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Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
juegos olímpicos 20 años de la pelota en Barcelona'92

"Vivir los Juegos Olímpicos fue como estar en un sueño"

Los exmanistas Beloki y Gorostiza recuerdan cómo lograron sus medallas olímpicas

igor g. vico - Martes, 24 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:25h

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José Ángel Balanza, 'Gorostiza'.

José Ángel Balanza, 'Gorostiza'. (Iñaki Porto)

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rubén beloki Oro olímpico en Mano Individual José ángel balanza, 'gorostiza' Oro olímpico en Mano Parejas rubén beloki Oro olímpico en Mano Individual José ángel balanza, 'gorostiza' Oro olímpico en Mano Parejas

barañain

En el frontón Julián Retegi de Barañain, Rubén Beloki y José Ángel Balanza, Gorostiza, se afanan en preparar la cancha y en ejercer de técnicos de Asegarce. Asoman en sus pechos dos medallas doradas. La del Látigo de Burlata está más desgastada y no tiene su nombre grabado. "A mí me dieron la mala", relata Rubén con sorna. Gorostiza asiente y le recuerda que "¡ya la frotarías para ver si era oro de verdad!". Labrado amanece el símbolo de los Juegos Olímpicos de Barcelona '92, en los que la pelota vasca fue deporte de exhibición y manistas, puntistas y palistas vivieron en comunión con figuras mundiales de todos los deportes.

Han pasado 20 años ya de aquella experiencia en los Juegos Olímpicos de Barcelona, ¡cómo cambian las cosas!

RUBÉN BELOKI: Es un buen recuerdo y parece que no ha pasado tanto tiempo. Han pasado muy rápido estos 20 años. Hace poco estuvimos allí, en Barcelona, con un partido de la empresa, de Asegarce, y todo sigue parecido por allá. Fue una experiencia única y tuvimos mucha suerte de que la única vez que la pelota ha sido olímpica tuvimos la oportunidad de estar allí.

JOSÉ ÁNGEL BALANZA 'GOROSTIZA': Hemos cambiado desde entonces, bueno, Rubén igual menos porque ha dejado de jugar hace bien poquito. Mi vida ha cambiado un poco más porque hace muchos años que lo dejé, pero nosotros seguimos en el mundo de la pelota y, al no cambiar el mundo de la pelota este tiempo, parece que no hemos cambiado nosotros. Al principio, cuando tenías que esperar 20 años parecía mucho tiempo, pero la verdad es que ha pasado rápido.

R. B.: Rapidísimo.

J. A. B.: ¡Fíjese! Están intactas las medallas... ¡Y nosotros también! (risas).

R. B.: Al no salir del frontón en este tiempo estás más puesto en el tema, lo sigues muy de cerca y no pasa el tiempo. Eso parece. Acabó aquello y parecía que se había olvidado, pero hace ya 20 años.

¿Cómo fueron los meses previos a su selección para disputar los Juegos Olímpicos?

R. B.: Se decidió que los Juegos iban a ser en Barcelona en el '92 y que la pelota iba a ser deporte de exhibición y se oía por ahí que te podían seleccionar. Y cada vez cogió más fuerza con el plan ADO, en el que se becaba un año antes o algo más. Yo por lo menos, un año antes.

J. A. B.: Unos cuatro años antes se puso en marcha para la mayoría de nosotros, sí.

R. B.: Para el Mundial de Cuba del '90 también, y todo el mundo se preparaba con el objetivo de los Juegos Olímpicos del '92. Se hablaba, se hablaba y se hablaba, llegó el momento y se preparó muy bien el equipo. Desde enero hasta agosto, que fue el evento, cada quince días íbamos un fin de semana a Barcelona concentrados. Fue bonito, pero duro.

J. A. B.: Rubén, por lo menos, contaba con plaza fija. La mía era menos fija. Estaba Patxi Eugi que apuntaba a titular. Incluso, estuve a punto de debutar como profesional antes de los Juegos, con la empresa Eskulari, porque no estaba entonces Asegarce. Pero, al debutar Eugi, vi que tenía posibilidades y el debut lo retrasé. Esperé unos meses a que me llamaran y finalmente lo hicieron. La verdad es que fue una sorpresa grata y fue un acierto seguir más en aficionados para estar en Barcelona y competir por las medallas.

¿Cómo llevaban esa concentración tan férrea a la que eran sometidos?

