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Editorial

Morir en el tajo

La muerte de un hombre de 27 años en una empresa de Zumaia, en la que también 11 personas resultaron heridas, vuelve a poner en la primera línea de las prioridades la lucha contra la siniestralidad laboral

Jueves, 5 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:24h

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UN trabajador zumaiarra de 27 años muerto y otros 11 heridos es el trágico balance del último accidente laboral en una empresa vasca. Los hechos tuvieron lugar en el polígono industrial Joxe Mari Korta de Zumaia, cuando el fallecido se precipitó al interior de una cubeta de fermentación y sus compañeros que acudieron a localizarle sufrieron problemas respiratorios por la emanación de gas metano. Aún faltan por conocerse más detalles de las circunstancias del trágico incidente, aunque ya hay voces desde los sindicatos que denuncian las precarias condiciones de los planes de prevención de la empresa ante las peligrosas emanaciones de los residuos alimenticios que se manipulaban en la planta y, al hecho de que todo indica que el fallecido había perdido la vida en el desempeño de sus tareas habituales en el depósito de los deshechos. Queda para una investigación posterior delimitar las responsabilidades de cada cual pero no es aventurado afirmar que un accidente laboral, más aún con resultado de muerte, es un fracaso colectivo sin paliativos. En primer lugar, para la empresa en caso de que no haya puesto todos los medios a su alcance para garantizar la integridad de sus trabajadores y trabajadoras en el ejercicio de sus tareas. Y para estos, que son quienes en un momento dado se pueden llegar a jugar la vida en su habitual jornada de trabajo. Y el de ayer no puede considerarse un caso aislado si se tiene en cuenta que, en lo que va de año, al menos 27 personas han fallecido el accidentes laborales en Euskal Herria, un dato demasiado grave y escandaloso como para asumirlo como un aspecto más de la vida laboral. Las últimas estadísticas destacaban un descenso de la siniestralidad, aunque habría que profundizar en las razones ya que la caída de la propia actividad económica (especialmente en sectores donde hay más accidentes por una mayor temporalidad de la mano de obra) esté induciendo a un falso optimismo. Euskadi registró 81.149 accidentes laborales en 2011, un 8% menos que el año anterior, pero murieron 61 trabajadores, una cifra que fue mayor que en 2010, cuando se contabilizaron 58 fallecidos. Cifras excesivamente frías ante el drama humano y familiar que supone perder la vida en el trabajo, algo que debería quedar erradicado definitivamente de las estadísticas.

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