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El Tour muerde a Euskaltel

alain laiseka - Sábado, 7 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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Peter Sagan celebra el triunfo, el tercero en el presente Tour, en la sexta etapa, con final en Metz.

Peter Sagan celebra el triunfo, el tercero en el presente Tour, en la sexta etapa, con final en Metz. (efe)

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ÉPERNAY-METZ

. Peter Sagan (Liquigas) 4h37:00

. André Greipel (Lotto) m.t.

. Matthew Goss (Orica-GreenEdge) m.t.

General

. Fabian Cancellara (RadioShack) 29h22:36

. Bradley Wiggins (Sky) a 7".

. Syilvain Chavanel (Omega Pharma) m.t.

Etapa de hoy: 7ª etapa (Tomblaine-La Planche, 210 km; ETB-1, 14:15).

metz. "En el Tour todo lo que no sea romperte algo en la primera semana es bueno", dice Samuel por la mañana en Epernay, donde el champagne que el líder de Euskaltel se resiste a descorchar para celebrar la supervivencia en la semana del máster de anatomía, escafoides, tibias y clavículas partidas, porque insiste como insiste siempre que el Tour se corre todos los días para no perderlo. "Es una guerra de guerrillas", abunda. "Y la de hoy, por carreteras estrechas, repechos, bajadas", prosigue Gorka Gerrikagoitia, un director temeroso como deben de serlo los precavidos, "es una de las peligrosas". Parecen saber de lo que hablan.

Unas cuantas horas después en Metz, la cara de Samuel, salpicada de gotas negras de la suciedad de la carretera, es un drama de Esquilo. Jesús Aizkorbe, el jefe de prensa de Euskaltel, le va recitando al oído el guión de la tragedia. Le habla de un codo roto, de una clavícula hecha añicos y una tibia abierta en canal. "Es lo que te vengo diciendo todos los días", lamenta el asturiano ante un periodista pese a que él está intacto, ha salido ileso, sin un rasguño de la carnicería que se desató cuando el pelotón corría por entre los bosques oscuros, las carreteras rugosas y estrechas de la Meuse. Por ahí está Verdun, que aún suena a cañonazos, a disparos, al lamento final de los moribundos de la última gran guerra. Cuentan que fue una de las batallas más sangrientas. Como la de ayer en el Tour.

"Y mira que lo habíamos avisado", llora con palabras Gerrikagoitia, que cuando le preguntan cómo anda de ánimo dice que "triste, triste, triste". Un lamento por cada uno de los caídos. Tres: Astarloza, Txurruka y Verdugo.

A 80 por hora El Tour le dio un buen mordisco a Euskaltel en el lugar donde temía Gerrikagoitia que podía suceder. "En el kilómetro 181, tras coronar un repecho y lanzarse cuesta abajo por la colina". Por allí, el pelotón volaba a 80 kilómetros por hora. Dicen que el detonante fue un bandazo y que, después, irremediablemente, todo saltó por los aires. Ocurrió delante y se libraron unos pocos. Samuel, bien protegido uno de ellos, pero también Evans, Nibali, Menchov o Wiggins. Los que venían por detrás se chocaron contra un muro y se quedaron por ahí. Atrapados.