R. B.: Se hizo largo, la verdad. Y duro. Fue largo y duro.

J. A. B.: Entrenábamos los martes en Altsasu. Después en Iruñea, y al final casi siempre nos tocaba ir a Barcelona.

R. B.: Se hizo un seguimiento bueno y una gran preparación tanto en mano como en pala y cesta punta y así salieron las cosas. José Mari Etxeberria, que era un poco el jefe de la pelota, fue el que preparó bien las cosas y por el que llegamos tan preparados a aquella cita. Lo duro era que te seleccionasen, porque la competencia era más aquí que ganar el oro casi. Yo estaba con Bazeta y Armendariz y al final fue el vizcaino el que se llevó el gato al agua.

Una gran experiencia para jóvenes deportistas como ustedes.

J. A. B.: Hombre, pues sí. Convivir con todos los mejores deportistas del mundo. Dar la mano, una foto... Un deporte minoritario como puede parecer que es la pelota, allí era un deporte más. Además, la organización de la Villa Olímpica fue fenomenal: no faltaba había ningún detalle. Me acuerdo que Bazeta y algún otro pelotari de los nuestros decían: "Aquí se puede estar 100 años más".

R. B.: Bufff... Había restaurantes las 24 horas del día con comida de todos los sitios del mundo, todas las bebidas que querías, la playa delante, voluntarios y voluntarias de Barcelona a tu disposición por si había problemas, cines, transporte gratuito...

J. A. B.: Después de estar un mes allí metidos vimos que no existía el dinero. Y vuelves aquí, a la vida real, y te choca.

R. B.: Había máquinas expendedoras de todo lo que quisieras, cines, autobuses... Y todo era gratuito. Era otro mundo. Aquello era como vivir un sueño. Un deporte pequeñito, como es la pelota, coincidía con Carl Lewis, Boris Becker comiendo mesa con mesa, con los de la NBA, que se pasaron un día... El primer Dream Team. Y la ceremonia de inauguración fue la apoteosis. El plan ADO, además, puso mucho dinero y los deportistas ganamos muchas medallas. Fue todo un cúmulo de cosas.

J. A. B.: En nuestro caso nos dedicábamos todos a la pelota a mano al 100%. Y te becan porque tienes que renunciar a muchas otras cosas.

R. B.: Por ejemplo, tienes que renunciar a jugar partidos en verano, tener cuidado con la salud, con la comida...

En una Villa Olímpica llena de grandes deportistas, ¿cómo fue la convivencia entre chavales tan jóvenes?

J. A. B.: Además, los manistas éramos los más jóvenes entre todas las especialidades de pelota.

R. B.: Yo tenía 17 años y tú 22.

J. A. B.: Sí, pero el resto andaba también con esa edad. Éramos un buen grupo.

R. B.: Aquello fue una experiencia... Genial.

J. A. B.: Convivíamos entre los que nos conocíamos y no fue una cosa demasiado extraña.

R. B.: Los pelotaris vivíamos en pisos habilitados, cerca estaban los de fútbol: Guardiola, Kiko, Luis Enrique y demás.

J. A. B.: Nosotros podríamos haber tenido un álbum más completo, pero estábamos concentrados en lo nuestro.

R. B.: Nosotros tuvimos que estar muy concentrados y, una vez que terminas, te quedan cuatro días de fiesta y desmadre.

J. A. B.: Lo único es que no le dimos el valor suficiente entonces. Yo por lo menos le he dado más valor a lo largo de los años. En aquel momento lo afrontas con la tensión propia de los partidos, pero cuando pasa el tiempo y ves otros Juegos Olímpicos en televisión te dices: "Ahí he estado yo".

¿Con quién se hicieron fotos?

R. B.: Yo ni llevé cámara. Las fotos que tengo me las sacaron Balerdi o Lujanbio.

J. A. B.: Pues yo me hice con los de fútbol, con los de baloncesto, con deportistas riojanos...

R. B.: Pero para ellos, la pelota era muy desconocida.

J. A. B.: De hecho conocían la pelota vasca más por el jai alai que por la mano. Pero es que por aquel entonces era más normal, porque apenas se retrasmitían partidos por la televisión y ahora se conoce. Entonces te conocían por la cesta punta, que le dabas con la mano a una piedra ni se lo creían.

¿Y cómo se lo explicaban?

