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La bajada de celedón da inicio a unas fiestas de vitoria 'bajo el paraguas' de green capital
vitoria, j.sanz/a.burdain - Domingo, 5 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 05:24h
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Celedón, ayer, en su descenso en la plaza de la Virgen Blanca. (efe)
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EL termómetro no marcaba ni frío ni calor. Pero la plaza de la Virgen Blanca de Vitoria ardía. Y todavía faltaba media hora para el inicio oficial de la fiesta, cuando el pum rompe el cielo y el Celedón muñeco baja desde la iglesia de San Miguel para conquistar la carne y los huesos de Gorka Ortiz de Urbina. ¿Huecos a la izquierda? No. ¿A la derecha? Difícil. ¿Delante? Para los atrevidos. Las cuadrillas se agolpaban como carretes de hilo en un costurero, apretadas y multicolores. Por primera vez en mucho tiempo, no todo fue una mancha naranja Euskaltel. La llamada del Ayuntamiento a lucir green surtió efecto, en sombreros y, sobre todo, camisetas. Tal vez, más de lo que cabía esperar.
Verde claro, verde oscuro... Verde mojado. Y cánticos, muchos y altos. La cogorza tempranera se desparramaba por los cuellos de las botellas de cava desde la Virgen Blanca hasta General Loma, ajena al pistoletazo oficial de las fiestas. Hasta que la manilla más larga del reloj de la torre comenzó a rozar peligrosamente el 12. Las melodías desenfadadas aumentaron de volumen y adquirieron un tono expectante. Solo faltaba un minuto, treinta segundos, quince... ¡Explosión! Estalló la alegría en la plaza, si es que no lo había hecho ya antes, mientras los cuatro responsables de prender la mecha tomaban aire, con las pupilas dilatadas y el corazón como un tambor. Joseba Aginagalde, Mailu Lasarte, Katixa Agirre e Iñaki Tena, euskaltzales de pro, se lo estaban pasando pipa en la zona más privilegiada de la balconada.
Entonces asomó Celedón en la torre y el ruido se hizo ensordecedor, a sintonía con la música festiva. Unos cuatro minutos tardó en bajar por el cable. Lo hizo de estreno, con un nuevo busto, a imagen y semejanza de su alter ego humano, y paraguas verde. Terminado su periplo, empezó el de Gorka. Tachán, también con paraguas verde, aunque un día antes el alcalde había dicho que el azul se mantendría hasta llegar a la balconada. En fin, es Green Capital y no conviene enzarzarse en polémicas. Como siempre, el aldeano de Zalduondo sudó la blusa, abriéndose paso a través de una atestadísima plaza, disfrutando del gentío y luchando contra él a lo largo de más de seis minutos, mientras los corchos de las botellas se elevaban en el aire a velocidad olímpica. El alcohol y la euforia es lo que tienen.
Cuando llegó al palco, la masa, que ya había estallado, se entregó enfervorecida a Celedón, cantando a voz en grito la tonadilla popular. Una gran pancarta enarbolada por Kaleratzeak Stop, no obstante, recordaba que la letra contradice en la realidad en esta época de vacas famélicas. "Celedón, sin casa, sin balcón", rezaba. Fue uno de los muchos gestos de denuncia del inicio de la fiesta. A diferencia de otros años, las personalidades perdieron protagonismo en la balconada en favor de distintos movimientos sociales y de trabajadores. Esta vez, no fue tan VIP. Y la plaza acompañó las protestas.
Desde los momentos previos al lanzamiento del txupinazo, la apertura oficial de La Blanca rezumaba reivindicación. Las pelucas verdes y las pistolas de agua se mezclaban en las calles con las pegatinas naranjas de adhesión a Laminaciones y con el celebérrimo Sol antiGaroña.
Reivindicaciones aparte, todo el mundo coincidió en que el de ayer fue un inicio de fiestas espectacular. Una pareja de amigos recién llegada de Dubai no daba crédito a lo que veía, puro en mano, mientras las fanfarres se desataban y los carritos del súper rebosantes de kalimotxo empezaban a hacer eses. Ayer, más que nunca, Vitoria se dejó llevar por el jolgorio y se entregó sin cortapisas.
Gracias por su comentario
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