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La propuesta de Donostia 2016 le ha coincidido a Fernando Bernués con la preparación de un gran proyecto, la versión teatral de 'El hijo del acordeonista', la primera producción vasca que en 18 años se escenificará en el Centro Dramático Nacional
r. pérez de anucita - Domingo, 8 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:27h
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El director de Tanttaka, en una entrevista reciente. (ruben plaza)
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donostia. Para Bernués, El hijo del acordeonista reúne parte del espíritu que debe presidir 2016: la unión de tres teatros públicos, subordinados a ayuntamientos gobernados por tres partidos políticos distintos, para impulsar el proyecto. La misma sintonía precisa la capitalidad, ese sueño que Bernués, entre otras muchas personas, hizo posible, aunque su humildad evite cualquier autoreconocimiento.
Donostia 2016 le debe una parte nada desdeñable de su victoria a su trabajo. ¿Se imaginaba como una pieza esencial de lo que contribuyó a conquistar?
No, he trabajado en momentos puntuales con el equipo, y es verdad que eso ha hecho que el proyecto se me vaya metiendo en vena, gracias al programa, al concepto, y por qué no decirlo, a la actitud de la gente que me encontré, que han trabajado muy coherentemente con lo que pregonaban. De ahí a pensar que me iba a llover una propuesta de coger el toro por los cuernos... no. Ahora hay un tiempo de trabajo por delante, para configurar un nuevo organigrama, ver cómo esta el programa cultural, poner a funcionar el corazón y el pulmón del proyecto, que se va a transformar mucho cuando la fundación esté en marcha entre noviembre y diciembre. Más allá no sé si seguiré; no digo que no va a haber continuidad, ni lo contrario. Tengo un contrato mercantil, de autónomo, para trabajar para el proyecto, luego ya veremos adonde nos lleva la vida.
¿Cuándo se lo propusieron?
Hace tres o cuatro semanas me preguntaron si estaría dispuesto. Tenían sus devaneos ideológicos y políticos. Yo no sé euskera como para trabajar públicamente, no pensaba que sería posible que me hicieran esta propuesta, pero me plantearon si había posibilidades con un acuerdo político claro de cómo afrontar el tema, una propuesta de un coliderazgo sensato en un proyecto con tantas aristas. Es muy razonable que haya alguien como Eva (Salaberria), con un perfil mas social e institucional, procedente del campo de participación, y yo del ámbito más artístico y cultural, independientemente, los contratos. No creo en las direcciones unipersonales e iluminadas, y menos en 2016. Tiene que ser un trabajo en equipo, en el que Igor Otxoa es fundamental y Santi (Eraso), también.
¿Qué le ha atraído de 2016?
Soy muy consciente de la tesitura social y económica y (2016 es) el único espacio desde el cual se va a poder trabajar cosas más ambiciosas y más interesantes, porque fuera de 2016 el panorama es de supervivencia. Es un espacio dentro del cual poder soñar, crear complicidades. Me encanta trabajar como freelance o independiente en el hecho artístico o cultural, pero eres un poco francotirador, vas solo, y 2016 es un espacio desde el cual podemos intentar mirar mas allá del día a día, que está francamente jodido. 2016 también va a pasar por ahí, pero su propia definición implica mirar a medio plazo y eso en los tiempos que corren es interesante. Eso me animó, que es un espacio que hay que cuidar, ser conscientes de que es una herramienta fantástica que no se puede emplear mal, y poder ser un brazo de los miles que tiene que haber para que la herramienta funcione.
¿Ha costado mucho convencerle?
He tenido muchas dudas, pero es una propuesta abierta, yo veré como está el programa cultural, porque desde hace un año no he tenido contacto directo, y si me gusta lo que hay entre manos. Sé que el proyecto en general sí, pero el programa no lo sé. A partir del lunes respiraré cómo están las cosas. A ver si nos gustamos mutuamente, a ver si la música nos suena bien y llegamos al guateque bailando agarrados, o no. Prudencia y pasión.
¿Qué ocurrirá con Tanttaka y sus proyectos personales?
