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asier diez mon - Lunes, 6 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 10:47h
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Joaquín Arriola, profesor de economía política de la UPV. (David de Haro)
Vista:
BILBAO. Francia se ha convertido en la gran esperanza de que cristalice un nuevo modelo de lucha contra la crisis, ¿es necesario un cambio ideológico?
Sí. Digamos que en Francia hay una mayor autonomía de la industria respecto al capital financiero que por ejemplo en Alemania. Con lo cual el Gobierno francés también tiene una mayor autonomía a la hora de configurar su política respecto a las necesidades del capital financiero. La estructura económica del país y cómo se relacionan estos sectores entre ellos condicionan mucho el margen que tienen los políticos. ¿Qué diferencia hay entre un socialista de Bilbao y un socialista de Málaga? Que el de Málaga lo que tiene detrás son chiringuitos, construcción y pare usted de contar. Y aquí hay un tejido industrial que hace que incluso dentro de un mismo partido la concepción de lo que hay que hacer pueda ser diferente. Un político medio de Levante o Andalucía puede tener claro que hay que apostar por la política industrial, pero no termina de entender qué es eso. En cambio un político medio de Euskadi o Nafarroa tiene que se capaz de articular políticamente la idea de intervención en el sector industrial.
¿Y se está avanzando por esa línea en Euskadi?
En estos momentos hay problemas para desarrollar la política industrial en Euskadi: estamos en una época de crisis y de recortes del gasto público. En esa coyuntura el político hace la lista y obviamente lo primero que se cae es lo que no genera contestación social. Pero el hundimiento de la inversión pública es el principal factor de caída del crecimiento económico, del decrecimiento, porque la inversión privada depende de la pública. En una coyuntura de recortes hace falta mucha inteligencia política para saber vender la importancia de mantener la inversión en cosas que no se comen. Y es mucho más importante la caída de la inversión pública en un país industrial. En una zona de sol y playa no es tan importante porque cuando se relanza la economía, la playa y el sol siguen ahí aunque hayan pasado tres años. Pero en una economía basada en la industria el tiempo en el que no hay inversión se pierde respecto a los competidores. El cambio tecnológico es constante y pasan dos años y tú estás con la tecnología de tres años atrás.
¿Y este Gobierno es imaginativo?
El Gobierno Vasco actual lo que ha hecho básicamente es dar continuidad a la política que ya existía. De alguna forma, la política industrial de gobiernos anteriores había pasado a formar parte del consenso político y social del país con algunas diferencias, con algunos errores. Ahora bien, el problema es que la política que aplicaban ejecutivos anteriores era de una etapa muy distinta, se diseñó en una coyuntura de crisis, como la de los años 80 y se desarrolló en periodos de crisis relativamente breves como la del 93. Pero la actual situación es totalmente distinta y exige cambiar esa política y en ese sentido no hay ninguna señal. Eso no se puede hacer de un día para otro, pero tampoco hay ninguna indicación clara por parte del Gobierno actual de por dónde puede ir el cambio. Esa ausencia de indicación clara se produce porque esto es muy difícil hacerlo, pero evidentemente también se requieren unas condiciones de colaboración para la construcción de una política de consenso que no se han dado.
¿Habla de un gobierno más fuerte?
No exactamente. Las diputaciones tienen un papel institucional, político y en materia de inversión muy importante y durante este periodo el Gobierno Vasco ha dado continuidad junto al conjunto del entramado institucional a la promoción de I+D, las grandes infraestructuras... pero no existen las condiciones para que cuatro espacios políticos gobernados cada uno de ellos por un partido distinto afronten el desafío fundamental que ahora mismo tiene Euskadi, que es rediseñar la política industrial y de desarrollo. Entramos en una nueva época y se comenta que tenemos sectores industriales maduros, que dependemos excesivamente del sector del automóvil y de suministros para el coche cuando el automóvil es uno de los sectores llamados a la gran reconversión social y energética de las próximas décadas. Que tenemos que entrar en nuevos sectores, que siempre hemos estado ligados al hierro y hay que ir a otro sitio. Sin embargo, el punto de partida de eso es una cierta coordinación institucional y procedimientos de toma de decisiones que necesariamente tienen que ser coordinados porque aquí hay cuatro gobiernos.
¿Habla de trasladar a Euskadi los pactos de La Moncloa que se reclaman en España o de un pacto previo a las elecciones para que el partido más votado gobierne con apoyos del resto?
No lo sé. Euskadi lo que necesita son procedimientos de debate y de toma de decisiones en los que participen todos los sectores. Hay que ir más allá porque una industria que depende fundamentalmente del automóvil y la construcción tiene mala pinta. ¿Que eso requiera un pacto previo? No estoy muy seguro porque los pactos de La Moncloa son la conclusión de algo, y ahora hay que construir lo que pueden llegar a ser los puntos de consenso. Todavía no sabemos qué hay que hacer. No hay indicaciones claras ni por parte de la Diputación de Bizkaia, que ha invertido con muy buen criterio en intentar mantener el papel de la pequeña industria vasca en el sector de la automoción, ni por parte del Gobierno Vasco, que no ha aportado ninguna cosa nueva. Las pocas iniciativas novedosas que ha habido en esta coyuntura están vinculadas a mantener lo que tenemos, pero ese esfuerzo de identificar los sectores en los que tenemos que apostar hay que discutirlo.
¿Tiene alguna clave de esa nueva reconversión industrial?
Sí, de hecho ya ha habido algunas iniciativas. Recuerdo que Josu Jon Imaz llegó a hablar de la importancia de la biotecnología. También está la revolución de la información, del conocimiento. Los sectores de la salud y del envejecimiento... De todo esto se ha hablado en foros organizados por el Gobierno Vasco y las diputaciones. Los principios, la intuición de por dónde hay que ir, los tenemos.
Hay que dar el paso.
Hay que dar el paso empresarial. Definir dónde se invierte. Es una apuesta valiente, puede salir mal. Pero es el tipo de decisión que se requiere para pasar de un tipo de industria basado en sectores con poca perspectiva de expansión en el futuro hacia los sectores vinculados a la tercera revolución industrial. No es una cuestión para un periodo electoral. Ni para tres o cuatro años. Ni para una institución peleada con las otras. Es necesario ese proceso de debate que permitirá crear las condiciones para hacer un gran pacto una vez se haya decidido si hay que montar una gran siderurgia o si hay que montar una industria química.
¿Y quién lo debe liderar? Obviamente el PNV tiene la mayor capacidad de lograr consensos. No es que los socialistas no tengan los recursos intelectuales para hacerlo, es que no tienen la misma capacidad de consenso.
Gracias por su comentario
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