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la ceremonia de inauguración fue un homenaje a la cultura británica
La emotividad y el humor del evento bastó para olvidar la grandiosidad china y pronosticar unos Juegos de cine
igor santamaría - Sábado, 28 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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Un momento de la inauguración que tuvo lugar ayer en el estadio olímpico de Londres. (efe)
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donostia. 3 de julio de 1908. Londres. El reloj marcaba las tres de la tarde. El rey Eduardo VII presidió la ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos en la que por primera vez desfilaron los participantes. 27 de julio de 2012. 21.12 horas en el Big Ben de la City. 104 años más tarde los "¡Viva!" fueron jaleados al cineasta Danny Boyle, artífice de una ceremonia -presupuestada en 34 millones- a la que dio arranque Bradley Wiggins, reciente ganador del Tour, un coro de niños cantando canciones en tributo a las cuatro naciones británicas y Kenneth Branagh recitando a Shakespeare. Las tradiciones y la historia británica guiaron, bajo el cielo plomizo tras un prólogo con chaparrón, un majestuoso evento edificado con el beneplácito de 15.000 voluntarios y que en su primera parte recreó el paisaje de una campiña inglesa donde no faltaron 70 ovejas, 12 caballos, 10 gallinas, tres vacas, un par de cabras y varios perros y gansos. Igualmente pequeñas casas de campo, un campo de crícket y hasta maquinaria de pozos de carbón, con lo que se quiso destacar el pasado industrial del Reino Unido.
Evocó el escenario los molinos satánicos que William Blake imaginaba en Jerusalén, a ritmo de Rolling Stones o Sex Pistols. Bandas como Muse llenaron de melodía el ambiente con canciones como Survival, himno oficial de los presentes Juegos, aunque el punto más álgido llegó con las voladoras Mary Poppins, Carros de Fuego o cuando entonó el público la mítica Hey Jude. Para trueno ensordecedor, el de una campana de 23 toneladas en la que se grabó "No temas, la isla está llena de sonidos", cita de La Tempestad. Junto a los miles de cantantes, bailarines y actores también se unieron cientos de enfermeras, pues Boyle homenajeó a la creación de la golpeada sanidad pública británica (NHS, siglas en inglés) tras la II Guerra Mundial. Y eso que los mil millones de personas en todo el mundo que presenciaron el espectáculo pudieron olvidar por tres horas los problemas financieros y la recesión que engulle al planeta. Si la ceremonia de Atlanta 1996 fue vista como muy estadounidense, con Ali, enfermo, como referente; y en Pekín los organizadores pusieron sobre el escenario a 14.000 personas para convencer al mundo de la grandeza del país; lo contemplado ayer fue catalogado como very british. "No considero que haya sido una gala excéntrica, pero no sé, soy británico. Nos hemos expresado como hemos deseado", afirmó Boyle entre risas, precisando que en ningún momento se buscó igualar la espectacularidad de Pekín. "No tenemos tantos recursos y desde entonces el mundo ha cambiado. Hemos actuado con modestia y sensibilidad respecto a la situación económica en la que vivimos".
Usain Bolt, Pau Gasol -liderando a la delegación española que paseó el chirriante uniforme de la firma rusa Bosco-, Novak Djokovic y Maria Sharapova encabezaron la lluvia de estrellas de los deportistas que ejercieron de abanderados entre los 205 países que desfilaron -incluido el grupo de atletas independientes- en el estadio Olímpico londinense. Grecia abrió el fuego con el taekwondista Alexandros Nikolaidis y Gran Bretaña, como anfitriona, cerró el emotivo paseo con Chris Hoy, gran figura del ciclismo en pista con cuatro oros olímpicos en su palmarés. George Clooney, Brad Pitt, Angelina Jolie, Nicole Kidman, David Beckham, Lewis Hamilton, JK Rowling, Mr. Bean y Mohamed Ali fueron algunos de los centenares de famosos con asiento, aparte de Michelle Obama, primera dama estadounidense, y la Casa Real británica, encabezada por la reina Isabel II -trasladada en helicóptero ficción al estadio por Daniel Craig en el papel de James Bond- antes de declarar inaugurados los Juegos de una gala donde asimismo lucieron la modelo Kate Moss, Mike Oldfield o Paul McCartney. Concluida la llama su largo camino desde su encendido en las ruinas de Olimpia, en Grecia, fue esta la manera de darle la bienvenida a 10.500 atletas de 39 disciplinas olímpicas que pretenden desde ya escribir la historia de unos Juegos, nunca mejor dicho, de cine. En su apertura, menos fue más.
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