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El Azkena Rock festival despide su undécima edición con buenas vibraciones a pesar del frío
Vitoria, Carlos González - Domingo, 17 de Junio de 2012 - Actualizado a las 05:28h
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Ozzy Osbourne, ya calado, en su regreso a Gasteiz. (Foto: alex larretxi)
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Todo lo bueno se acaba y el Azkena Rock Festival también, aunque la última tarde en Mendizabala dio para mucho y eso que el cansancio era más que palpable. Eso sí, al igual que el viernes, la primera cita de la jornada de ayer se produjo en la Virgen Blanca, con unos Dick Brave & The Backbeats que debieron de hacer algún pacto con el diablo para llegar en condiciones después de ser de los últimos en actuar en la madrugada anterior. Eficiencia alemana.
Su rockabilly y las citas de mediodía en otros espacios como el Jardín de Falerina o el Iguana condujeron al personal hasta el recinto del macroencuentro a eso de las seis de la tarde. El cambio fundamental era un frío que se fue haciendo más intenso a cada rato que pasaba con las nubes cerrando el cielo según avanzaban las actuaciones. Desde el primer momento, en casi todas las agendas figuraba el encuentro con Lynyrd Skynyrd, quienes, eso sí, también dieron para unos cuantos debates previos muy propios de estas ocasiones: que si no quedan casi miembros originales, que si qué más dará, que si...
Pero antes de su aparición en Mendizabala pasaron muchas otras cosas. Para empezar unos North Mississippi Allstars Duo de los que solo se puede decir que estuvieron espectaculares. La conexión con el público fue instantánea y su cortísimo paso por el ARF sirvió para empezar la tarde por todo lo alto con un Luther Dickinson que no pudo utilizar más guitarras en menos tiempo. Apareció también un Frank Turner sobre el que había bastante curiosidad a tenor de su éxito en tierras inglesas aunque se quedó en la orilla (algo a lo que tampoco ayudó un sonido demasiado bajo). En paralelo, Salli Ford & The Sounds Outside ofreció un más que curioso concierto (bueno, tan singular como su voz), dejando la sensación de que una gira por salas le vendría mejor.
Siguiendo la tarde de nombres propios apareció un M Ward que regresaba a Gasteiz para desquitarse de su brevísimo paso junto a Norah Jones hace unos años. El norteamericano lo intentó y no hay duda de que calidad tiene, pero tal vez ese momento del festival requería otro enganche con el público, así que unos cuantos prefirieron dejarse llevar hasta el tercer escenario para disfrutar con un Lee Fields que es todo soul y rhythm and blues. Lo suyo duró demasiado poco para todo lo que este hombre estaba dando en un recinto que contaba los minutos para la presencia de los Lynyrd.
Entre discusiones por momentos surrealistas sobre cómo se pronuncia en realidad el nombre del grupo de Jacksonville, el personal se fue poniendo a tono para un concierto que fue un regalo, con los dos broches de Sweet home Alabama y Free bird, himnos inolvidables más allá de generaciones y fronteras físicas.
En paralelo a ellos actuó Dan Stuart, de Green On Red, aunque poco se puede decir puesto que los Lynyrd lo acapararon todo. Después fue el turno de My Morning Jacket, The Union, Hank 3, Charles Bradley, The Darkness, Triggerfinger y Brian Jonestown, pero eso ya sucedió cuando este periódico se estaba convirtiendo en papel, así que tiempo habrá mañana de contarlo junto al balance de una edición que ya es historia.
El embrujo de mars volta
Versión mejorada de Ozzy
En la final de la noche del viernes, la vuelta de Ozzy Osbourne estaba en boca de todos. Ya no valían los lamentos por lo de Black Sabbath, así que había que concentrarse en este regreso, doce meses después, al mismo espacio y con un listado de canciones que, en varios casos, fue igual. Y el cantante cumplió con los rituales: manguerazos, cubos de agua, algún que otro efecto pirotécnico, saltitos, gritos y un no pararse quieto con esa figura que parece a punto de desmontarse al mínimo tropiezo.
El personal entró rápido en la historia, unos porque le tenían ganas a la actuación y otros por aplicación de la lógica consistente en: de perdidos, al río. Lo curioso es que esta versión de Ozzy fue un poco mejor que la de hace un año y eso que esta gira se ha montado con lo justo para salvar el problema de los Sabbath (en Gasteiz no faltó Geezer Butler). Es verdad que al llamado Príncipe de las Tinieblas se le fue descontrolando la voz según pasaba el show, pero mantuvo el tipo mejor de lo esperado uniendo temas de su época en solitario con los de la mítica banda.
Con The Mars Volta se abrió otra dimensión. Antes de nada, decir que a la mayor parte de los presentes le resultó ajena la propuesta de Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala (que volvió loco a técnicos y a cámaras) como era de esperar. Su capacidad de riesgo, de ir más allá, de creación de universos inalcanzables, de rock que parece del siglo XXII no es para el gran público porque, además, no lo pretende. En el filo que ellos proponen son pocos los que aceptan el riesgo, sin que eso descalifique a los que no entienden su propuesta. Pero hay proyectos en el hecho creativo (más allá de la música) que deben existir y éste es el caso.
Gracias por su comentario
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