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antes de emigrar
, trabajaban en el campo y la construcción en vacaciones para "engordar el sueldo"
m.m. - Domingo, 29 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:24h
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Yuriy, de 53 años, y Vladimir, de 56, a la entrada del barrio de Riberas en el que han trabajado. (gorka estrada)
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Donostia. Antes de abandonar Moldavia y su profesión original, la de docente en la facultad de Historia de Chisinay, la capital de la exrepública soviética, Vladimir ya sabía lo que era trabajar en el campo y la construcción: actividades que durante los dos meses de vacaciones que disfrutaba como profesor, llevaba a cabo "para complementar su apretada economía familiar".
En Moldavia, y también en Ucrania, "con nuestros salarios de profesor no llega para pagar las facturas", explican Vladimir y Yuriy. "No te queda otra opción que ahorrar y ahorrar", insiste el primero: "Mi mujer es oficial de aduanas y cobra el equivalente a unos 200 euros; yo era profesor en la Universidad y el sueldo máximo que podría tener rondaría los 350. Aunque el sueldo medio en mi país es de unos 150 euros, en realidad no llega para nada. La vida está muy cara y los precios son cada vez más altos. Aunque productos básicos como el pan y otros están más baratos, la carne, por ejemplo, es un artículo de lujo y está tanto o más cara que aquí. No podemos llevar una vida digna en nuestro país. Por eso llevamos años trabajando fuera".
Así, Vladimir decidió, junto al marido (Yuriy) de su hermana menor, ir a Portugal para trabajar en la construcción en 1999. Más tarde probaron suerte un hijo de Yuriy, su yerno, y dos primos. Todos ellos afectados de igual manera por el impago en Riberas. Dicen que no había otra opción. "En Moldavia no hay industria. Solo se vive de las exportaciones de vino, cereal y productos agrarios a Rusia. Este año, además, hay una sequía enorme. Si de una hectárea normalmente se sacan cuatro toneladas de trigo, este año hay unos 800 kilos. La mitad de la población ha emigrado, como nosotros, mientras nuestras mujeres permanecen allí", replica Vladimir.
Según apunta San José, responsable de la construcción de ELA en Gipuzkoa, "las empresas que trabajan con mano de obra barata de otros países siempre van dando largas a los trabajadores y les tienen con atrasos sin pagar para tenerles atados y llevarles a otras obras. Pero ahora lo que está pasando es que empieza a no haber trabajo en ninguna parte y se quieren deshacer de ellos. Les dejan tirados, porque están en un país que no conocen, donde no saben las leyes, apenas dominan el idioma y se sienten débiles. La empresa confía en que se vayan, y desaparezca el problema". "Cuando se aclare esto, dice Vladimir, quiero regresar a mi país para disfrutar unos meses con mi esposa, el hijo y la nieta y reflexionar".
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