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el donostiarra javier goñi sufre la plaga de avispas y medita abandonar la producción mielera
a.a. - Miércoles, 8 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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(I. Azurmendi)
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Donostia. Este verano y el anterior, Javier Goñi dedica unas cuatro horas al día a una actividad que poco tiene que ver con un hobby. Este donostiarra residente en un caserón situado en las faldas de Ulia está al acecho de las avispas asesinas para atraparlas en las proximidades del colmenar con un cazamariposas y acabar con ellas. No se le escapa ninguna.
Cada una de ellas pasa a engrosar su contabilidad en una libreta dispuesta a tal fin. Entre junio y agosto del pasado año, Goñi mató 2.480 ejemplares, haciendo gala de una paciencia monacal. Fue insuficiente. "No me sirvió para nada porque tenía ocho colmenas y me quedó solo una. Me las ventilaron. Me cargué el verano con un trabajo para nada", relata este apicultor, cuya producción la reparte entre familiares y amigos.
La última colmena con vida también desapareció debido a la diezmada y debilitada población que habitaba en su interior. La fulminante desaparición de sus abejas le provocó la duda: ¿Continuar o no con esa afición? Un amigo dedicado a retirar enjambres de calles y jardines colaboró para que no arrojase la toalla. Poco a poco, le traspasó algunas colonias atrapadas para que las criase. "Ese gusanillo por esta afición se mantenía y, al final, me junté con seis cajas de abejas -cada una contiene alrededor de 8.000 individuos, frente a los 40.000 que alberga una colmena-", describe este apicultor.
Con ilusión, Goñi distribuyó los enjambres en un terreno cercano a su residencia y retomó la actividad. Llegada la primavera, la temible Vespa Velutina no existía. Goñi respiró aliviado. Y llegó junio. "Primero vi una, y luego otra, y otra... Al principio eran ejemplares adultos, luego crías, y eso era mala señal: el nido estaba cerca", manifiesta este donostiarra.
La búsqueda de sus refugios resulta frustrante, como ya comprobó el año pasado, dado que el denso follaje dificulta la detección de las guaridas de las avispas asesinas. "Me decía que en los alrededores debía haber nidos y nidos. Pero no veía ninguno. Tenía el cuello torcido de tanto mirar. Esta es una zona salvaje y es complicado detectarlos", observa resignado este hombre.
Esta temporada también ha optado por mantenerse apostado junto a las celdas de las abejas, xalabardo en mano, a la espera del enemigo. Su libreta contable describe la situación. En julio atrapó 209 avispas, para lo que dedicó 47 horas, es decir, a razón de 4,3 ejemplares cazados por hora. Entre el 1 y el 6 de agosto han caído en la red 89. Y esta cifra es preocupante porque en el mismo periodo del año pasado Goñi envolvió con su cazamariposas 21. Es decir, se han cuadruplicado. "Estoy desilusionado. Me encuentro en un cara o cruz. Tengo idea de dejarlo y olvidarme de esto", reconoce.
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