J. A. B.: Es sencillo, cuando te ven las manos se lo imaginaban.

R. B.: Preguntaban por la cesta punta, por la pala y tal... pero nosotros le explicábamos que nuestra disciplina era solo con la mano, la pelota y la pared. Además, en la pelota hay muchas modalidades y se complica explicarlo.

Seguro que vivieron un montón de historias.

R. B.: Recuerdo una muy buena. Volvía un día de entrenar y fui solo a comer, yo llegaba con mucha mucha hambre y no presté atención ni de dónde estaba sentado. Miro al lado y veo a un rubio ahí sentado, con unas melenas largas... ¡pero si era Boris Becker, la hostia! Yo ahí, comiendo codo con codo con Boris Becker, uno de los mejores tenistas del mundo.

J. A. B.: Yo recuerdo una similar. Íbamos allí todos los de la delegación de pelota a comer y estaba el príncipe Felipe muy cerca y dio un paso para la mesa en la que estábamos nosotros, pero como llegamos primero se echó para atrás. Y le dijimos que se podía sentar.

R. B.: Ubanell, uno de pala, le vimos otro día explicando al príncipe todo lo de la mano, lo de la pala y tal. Nos quedamos allí parados. ¡No le había reconocido ni nada! Y nos dice luego: "Uno de estos de vela, que no tiene idea de lo que es la pelota, le estaba explicando".

J. A. B.: Sí, es verdad.

R. B.: Y otro día volvíamos en los autobuses con los de baloncesto, con Antonio Díaz Miguel como entrenador. Justo habían perdido contra Nigeria y allí ni se hablaban. Había mucha tensión.

J. A. B.: Estaba el ambiente bastante cargado.

R. B.: Yo un día fui al cine, en una de las bajeras de los pisos, que estaban habilitadas para el tiempo libre de los deportistas. No recuerdo con quién fue, pero estábamos allí sentados y vemos entrar allí a unos tíos grandes. Y que se acercan. Nosotros pensando: "¡La hostia, la hostia, la hostia! ¡Que se nos sientan delante!". Así fue y delante tuvimos durante toda la película a Sabonis y su selección: Sabonis, Kurtinaitis y toda la banda...

Ya disfrutaron...

J. A. B.: Sí, pero no vas a disfrutar, vas a competir. Porque teníamos mucha presión encima. Íbamos a ganar.

R. B.: Teníamos casi la obligación de ganar.

J. A. B.: Ahora lo ves como un evento o una fiesta, pero entonces lo veíamos como una prueba. Era muy importante para todos nosotros.

¿Y aquello del desfile y la ceremonia de inauguración?

R. B.: Fue muy largo. Nos vestimos en la Villa Olímpica y fuimos en autobús hasta Sant Jordi.

J. A. B.: Estuvimos un montón de horas de pie.

R. B.: Íbamos en el autobús y la gente estaba loca. Barcelona entera se agolpaba allí.

J. A. B.: ¿Recuerdas en el estadio los flashes de las fotos? Fue algo espectacular. ¡60.000 personas echando fotos! Igual los futbolistas estaban acostumbrados, pero nosotros no.

Se les pone más la carne de gallina ahora o en esa situación.

J. A. B.: Igual ahora, por lo que yo recuerdo solo estaba cansado.

R. B.: Fue muy cansado y luego te ibas acercando allí y ya oías un griterío de la leche. Exagerado. ¡Vaya ceremonia! Antes de salir parecía que temblaba todo el estadio, que se iba a caer. Fueron un cúmulo de cosas, porque lo de la flecha y la antorcha, también puso a la gente enfervorecida.

J. A. B.: Vivir aquello pone la carne de gallina.

¿Cómo recuerdan la competición?

R. B.: Fue relativamente fácil. A mí me tocó jugar dos partidos que gané y Bazeta, mi compañero, también. Dos o tres partidos y la final. Con Francia había rivalidad y a mano había que ir con lupa contra ellos.

J. A. B.: De hecho, Hirigoyen debutó después con Asegarce.

R. B.: En los Mundiales andábamos ya picados y los galos andaban muy bien en frontón.

J. A. B.: Lo nuestro era no fallar. Nosotros estábamos Lujanbio, Balerdi, Fernández, un chico de Santutxu y yo. Jugué contra Venezuela, Estados Unidos... Y la final la jugó Balerdi. Ganamos fácil, pero la presión era muchísima. Hasta que rompías el partido teníamos que sudar y sufrir.

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