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La iniciativa Glencree ha conseguido sentar en torno a una mesa a víctimas de diferente signo y, además, hacer que debatan y alcancen acuerdos de mínimos. Para Galo Bilbao, miembro del equipo dinamizador, la experiencia "oxigena" los habituales mensajes en torno a esta materia
a. arambarri - Sábado, 7 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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Galo Bilbao, momentos antes de la entrevista. (jose mari martinez)
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DONOSTIA. La iniciativa Glencree, que toma su nombre de la localidad norirlandesa donde se celebraron los primeras sesiones con víctimas de distinto signo, se presentó en sociedad el pasado 16 de junio tras casi un lustro de trabajo llevado a cabo con total discreción. Entonces, damnificados por la violencia de ETA, GAL o BVE, pero también personas que han sufrido malos tratos en comisaría o que han sido objeto de amenazas comparecieron conjuntamente para exigir el reconocimiento del daño causado y la asunción de responsabilidades por parte de todos los perpetradores. Sin distinciones.
El primer encuentro en Glencree data de diciembre de 2007, pero la iniciativa tiene mucho trabajo de cocina. ¿Qué pensó cuando le propusieron participar?
Empezó hace justo cinco años, en julio de 2007, que es cuando la Dirección de Atención a Víctimas del Gobierno Vasco me propone participar en una experiencia entre víctimas de distinto signo para ver las posibilidades de relación entre ellas y como interactúan. La sensación inicial fue que era un proyecto muy interesante, pero a la vez problemático y fácil de fracasar.
¿Cómo se lleva a cabo el proceso de selección de participantes?
Partiendo de la sugerencia de la Dirección, desde el equipo dinamizador nos ponemos a trabajar elaborando el proyecto, y en ello entra el qué tipo de personas van a participar. Se elaboran una serie de criterios, de referencias que guían la búsqueda de personas dispuestas a desarrollar la iniciativa. No es tanto seleccionar personas, sino encontrar gente dispuesto a participar y que entre todos cubran un mapa determinado con unas características.
Se fijarían en algún modelo para poner en marcha la iniciativa, ¿la propia Irlanda, quizás?
Puede, aunque solo como motivación o inspiración a la idea original (corresponde a la Dirección). Suena extraño, pero no se ha intentado copiar ni inspirarse en otras experiencias de este tipo. Puede que sea un poco osado, pero se intenta ser una iniciativa que surge a partir de las condiciones de aquí y no asimilados procedentes de otros lugares.
¿Qué metodología empleaban en las reuniones? ¿O era simplemente sentarse y ponerse a hablar?
La metodología plantea que la narración personal directa de la victimación y de las consecuencias de la misma, hechas por las personas que la han padecido, supone para los demás un descubrimiento que les desbloquea de todo aquello que podría suponer prejuicios o planteamientos ideológicos que les dificultasen el acercamiento. Cuando se descubre que todo lo que rodea ese acto de victimación es tan similar en unas como en otras, hay un acto de reconocimiento mutuo natural y casi inmediato. Todo eso acompañado de otras dinámicas, unas más formales y otras más informales.
Entre estas últimas, parece que los participantes otorgan una gran importancia a la propia convivencia.
Es un elemento muy valioso, sí. El hecho de que se haga un traslado muy largo hasta Irlanda, con aviones, que generan un montón de anécdotas, de situaciones... Todo eso configura una convivencia que forma parte de la iniciativa.
En el escrito en el que dan a conocer la experiencia subrayan la necesidad de romper los actuales estereotipos de víctimas.
Esos estereotipos estaban en los propios participantes, pero aquí se rompen, se caen las vendas ideológicas por la fuerza de la relación humana que hace que estas mismas personas asuman como un referente básico de la experiencia el que lo suyo es emitir una palabra que descoloque, que sea un poco escandalosa respecto a esos estereotipos que funcionan muy bien para que vivamos tranquilos en nuestros propios contextos, pero que ocultan una realidad que es necesario hacerla aflorar.
Despolitizar a las víctimas supondría un paso de gigante a la hora de equiparar sufrimientos, ¿no?
Si se hace una lectura prepolítica, ética y humana de esos acontecimientos es más fácil descubrir la similar injusticia que se ha padecido y que por tanto demanda equitativamente el mismo tratamiento, el resarcimiento de los mismos derechos.
Habrán vivido también momentos duros, de tensiones...