Esto me pilla en un gran montaje, El hijo del acordeonista (basado en la novela homónima de Bernardo Atxaga). El trabajo gordo está hecho, pero seguiré teniendo tiempo para rematarlo, fue una de mis primeras condiciones, porque es un proyecto que me ha despertado mucha ilusión y esperanza. Y tiene que ver con lo que desde 2016 hay que impulsar: los tres grandes teatros públicos, el Victoria Eugenia de Donostia, el Arriaga de Bilbao y el Principal de Vitoria, junto con Tanttaka coproducen la función, y el Gobierno Vasco, desde la Fundación 2012, ayuda a la distribución. Un ayuntamiento del PP, otro de Bildu y otro del PNV en torno a una misma producción no es algo que pase fácilmente y hay que cuidarlo. Por eso, en este momento mi contrato es de prestación de servicios. Creo que lo que hacer en 2016 no es estar 20 horas en la oficina, sino clarificar el panorama y tomar decisiones de cómo ir arrancando.
Si no hubiera habido consenso entre las tres instituciones sobre su nombramiento...
No habría tenido ningún interés. Sería intentar trabajar contra alguien, y eso no puede ser. 2016 tiene que ser la materialización de la cultura como un marco de encuentro, tener la capacidad de vivir el acuerdo y el desacuerdo, no desde la confrontación sino desde el enriquecimiento. No espero que sea una balsa de aceite, pero sí que se vivan los problemas sin la negación del otro. Si partes de una situación de no consenso y alguien no quiere que estés, no tengo ningún interés en trabajar. Me alegro de que 2016 siga siendo un espacio en el que haya una clara voluntad política de llegar a acuerdos. Estoy encantado de que uno de esos acuerdos lleve mi nombre, pero agradezco públicamente que se preserve 2016 como uno de esos valores esenciales para que no prevalezcan los intereses partidistas. El esfuerzo que he visto políticamente ha sido muy intenso, y a nuestros políticos hay que reconocérselo cuando se lo pelean. Me alegro de que 2016 siga contando con la complicidad de todos los grupos.
¿Qué le han pedido? ¿Qué esperan que aporte?
Ellos buscaban un organigrama en el que se sintieran cómodos, y han propuesto un coliderazgo que me parece muy razonable. Nos han pedido la fórmula de un organigrama y de un esquema de funcionamiento, decidir qué puestos y qué perfiles son necesarios, cuál es ese equipo indispensable para que el proyecto empiece a andar, y a la vez ir pensando las líneas de acción, ver qué se pone en marcha y qué mecánica existe en cada proyecto. Sería importante que la fundación se conforme para finales de mes, y en septiembre, lo más tardar, que se puedan definir las necesidades y los perfiles de gente para que pueda salir la convocatoria pública, en noviembre mejor que en diciembre, y esté definitivamente en marcha. Ese es el encargo.
Desde su punto de vista, ¿qué tiene que ser 2016? La cultura está sufriendo mucho. En esta travesía por el desierto, ¿qué puede hacer la capitalidad por ella? ¿O habría que preguntarlo al revés?
2016 tiene que ser una herramienta, un espacio donde podamos trascender la miseria inmediata, que permita unos procesos más relajados, complejos y abierto. Todas las realidades de la creación se enfrentan ahora a cómo mantener sus estructuras, por pequeñas que sean, cuando todo el mundo está pensando en las lentejas de hoy al mediodía, ni siquiera las de mañana. Hay que repensar, ensayar y crear caminos y fórmulas, posibilitar ese espacio para arriesgarse, más allá de la rentabilidad inmediata, a partir de crear encuentros y compatibilidad entre distintos, entre estructuras que no se han encontrado. Para eso hace falta tiempo; por ejemplo, el proyecto de El hijo del acordeonista no se ha gestado en quince días, la primera reflexión con alguno de los teatros la hice hace dos años. Eso nos puede ofrecer 2016: el tiempo para accionar cosas que a priori supongan otras vías. La candidatura es donostiarra pero tenemos que hacer que Euskadi tenga un sitio importante, y aprovechar para que los encuentros con Europa y las dinámicas sean más fáciles. En la primera presentación de la candidatura, (el músico) Iñaki Salvador dijo algo sobre que cuanto más ventanas se le abrían, mas le invitaba a quedarse. 2016 tiene que ser eso: una ventana, muchas puertas a otras realidades que haga que esta realidad sea más apetecible, más intensa y más palpable. Traducir esto a la acción no es fácil, pero es una oportunidad por la que merece la pena jugarse el tipo.
Gracias por su comentario
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