y LA JUSTICIA Además, el PSE ha aireado las supuestas prácticas irregulares de los anteriores ejecutivos, como el caso Margüello, referido a las contrataciones presuntamente irregulares en sanidad. Parte del expediente ha sido archivado ya por los tribunales, al igual que el caso Ibermática, esgrimido por el PSE contra el exconsejero de justicia Joseba Azkarraga.

En cuanto a los casos que tocarían al socialismo y, en concreto, en cuanto a la muerte de Iñigo Cabacas a consecuencia de un pelotazo de la Er-tzaintza, el Ararteko y la abogada Jone Goirizelaia han acusado a Interior de no facilitar la información requerida. Rodolfo Ares se ha zafado de cualquier insinuación de oscurantismo asegurando que ya colabora con la justicia.

Tampoco las relaciones interinstucionales han sido una balsa de aceite. El PSE se enzarzó con Eudel cuando estaba presidida por Jokin Bildarratz, y acusó a las diputaciones de ejercer de "contrapoder" mientras estaban gestionadas por el PNV. Además, encargó un informe sobre duplicidades que endosaba la mayoría a las diputaciones, a pesar de que los entes forales denunciaran no haber sido consultados.

En cuanto a la relación con el PP, las propuestas de López frente a Rajoy, ya en La Moncloa, o la ponencia de paz acabaron por mover al PP a romper el pacto el 7 de mayo. El PSE se quedaba así sin apoyos.

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