Constantemente. Cada uno narra su experiencia como es capaz de hacerla, y eso incluye valoraciones ideológicas a veces difícilmente asumibles para quien está escuchando. Sin embargo, al mismo tiempo también se produce la posibilidad de descubrir la igualdad radical en la injusticia padecida, en el sufrimiento injustificado que se vive, y por lo tanto son elementos que se equilibran mutuamente. Además, los profesionales que acompañan la iniciativa tienen que ser capaces de canalizar todo eso adecuadamente, y también cuenta la retroalimentación del resto de personas que con el paso de las horas hacen gestos positivos.
Parece que han logrado que los participantes empaticen y aprendan a ponerse en el lugar del otro.
Cuando el proyecto se pone en marcha, los objetivos son más modestos que eso. En primer lugar se busca ver si es posible ese tipo de relación entre víctimas de distinto signo y cómo se lleva a cabo la convivencia, la interacción y el debate. Un segundo objetivo, mucho más modesto, es que si eso es posible, ese grupo de personas puede dar su opinión y valorar lo que son medidas concretas e iniciativas que la propia Dirección de Víctimas va emitiendo.
Pero se llega hasta la empatía.
Sí. Resulta que lo verdaderamente significativo es el descubrimiento de que esa empatía que se produce en la escucha de los testimonios es capaz de dar una calidad especial a la relación que se produce entre estas personas, al reconocimiento mutuo, incluso a la valoración que se puede hacer de las iniciativas.
Una de las características que más llaman la atención de esta iniciativa es la discreción con la que han trabajado. ¿Cómo lo han conseguido?
La gente que ha participado es consciente de que parte importante del éxito viene de la no interferencia de planteamientos de tipo político que vienen al hilo del conocimiento de la misma. Luego también es cierto que quienes hayan podido llegar a tener conocimiento han colaborado positivamente no publicitándolo.
El grupo ha trabajado aislado del mundo, pero éste ha seguido girando. ¿Cómo influían los acontecimientos sociales, políticos... en el trabajo de la iniciativa?
Había algo así como una juramentación por parte de los participantes de que los acontecimientos que ocurriesen durante el desarrollo de la misma no iban a influir negativamente en ella. De hecho, recuerdo que hubo un atentado de ETA que creo que se produce en la misma semana en la que iniciamos la primera experiencia. Este tipo de cosas están presentes, pero la voluntad de todos es que no influyan.
Luego había que salir de ese aislamiento y volver a la realidad.
Durante las sesiones se han generado condiciones especiales que no son las habituales en las que nos movemos. De lo que se trata es que esto que hemos sido capaces de vivir en unas condiciones peculiares, tenga algún tipo de traducción en las circunstancias cotidianas por muy duras y difíciles que sean.
¿Habían previsto hacerlo público?
No estaba en el origen del proyecto. Es el momento final del descubrimiento de que eso que se ha vivido merece la pena ser contado, que se quiere hacer un relato para contárselo a nuestros familiares, amigos o gente cercana que no sabe exactamente qué es lo que hemos hecho, aunque sin querer dar lecciones a nadie. Esto oxigena bastante los mensajes que habitualmente aparecen en los medios de comunicación sobre este tipo de cuestiones.
El contexto político actual, sin embargo, no parece muy proclive a aceptar este tipo de mensajes.
Es cierto, aunque también tengo que decir que la acogida social y política que se ha dado a la iniciativa parece que por lo menos ha sido tan respetuosa que todos se han dado cuenta de que es difícil darle un uso político propio diciendo esto viene a convalidar mis hipótesis. Luego, ha habido decenas de ciudadanos que se han puesto en contacto con los del grupo dinamizador y las propias víctimas para decirles que tenían ganas de escuchar cosas como ésta.
De cara al futuro, ¿se ha planteado dar continuidad a la iniciativa, extenderla a más víctimas, por ejemplo?
La experiencia ha cubierto su recorrido, no pretende ir más allá. Ya ha llegado a donde quería, ahora corresponde a las personas que han participado continuar con la tarea en sus lugares de origen. Lo hemos vivido de verdad, y ahora vamos a experimentarlo en nuestro ambiente.
En su papel de observador, ¿qué cree que les ha podido aportar la experiencia a los participantes?
Han descubierto en muchos momentos un afán de superación, un deseo de asumir riesgos, dificultades... Por su disposición, por su generosidad a que lo que ha ocurrido entre nosotros respecto a la que violencia no tiene que seguir ocurriendo, que hay que acabar con ello y que, además, hay que vacunar a la sociedad y a las nuevas generaciones de todo el odio, rencor y dolor que ha provocado. Por último, también se percibe que la experiencia, aunque era una llamada a un trabajo, ha supuesto un beneficio para las propias personas que hay que valorar.
Gracias por su comentario
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