Del Movistar no quedó ninguno en pie. Valverde estaba tirado en el suelo, ovillado entre cuerpos de carbono y huesos, envuelto en sangre, grasa y la tierra húmeda y sucia de la carretera. Estaba ahí, tirado, tratando de desenredarse para reemprender la marcha, cuando un ciclista llegó volando y le cayó encima, sobre la cadera. Era lo que más le dolía cuando llegó al abrigo del autobús. Eso y el orgullo. Tenía un cabreo monumental. "La gente va como loca", bramó abatido en las escaleras. "No controlan, no frenan cuando ven el peligro. Hay que tener más respeto por la vida. ¡Pero si en la segunda caída -ya se había visto implicado en otra al principio de la etapa- íbamos a 80 por hora! Parece que todos pueden ganar el Tour. Quieren estar adelante y lo hacen metiendo el manillar. En fin, el Tour es así, queda mucho y esto aún no ha acabado". Además de los golpes, Valverde se dejó 2:09 con Samuel y el resto. "Son dos minutos, es importante, pero solo es tiempo, lo peor son los golpes. A ver cómo duermo y recupero". Valverde, ya se dejó el chasis contra el suelo en el Tour de 2008, después de ganar la primera etapa y ser líder varios días. No durmió bien durante algunas noches. Le picaban las heridas, le escocían. Así no se puede descansar, así que se pasaba las madrugadas en vela. En la primera etapa de montaña, en el Toumalet, perdió la rueda del Tour. Estaba consumido.

A Metz fueron llegando más heridos. Imanol Erviti tenía la ropa hecha trizas y el cuerpo en carne viva. Resoplaba, tenía la mirada negra y ninguna gana de hablar. Normal. El navarro no saldrá hoy después de que ayer fuese ingresado en el hospital para ser operado de una herida profunda y sucia en la pierna. Como Iván Gutierrez, que tuvo que subir escoltado las escaleras del autobús. Gesink, que se dejó 3:31, entró hecho unos zorros. Como Frank Schleck, que entre la caída, el cambio de bicicleta y la reacción se dio por satisfecho con entrar en el grupo de Valverde. "Todos sabemos lo que va a ocurrir y aún así, ocurre. Es algo que no se puede evitar", dijo el mayor de los hermanos luxemburgueses. Freire, golpeado en las costillas, se quedará tres días hospitalizado, donde se le Fractura de costillas con perforación de pleura.

Así, hoja a hoja, fue escribiendo el médico del Tour la crónica negra en su cuaderno de hojas blancas.

Una de ellas la llenaba Euskaltel-Euskadi. El doctor apuntaba el dorsal y, separado por una raya, la avería: 37, Txurruka, clavícula; 39, Verdugo, pierna; 32, Astarloza, codo. A Txurruka le atendió en el autobús, le colocó el brazo derecho en cabestrillo y le mandó para el hospital. Allí le dijeron lo que imaginaba. Estaba rota. Es la cuarta clavícula del vizcaino, tres de ellas en el Tour y una en la Vuelta al País Vasco. Lloraba. Como para no. A Verdugo le retiró la venda y le dejó a la vista una grieta de unos 15 centímetros. En medio se veía el hueso, la tibia. Al navarro le preguntaron si quería que se lo cosiesen ahí mismo, en el autobús. Dijo que no. Se fue con Txurruka al hospital de Metz.

A Astarloza no le pudieron examinar en el autobús. No estaba. No llegó. Se quedó en la bajada de la carretera estrecha, sintiendo como el aliento frío de los bosques tenebrosos le secaban el sudor. Estaba ahí quieto, de pie, con el codo derecho fuera, esperando a que llegase la ambulancia y le sacase del Tour. Lo hizo en dirección a la clínica Emile Gallé de Nancy.

Gerrikagoitia no lo podía creer. "Tres en un día", repetía. "Fíjate si he dicho veces lo importante que es para un equipo perder a un corredor. Pues imagínate tres de golpe y de esta manera tan dolorosa". En lo malo, el director vizcaino miró a Samuel, fresco, entero y en forma, y quiso consolarse. "Lo bueno de esto es que él ha salvado la primera semana y llega bien a la montaña", dijo. "¿El tiempo con Valverde y estos? No le doy más importancia. Siempre he dicho que el tiempo se puede recuperar pero que de un golpe…".

Entre tanto revuelo, casi nadie prestó atención a la tercera victoria de etapa de Sagan, esta vez, al vencer en un sprint puro a dos forzudos como Greipel y Goss, después de que a Marcato se le rompiese la cadena y volviese a sembrar de pánico el pelotón del Tour, mutilado en un descenso de la Meuse.

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