Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
Tribuna Abierta

Una noche sin dormir

por félix hereña - Miércoles, 11 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:25h

  • Mail
  • Meneame
  • Tuenti
-

efectivamente. Una noche sin dormir da para mucho. Por ejemplo, pensar qué diablos hacen las farolas encendidas a las 06.30 horas de la madrugada, cuando la luz del día ha salido victoriosa de su particular contienda con la luna.

También pude reflexionar sobre el despilfarro que supone pasar todos los días a recoger la basura. Debajo de mi casa hay uno de esos cacharros verdes que almacenan la zaborra hasta que llega el camión y vuelca el contenido en su panza. Lástima que el contenedor esté casi siempre a medio llenar.

Urgen medidas que palien estas pequeñeces que, sumadas a otras pequeñeces, hagan de la hucha del cerdito algo aprovechable para el bien común. Es decir, de todos.

Que sí, que los habrá que pongan el grito en el cielo por hacer del encendido eléctrico una batalla. Que sí, que los habrá que pongan el grito en el cielo porque la basura la tienen todo un día en casa y huele.

Estos son los de siempre. Un buen día les pusieron collar al cuello y ladraron como perros; al día siguiente colocaron en su cabeza un plumaje variopinto y desde entonces repiten como loros la salmodia de sus derechos.

Digo yo, sin acritud, que siempre será mejor dejar aparcados determinados derechos (¿comodidades?) que asistir impertérritos al derrumbe social de ese grupo, cada día más numeroso, de quienes no pueden siquiera llegar a finales de la primera quincena.

Después de la luz y las basuras, nada peor para conciliar el sueño que pensar en el futuro de Tabakalera. Pues que le den tila y en lugar de gastarse la tela a lo tonto demos utilidad real a tantísimos metros cuadrados que, hoy por hoy, son tan inútiles como un coche con ruedas cuadradas. Se dirá que ya hay acuerdos firmados, pasta (no mucha) sobre la mesa y compromisos adquiridos. Ante esta objeción indicar que, en ocasiones, desandar lo andado no significa ir hacia atrás; más bien lo contrario.

Propongo hacer mini apartamentos para alojar en ellos a quienes, por una u otra razón, han sido desahuciados y no tienen techo ni cama. Las viviendas (antes de que pongas el aullido en mi cerebro) permitirían alojar a tres o cuatro personas y dispondrían de servicios comunes de lavandería, cocina, sala de recreo que podrían ser atendidos (todo se reduce a organizarse) por los propios residentes. Creo que primero son las personas y, luego, si sobra, atender otras demandas. (requisitos del tipo justificar la búsqueda de trabajo, quien no lo tenga, y otras milongas burocráticas los dejo para los técnicos en la materia).

Se me ocurre que las dimensiones de Tabakalera permitirían otros pisos, también de reducidas dimensiones, con precios razonables en el alquiler, para que fueran ocupados por jóvenes menores de 35 años. Dispondrían también de servicios comunes de lavandería, cocina, etc., que serían atendidos por los desahuciados sin trabajo.

Por último, una residencia para mayores remataría este proyecto que si se hace bien podría llevarse a cabo de forma autogestionada, sin que fuera obligada la presencia de la cohorte burocrática y funcionaria, salvo el mínimo de los controles para supervisar el día a día.

Las dimensiones de Tabakalera permitirían hacer pisos pequeños, con precios de alquiler asequibles

La mejor apuesta para una Donostia con futuro es que nadie sea engullido por un fantasma que ayudamos a crear

Por supuesto que faltan detalles por rematar para el buen fin de este proyecto, pero con voluntad y sentido común sería una realidad (ahorro los detalles a los lectores, pero creo haber resuelto la cuadratura del círculo al dotar a la ciudad de un complejo único en su especie).

La inteligencia donostiarra habrá puesto el irrintzi en lo más alto del torreón de Atotxa a estas alturas del escrito. Pero, bueno, discrepar es de sabios siempre y cuando tenga uno la razón. Lo malo es cuando ese discrepar disfraza la añoranza por unos tiempos que ya no volverán nunca jamás.

Tiempos en los que se obtenía crédito para bodas, bautizos, primeras comuniones, vacaciones, etc. Vivíamos entonces como príncipes en el reino del préstamo fácil y rápido. Éramos felices, aunque la tasa de suicidios era entonces similar a la de hoy.

Por si a alguien le interesa, indicar que el número de personas atendidas en Gipuzkoa por Cáritas supera los 45.000. Una cifra fría, como todas ellas, que es fotograma de una realidad cambiante a peor. Pongamos remedio hoy y dejemos a nuestros hijos lo más parecido a una ciudad que optó por la solidaridad y la humanidad, aunque la postal fuera adquiriendo un tono sepia, envejecido.

Toca ahora amarrarnos a la realidad y constatar que la tortilla tiene dos caras. Primero nos enseñaron, y nos gustó, la parte más bonita hasta que descubrimos que en las antípodas del huevo y la patata un color negruzco aventuraba que aquella no era la mejor de las tortillas.

Entonces pusimos el quejido en las nubes.

Donostia tiene todo aquello que requiere una ciudad para ser ciudad. Pero, a mi entender le sobra escaparate. Le sobra esa pátina de glamour que ofrece la bahía y sus alrededores porque no es tiempo para ello. Es tiempo de reconocer que primero hay que situar a la persona en su sitio: el que proclama su dignidad y su condición de ser humano. Los abalorios ya vendrán después, cuando las cosas pinten mejor y los mercados devuelvan su confianza en nuestra economía y, también, en la del vecino de enfrente.

Y a la persona habrá que decirle, otra vez y van unas cuantas, que papá Estado no significa pedir de forma permanente lo que no estamos dispuestos a ofrecer de manera intermitente. No preguntes lo que Norteamérica puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por Norteamérica, dijo una vez el asesinado presidente JFK. Pues eso, que sustituir Norteamérica por Donostia no es difícil de entender.

Dicho esto a nadie debiera temblarle la voz de la réplica si alguien dice aquello de que Donostia, hoy, es una ciudad sin proyectos y sin ambiciones. A estas alturas del curso, y con la que está cayendo, la mejor de las apuestas para una Donostia con futuro es garantizar que nadie será engullido por un fantasma al que nosotros ayudamos a crear. Que nadie tenga que pasar la noche al raso, pese a la existencia de centenares de pisos vacíos; que nadie pase hambre pese a que en los contenedores encuentran comida quienes nada tienen, salvo la necesaria agilidad para introducirse en ellos y hurgar a la búsqueda de lo que otros tiran.

Que sí, que me sueltas ahora el rollo de la cosa privada y tu legítimo derecho a acudir a los tribunales porque, al fin y al cabo, pagas tus impuestos para que te lo den todo hecho. ¿Y los que no pagan a nada tienen derecho?, pregunto.

Es lo malo del capitalismo democrático. Que los jueces son arte y parte; el legislativo es para echarse a llorar y el Ejecutivo…

Felices sueños.

votos comentarios
  • Mail
  • Meneame
  • Tuenti

Herramientas de Contenido


Cargando comentarios...

Gracias por su comentario

Publicidad

  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902