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tenis

Murray, por fin

El escocés priva a Federer del añorado oro olímpico y alcanza su mayor gesta al erigirse en el primer británico en reinar sobre el verde de Wimbledon desde 1936

igor santamaría - Lunes, 6 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 05:24h

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Andy Murray salta de felicidad tras concretarse su incontestable victoria sobre Roger Federer.

Andy Murray salta de felicidad tras concretarse su incontestable victoria sobre Roger Federer. (Foto: efe)

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Duración: 1 hora y 56 minutos.

65% Primer servicio 51%

96% Segundo servicio 98%

9 Puntos directos de saque 5

1 Dobles faltas 1

31 Errores no forzados 17

65% Puntos ganados primer servicio 80%

37% Puntos ganados segundo servicio 63%

24 Puntos ganadores 27

0/9 Roturas conseguidas 5/10

18/33 Puntos en la red 9/12

202 Servicio más rápido (Km/h) 218

68 Puntos totales 97

donostia. El olimpismo no entiende de liturgias cuando el reto sobre la pista es doble. Los Juegos ofrecieron un mes después la posibilidad de un reencuentro en la pista central de Wimbledon y, a la postre, el duelo sirvió de revancha para Andy Murray, que, al fin, se agigantó en un evento similar a un Grand Slam para erigirse en el primer británico en elevarse a los altares en la hierba londinense desde que Fred Perry lo hiciera en 1936. Una gesta que impidió otra: la que faltaba en el prolijo palmarés de Sir Roger Federer -siete veces ganador en ese mismo escenario-, el oro olímpico que siempre se le ha negado y que, como la Copa Davis, tiene complicado poder olisquear en una nueva ocasión.

Saltó el escocés con esa máxima convicción que ha echado de menos a lo largo de su carrera, en la que sumaba cuatro derrotas en otras tantas finales de majors, deleitando con una exhibición de bolas cruzadas y una agresividad desbordante que le impidió al de Basilea entrar de lleno en el envite. Un dato lo corrobora: casi una hora se pasó el número uno del mundo -que hizo gala de la maldición que persigue al líder de la clasificación cuando encara una cita olímpica- sin anotar un solo juego entre el primer y el segundo set, un hecho insólito en su veterana trayectoria. Y es que Andy emprendió su vuelo hacia la cima ejerciendo una tremenda presión. Con 2-3 a su favor y tras malograr dos bolas de rotura, pudo quebrarle el servicio al helvético para tomar el mando del encuentro y no soltarlo más pese a los resquicios que dejaba con el primer saque. Extrañamente, como ante Del Potro, Federer iba acumulando fallos con el revés y la volea, subiendo con frecuencia a destiempo y estrellando más pelotas de lo habitual en la red. No se había cumplido la media hora cuando Murray no desaprovechó la bola de set con un revés paralelo que puso en pie a la hinchada fervorosa, esa que más de una vez le negó el cariño por ese acento impropio en casa de la Reina pero que, con Guillermo y Catalina como anfitriones, ha terminado por venerarle.

Consistente y fiero Lejos de conformarse, su consistencia se fue ensanchando por cada recodo de la pista, con sobresaliente movilidad en el fondo y determinación para impedir que Federer, de algún modo, se metiera en la pomada. De ello se percató el marido de Mirka, siempre expectante ella, hasta el extremo de que regaló otra vez el servicio nada más emprender la aventura de la segunda manga. Otro traspiés imposible de remontar. La clave se situó en el tercer juego, con Murray rematando la faena mientras Roger tiraba por la borda todas sus ocasiones: ni una bola de rotura supo certificar para prolongar la película. A punto de recibir un rosco que maquilló, trató de desquitarse con un juego en blanco al inicio de la tercera manga, pero Andy no tenía gana de supurar por herida alguna en la mayor tarde de su vida tenística.

A nadie se le escapa que a las órdenes de Ivan Lendl, el escocés ha mejorado el servicio, además de en autosuperación y concentración. Judy, su madre, que le recibió con un sentido abrazo, reconoce que es un alivio ver jugar ahora a su hijo sin maldecirse constantemente a sí mismo. En su zurrón hay 8 Másters 1.000 y 22 títulos individuales pero su historia es la de un tenista que nació en el instante equivocado, castigado por el absolutismo impuesto por los Federer, Nadal y Djokovic, lo que no tapa que Murray sea un tenista descomunal que tiene la virtud de jugar muy bien y de provocar que se le tuerzan las cosas a su enemigo. Pero le faltaba liberarse, demostrar ante su gente que su talento puede triunfar en las jornadas cruciales. Todavía le falta ese grande pero sacará a relucir este oro para tratar de mitigar el maleficio. ¿Y el de Federer? En Río... ¡Quién sabe!

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