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La autora cree que el director se ha creado su propio personaje
MATEO SANCHO CARDIEL - Jueves, 26 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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Aki Kaurismäki, el pasado año en el Zinemaldia donostiarra. (EFE)
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MADRID. Innovador de profundas raíces clásicas, Aki Kaurismäki ha puesto en el mapa al cine finlandés con películas como Un hombre sin pasado o Le Havre, en las que ha desarrollado un universo original del que él mismo parece formar parte, tal como estudia Pilar Carrera en un libro monográfico que edita Cátedra.
Recurriendo a lo que decía Walter Benjamin de que "no hay que creerse todo lo que dicen los autores sobre su obra", Carrera, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, se ha enfrentado a un director de cine cuya realidad como hombre es sumamente escurridiza y cuyas declaraciones hay que poner siempre en cuarentena.
"Lo que hace, dice, sus apariciones públicas... está todo orquestado. Sus historias continúan en las ruedas de prensa que ofrece en los festivales. Se ha creado un personaje y actúa en consecuencia. Es muy dado a la boutade (broma), podría formar parte de sus propias películas", asegura la autora de este monográfico.
ladillo Haciendo un repaso a títulos tan conocidos como Un hombres sin pasado, Nubes pasajeras y La chica de la fábrica de cerillas; o pequeñas joyas ocultas como Total Balalaika Show o Leningrad Cowboys Meet Moses, Carrera alumbra un escrupuloso método de trabajo que no tiene nada que ver con la dispersión, pues el cineasta "tiene una precisión narrativa impresionante y es un escenógrafo excepcional".
"Kaurismäki es el único cineasta capaz de explotar todo el potencial melancólico de esos objetos industriales decrépitos. Son ruinas cotidianas. Y sus personajes, aunque no los ves inmutarse, no los ves llorar, enseguida sabes qué sienten. Es una emoción mucho más fría más pura. No despliegan los sentimientos, no te ríes a carcajadas. Es una risa para dentro", añade Carrera.
Y en un cine lleno de sabiduría referencial desde Buster Keaton a Robert Bresson pasando por Douglas Sirk, Kuarismäki utiliza esas citas "para economizar narrativamante" y consigue sobreponerse al dejà vu para crear ese universo propio por el que han paseado Kati Outinen, Jean-Pierre Léaud o la perra Laïka, proveniente de una familia de hasta seis generaciones de actores caninos.
"Kaurismaki ha aunado dos formas que están ahí desde hace mucho: la palimpséstica posmoderna y la narración más lineal, más clásica a la hora de contar", resume la autora. En esa precisión, poco parece combinar su afición al vino y al tabaco, su vida rodeado de perros en una caravana en las inmediaciones de Oporto. O, en cualquier caso, poco importa. "Él no se entrega nunca del todo, por lo que no he buscado el desenmascaramiento. He intentado bucear en sus películas y ver qué rasgos narrativos caracterizan su cine", asegura Carrera.
Pese a ese universo propio, Kaurismäki también ha hecho peculiares paradas en el planeta de Dostoieski en su Crimen y castigo o en la galaxia shakespeariana en Hamlet vuelve a los negocios, además de haber rodado no solo en Finlandia, país con el que tiene una relación de amor-odio, sino también en Francia.
"Su corpus creativo es voluntariamente diverso, pero su autenticidad es indiscutible. Es un estilo claramente reconocible. especie de mezcla que le caracteriza", asegura la estudiosa.
Gracias por su comentario
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