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Rajoy vuelve a apelar al 'tijeretazo' como estrategia, pone a todas las comunidades autónomas en su punto de mira y calla sobre cómo pretende generar actividad económica y empleo, si es que realmente lo sabe
Lunes, 9 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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qUIENES esperaban concreciones y detalles de índole económica en la alocución de Rajoy con motivo de la clausura del campus FAES, volvieron a quedar defraudados por la sempiterna indefinición de las intervenciones públicas del gallego, que, por cierto, compareció con Aznar bajo la alargada sombra de la imputación judicial de Rato y de Acebes por el escándalo de Bankia. Más allá de ratificarse en la próxima aprobación de medidas para reducir el déficit, por supuesto sin cifrar a cuánto ascenderá el nuevo tijeretazo, el presidente español se centró en arengar a los socios europeos y a las comunidades autónomas. En el primer caso, arrogándose una autoritas de la que carece en los foros comunitarios -no obstante, ha mendigado un rescate que, dígase lo que se diga, va a conllevar unas dolosas obligaciones para la ciudadanía- al urgir a la unión bancaria y fiscal de la que tanto se viene hablando en Bruselas; y, en lo que atañe al Estado de las autonomías, perseverando en un discurso netamente recentralizador, utilizando el señuelo de evitar duplicidades para justificar la involución en ciernes. Una cuestión esta última de gran trascendencia para Euskadi, pues, desde la evidencia de que el entramado administrativo debe ganar en eficiencia y eficacia, este afán jacobino no puede contravenir régimenes específicos como la foralidad y las instituciones vascas deberán actuar en consecuencia si se cercena en todo o en parte el autogobierno con la inminente reforma del Ejecutivo del PP. Si la perorata de Rajoy resultó decepcionante por la falta de concisión, todavía lo fue más por lo que obvió. Básicamente, cómo piensa generar actividad económica para a su vez coadyuvar al mantenimiento del empleo y aun a su expansión. Porque, una vez que la Administración ha perdido su fuerza tractora ante la sucesión de recortes, solo queda encomendarse al consumo privado y este ha quedado licuado por la generalizada congelación o rebaja de los sueldos, como también por el aumento de los impuestos -agravado por la subida del IVA en puertas- y de los precios de productos básicos hoy en día como la luz o los carburantes. En fin, que si Rajoy quiso tranquilizar a alguien con la puesta en escena de ayer con Aznar, perfectamente se la podría haber ahorrado.
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