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Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
47º Jazzaldia

Un cierre 'freenético'

La trini echó la persiana con la libertaria actuación de neneh cherry y un gran homenaje a miles davis

Donostia, Juan G. Andrés - Miércoles, 25 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:25h

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Una desmelenada Neneh Cherry con los integrantes de The Thing.

Una desmelenada Neneh Cherry con los integrantes de The Thing. (Foto: RUBEN PLAZA)

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POBRES de aquellos incautos que el lunes acudieron a la clausura de la plaza de la Trinidad esperando que Neneh Cherry serviría una ración de pop blandito con canciones como Seven Seconds o Woman. Una radio pinchaba ayer este último tema para ilustrar sonoramente el balance del Jazzaldia, sin tener ni pajolera idea de que la artista venía con un proyecto bien distinto, diametralmente opuesto a la imagen que de ella tiene mucha gente que la perdió de vista a mediados de los 90 y que desconoce su papel de arriesgada emprendedora musical. Por eso, más de un espectador se quedó ojiplático y con los tímpanos del revés cuando la banda sueco-noruega The Thing irrumpió en el escenario avasallando con toda su artillería.

A Mats Gustafsson parecía que la cabeza iba a estallarle a juzgar por el demente modo en que soplaba el saxo barítono al inicio de Too tough to die, la primera canción de una noche en la que Neneh cantó fuerte y suave, gritó y susurró, agitándose nerviosa y meneando su cabeza hasta casi desnucarse. No tardaron los peor informados en percatarse de que aquello iba de free jazz, de música libre y sin ataduras que no resulta apta para todas las orejas. En realidad, no había más que echar un vistazo al título del programa: Neneh Cherry & The Thing: A Tribute to Don Cherry. Es decir, un homenaje de la cantante sueca a su padrastro, uno de los principales bastiones del citado movimiento. A mitad de concierto, Gustafsson se encargaría de matizar este aspecto: "No somos una banda de tributo a Don Cherry, él es él y nosotros somos nosotros, aunque está presente en todo lo que hacemos".

Y efectivamente, el espíritu del maestro de la trompeta libertaria parecía sobrevolar la Trini aunque dicho instrumento estuviera ausente en una formación completada por una furiosa sección rítmica compuesta -atención- por miembros de Atomic, la banda nórdica que en 2004 sacudió a los espectadores donostiarras con tres sesiones que aún hoy muchos recuerdan. Paal Nilssen-Love a la batería e Ingebrigt Håker Flaten al bajo eléctrico y acústico aportaron el rabioso latido de las composiciones propias y ajenas que fueron arrojando al público.

Tras un comienzo arrollador, la desconcertada audiencia recuperó el aliento (inicialmente al menos) con una versión del dúo neoyorquino Suicide, Dream Baby Dream, una serpenteante y seductora nana con la que no podría dormirse ni un muerto. De Don Cherry rescataron una pieza de resonancias árabes, Golden Heart, y poco más. El saxofonista volvió a desatar una tempestad sonora en un tema de cuño propio, Sudden moment, al que siguió Cashback, escrito por Neneh. Antes del final ofrecieron, entre otros, Accordion o Dirt, en la que ella se transmutó en Iggy Pop para poner voz a una rumbosa versión de los Stooges. En 60 minutos de actuación, unas veces sonó agresiva y otras delicadamente jazzy, soul e incluso pop, y en el único bis entonó una de las piezas más tranquilas de la velada -salpicada, eso sí, de varios "motherfucker"- y también mostró su faceta hip-hopera. Era Wrap Your Troubles In Dream, un standard que han cantado, entre otros, Bing Crosby, Frank Sinatra y Nico. Así terminaba la frenética función y comenzaba el intercambio de opiniones, diversas y encendidas, acerca de un concierto que, como suele decirse, a nadie dejó indiferente. Para bien y para mal, claro.

Miles Smiles

Sonrían, por favor

Algo más convencional resultó la última actuación del año en la Trini, dedicada a homenajear a otro gran trompetista: Miles Davis. Para ello, el Jazzaldia presentó a algunos de los músicos que, en su día, tocaron con el mito: el trompetista Wallace Roney, instruido personalmente por Davis entre 1985 y 1991; el bajista Darryl Jones, que pellizcó las cuatro cuerdas para él a mediados de los 80 y vino con él a Donostia en su primera visita, la de 1984; el batería Omar Hakim, que también compartió correrías con Miles antes de incorporarse a Weather Report; el guitarrista Robben Ford, que le acompañó en su segundo concierto guipuzcoano en 1986; el organista Joey DeFrancesco, fichado por el maestro a la tierna edad de 17 años; y el saxofonista Rick Margitza, que participó en grabaciones como Amandla, Live Around the World y Live in Montreux.

Con semejantes alumnos, la noche fue una fiesta para los amantes del buen jazz y los adeptos de Miles Davis. Pudieron escucharse en clave eléctrica algunas de sus más famosas composiciones, como Splatch, Maiyasha, All Blues, Don't Stop Me Now y la imprescindible So What, bastante cambiada pero muy reconocible. Roney colocó la sordina a su trompeta en bastantes ocasiones y emuló con éxito el incomparable fraseo del genio; la versátil guitarra de Ford, que en un momento citó el Bolero de Ravel, aportó un color blues y rock a la propuesta, mientras que Margitza se lució con el saxo, DeFrancesco dio el toque groove y la pareja Hakim-Jones, al margen de sus incendiarios solos, estuvo sencillamente sensacional.

Con la contagiosa Jean Pierre finalizó un atractivo programa doble durante el cual los músicos no sonrieron excesivamente. Tampoco pronunciaron una sola palabra. Habrá que decir eso tan cursi de que hablaron como mejor saben hacerlo: con su música.

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