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Casi diez meses después, el joven holandés que se ahogó en la zurriola sigue desaparecido
a.u.s. - Domingo, 5 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 05:24h
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Amigos de Job Johannes Lips, el joven de 18 años que desapareció el 17 de octubre de 2011 en la Zurriola, durante aquella tarde observando las labores de búsqueda. (javi colmenero)
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HAN pasado ya casi diez meses desde ese aciago día en el que Job Johannes Lips, un joven holandés de 18 años, desapareció en las aguas del mar Cantábrico. Ocurrió el 17 de octubre de 2011, sobre las 14.40 horas. En ese momento, Lips, que había llegado a Donostia en una competición entre universitarios que consiste en viajar a distintas ciudades en autoestop, decidió darse un baño junto con otros tres amigos en la playa de la Zurriola.
Apenas tuvieron tiempo para reaccionar ante la fuerte corriente que los arrastraba desde el centro del arenal hacia el espigón. Dos de sus amigos consiguieron salir por su propio pie; un tercero fue rescatado por un surfista; Lips, sin embargo, no tuvo tanta suerte. Casi diez meses después, su cuerpo, a día de hoy, sigue desaparecido a pesar de los esfuerzos que, en su momento, se hicieron por encontrarlo. Pedro Anitua, director de Emergencias y Meteorología del Gobierno Vasco, recuerda aquel importante dispositivo formado por "helicópteros, lanchas y personas desplegadas en tierra" que trataron, en vano, de localizar al malogrado universitario.
NOTICIAS DE GIPUZKOA ha tomado como base este caso abierto para profundizar sobre los protocolos de actuación que se siguen por los equipos de emergencia cuando la mar impone su fuerza. Ante una situación de estas características, resulta "fundamental", resalta Anitua, "conocer el lugar y la hora donde ha desaparecido". No es lo mismo que se trate de una persona que ha salido de su casa y no ha vuelto, "porque entonces el dispositivo hay que distribuirlo en una zona más amplia para abarcar varios kilómetros de la costa", que un bañista que ha sido visto por testigos en el lugar y en el momento de la desaparición. "El protocolo es diferente. Si es algo concreto, la movilización es mucho más rápida y todos los medios se vuelcan para intentar rescatar a esa persona viva en la medida de lo posible. Hay que darse mucha prisa para buscarla", explica.
Así fue en el caso de Lips. Motos acuáticas, lanchas, buceadores y helicópteros se movilizaron en el dispositivo de búsqueda que estuvo coordinado por uno de los dos técnicos de intervención que mantiene de guardia cada día la Dirección de Emergencias.
El plazo de tiempo en el que se establece la posibilidad de encontrar a la persona desaparecida con vida varía según el caso. "Si alguien ha salido a nadar, prácticamente a las seis horas se descarta la posibilidad de encontrarlo con vida", señala el director de Emergencias, aunque matiza: "Hablamos de seis horas de forma orientativa".
Y es que el límite puede ser mayor o menor en función de múltiples variables. Por ejemplo, si esa persona lleva puesta un traje de neopreno, chaleco salvavidas, tiene una tabla de surf o una colchoneta a la que agarrarse, su probabilidad de sobrevivir durante más horas se incrementa. "Tampoco es lo mismo tener una temperatura de 12 grados que de 20. Con el agua a 12 grados nadie aguanta seis horas sin tener un traje de neopreno", comenta al respecto Anitua.
Lo que está claro es que en las primeras horas los servicios se centran en la vida. Si ocurre como en el caso de Lips, que se conocía el lugar y la hora de la desaparición, durante esos primeros momentos, y con la ayuda de Azti-Tecnalia y Euskalmet, se estudia "cuáles son las derivas de las corrientes, la dirección y velocidad del viento y hacia dónde se ha podido trasladar esa persona" para centrar la búsqueda en esa zona. También hay que tener en cuenta si el desaparecido se encuentra en la superficie o, por el contrario, un testigo le ha visto sumergirse. "Si está en superficie va a tener un determinado movimiento diferente a si se encuentra a 10, 15 o 20 metros de profundidad. Ahí aumenta la dificultad, porque no es visible, con lo cual los helicópteros no sirven", reflexiona el experto en Emergencias.
minuto tras minuto
De las 72 horas a una semana
Una vez se descarta que pueda encontrarse con vida, hasta que se cumplan 72 horas desde la desaparición se realiza una búsqueda intensa para encontrar el cadáver. Se determinan posibles zonas de búsquedas según las corrientes y se reparten entre los grupos de embarcaciones. Si la persona ha desaparecido por la mañana y no se ha encontrado durante ese día, llegada la noche la búsqueda se pospone hasta el día siguiente. Si en cambio el suceso ha tenido lugar a última hora, el dispositivo se mantiene en el horario nocturno "con medios aéreos que puedan volar por la noche y con embarcaciones dotadas de focos".
Superado el límite de 72 horas, como explica Anitua, "el dispositivo no es tanto de rastreo permanente, sino de avistamiento". Todos los días se baten las zonas en las que es más probable que se pueda hallar el cuerpo y se alerta a las playas y zonas de costa. Sin embargo, las posibilidades se reducen. "En esas 72 horas el cuerpo se ha podido mover mucho y, además, al ampliarse tanto la zona de búsqueda cada vez es menor la probabilidad de encontrarlo", señala. Como indica el director de Emergencias, "el rescate de un cadáver en el mar es muy complicado". "Se suele decir que el mar devuelve todo lo que no es suyo", apostilla, pero no siempre es así.
En general, los cuerpos que desaparecen en el mar se hunden durante los primeros momentos. Conforme pasan los días, el proceso de descomposición, que se acelera según la temperatura del agua, provoca que el cuerpo ascienda. Sin embargo, a veces ocurre que el cadáver se haya quedado atrapado entre rocas, o en una red a cierta profundidad, por lo que resulta difícil que las corrientes lo devuelvan a la playa.
Pese a todo, Anitua asevera que, en este oficio, "nunca se abandona", sino que "se ajustan los dispositivos de búsqueda a las probabilidades". El trabajo de campo, no obstante, no se suele prolongar más allá de una semana desde la desaparición.
Aunque este año solo ha habido un caso de fallecimiento en el mar ocurrido el pasado lunes, cuando un donostiarra de 69 años moría como consecuencia de sufrir una parada cardiorespiratoria mientras nadaba en la Bahía de La Concha, en la zona de Ondarreta, el año pasado los fallecidos en aguas guipuzcoanas fueron cinco, cuatro de ellos extranjeros. "El respeto al mar es importante. La gente que es de la costa tiene respeto al Cantábrico, mientras que alguien que viene de fuera puede no conocer que se trata de un mar complicado y bañarse en zonas alejadas o no vigiladas", manifiesta Pedro Anitua. No obstante, los consejos son los mismos para todos. "Siempre hay que hacer caso de lo que dicen los socorristas, bañarse en la zona de bandera, nunca solo y si se hace avisar, procurar no perder pie y no lanzarse al agua desde alturas, porque podemos encontrarnos una roca o, si nos tiramos de cabeza, tener una mala entrada", advierte el director de Emergencias del Gobierno Vasco, que añade: "Hay playas que son más complicadas por su propia configuración, pero el peligro va a depender del estado de la mar".
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