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Para gloria de Bobby McFerrin Bobby McFerrin & The Yellowjackets

por j.j. forcada - Domingo, 22 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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McFerrin observa, sonriente, al saxo Bob Mintzer, instrumento que emuló de manera increíble.

McFerrin observa, sonriente, al saxo Bob Mintzer, instrumento que emuló de manera increíble. (Foto: javi colmenero)

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Fecha. 21/7/2012. Lugar. Auditorio Kursaal. Intérpretes. Bobby McFerrin (voz), Russell Ferrante (piano, teclados), Bob Mintzer (saxo), Felix Pastorius (bajo), William Kennedy (batería).

EN estos sombríos tiempos que nos está tocando vivir sienta de maravilla una dosis de optimismo y felicidad como la que propone Bobby McFerrin (Nueva York, 1950), en este caso acompañado de TheYellowjackets. La propuesta hizo que las caras de los presentes, que prácticamente llenaban el Auditorio del Kursaal reflejaran un estado de animo repleto de placidez. La actuación se convirtió en una terapia perfecta para aislarnos durante prácticamente 100 minutos de la dura realidad que nos rodea.

TheYellowjackets llegaron totalmente rejuvenecidos con la presencia en sus filas del joven FelixPastorius , hijo del que fuera uno de los mas influyentes bajistas eléctricos, Jaco Pastorius del que se cumplen 25 años de su fallecimiento. Félix, que entró a formar parte de Yellowjackets a principios de este 2012, cumplió su cometido con creces con lo que asegura el legado de su padre.

La actuación se inició en un aire totalmente sobrio con el cuarteto ejerciendo de dignos acompañantes ante un McFerrin que en un volumen mas bien suave protagonizaba cada una de las canciones, sus más que reconocibles tarareos mantuvieron ese label de calidad del que no se conoce prácticamente sucesor.

Su capacidad de jugar con los sonidos de los demás instrumentos es increíble, dialogaba continuamente con el saxo de Bob Mintzer, le retaba o le imitaba, cambiaba los tonos con una habilidad pasmosa, desde el principio él capitalizaba la atención del espectador.

Tocaron piezas largas, casi todas sin texto, fraseos de voz de todo tipo, parecía mentira que pudiera imitar de esa forma lo mismo al saxo, que a la batería o incluso el bajo. Todo está hecho para mayor gloria del cantante. Canta un tema de manera estándar y ahí no termina de brillar del todo.

El concierto se sucedió sin demasiadas concesiones hacia el publico. A estas alturas todos nos quitábamos el sombrero ante la maestría del artista pero daba la sensación de que ya estaba dicho todo, de que no había sobresaltos.

A mitad de la actuación por fin se aceleró el ritmo y nos despertamos un poco del letargo en el que nos habíamos sumido, el propio McFerrin comentó, con cierta sorna, que iba demasiado rápido. Mantuvo un pequeño duelo con el batería William Kennedy y el público se entusiasmó.

Se quedó solo sobre el escenario, sin ningún apoyo por tanto. Mas que cantar, la pieza fue un ejercicio de técnica y destreza vocal, la demostración fue enorme, pidió la colaboración del publico al que no se lo puso nada fácil. Su nivel de exigencia fue alto . Curiosa ceremonia.

Cedió el protagonismo a la banda durante unos minutos y volvió con ritmo endiablado, su labor como bajista utilizando la voz hizo que PastoriusJr hiciera un bromista amago de abandonar el escenario. No solo imitó el sonido sino que creó unas increíbles líneas de bajo.

Se marcó un tema en tono intimo, sentado al borde del escenario y sin prácticamente recurrir a sus habilidades y fraseos vocales; resultó un tanto edulcorado. Tocaron un tema con ambiente africano tanto en los ritmos como en las voces , de nuevo el público tuvo que darlo todo cuando, a petición del cantante, tuvo que repetir algunas complicadas frases.

Realmente, las posibilidades vocales de este hombre dan la sensación de que no tienen limite. Ahora bien, la continua reiteración y demostración de esas facultades terminan por empachar. En la ultima parte incluso tocó el piano relevando durante unos minutos a Russell Ferrante. Tras la fuerte reclamación por parte del publico para que ofrecieran un bis, Mc Ferrin retó a alguien del publico para que se atreviera a cantar algo, lanzó un órdago que recogió un joven que subió al escenario y con mucha dignidad realizo unos fraseos vocales mas que estimables .

Una pequeña lección de como debe ser el blues cerro la velada con un publico mas que satisfecho ante esta tercera visita de McFerrin al Jazzaldia.

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