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Varios Afectados pegan sus fotografías en Donostia para concienciar a la sociedad
Quieren que todo el mundo conozca el calvario que viven al no poder pagar la hipoteca y correr el riesgo de perder sus casas
Elene Arrazola - Domingo, 13 de Mayo de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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Integrantes de la plataforma Stop-Desahucios pegan sus fotos, ayer, en el frontón de la plaza de la Trinidad de Donostia. (javi colmenero)
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Donostia. A diario, dos familias guipuzcoanas son desahuciadas por no poder hacer frente a la hipoteca de sus hogares. Y más de lo mismo en Bizkaia, Araba y Navarra. Según cálculos del Consejo General del Poder Judicial, el pasado año se efectuaron 2.400 desahucios en Euskadi, una situación que podría repetirse durante este ejercicio, en vista de la coyuntura económica actual.
Ayer, varias personas afectadas por procesos de desahucios se reunieron en Donostia para participar en una curiosa iniciativa del festival Rompeolas de la Candidatura de Donostia Capital Cultural Europea 2016. Inspirados en una actividad similar llevada a cabo en Barcelona, varios integrantes del colectivo Stop-Desahucios se reunieron en la plaza de la Trinidad para poner cara, literalmente, a los desahucios.
Para ello, fotografiaron a 17 afectados y pegaron sus retratos en el frontón de la plaza con el propósito de "fomentar la conciencia social".
Uno por uno, Sandra Córdova, Iñaki González, Mari Carmen Márquez, Ane Martín, José Manuel López y otros afectados posaron para la cámara, se subieron a una escalera y pegaron su fotografía de enormes dimensiones en la pared. Porque quieren que todo el mundo conozca su calvario.
El testimonio de los afectados
"No hay manera de encauzarlo"
La chilena Sandra Córdova fue una de las protagonistas de la jornada. Tal y como recordó, su pesadilla se remonta a unos pocos años atrás, cuando, después de trabajar "lo impensable" en fábricas, conserveras y limpieza de hogares, se animó a comprar una vivienda para residir junto con tres de sus hijos en Mutriku. Disponía de unos pocos ahorros y los invirtió en un piso casi en ruinas que tuvo que reformar íntegramente. Pero, inesperadamente, el volumen de trabajo bajó y sus ingresos descendieron hasta el punto de no poder pagar el crédito hipotecario. Han pasado varios meses desde entonces, y hoy espera angustiada una orden de desahucio que la dejará en calle con sus hijos y su actual marido, todos en paro. "Hemos intentado encauzar el problema con el banco, pero no hay manera", cuenta con desesperación, consciente de que cuando eso ocurra su cuñado también se verá afectado por ser el avalista de su vivienda.
Ane Martín y su familia se enfrentan a un escenario similar. Después de seis años pagando el crédito de la casa, su situación económica se vio resentida por la crisis y comenzaron los problemas para hacer frente a las mensualidades. Su marido continuó trabajando, pero ella tuvo que quedarse en casa para cuidar de su hijo minusválido de cuatro años. Pese a la ayuda prestada por sus progenitores, los números siguen sin cuadrar y el banco les reclama el dinero prestado. Si no alcanzan un acuerdo, la entidad se quedará con su casa.
José Manuel López ya tiene una fecha: el 18 de julio será desahuciado del piso en el que reside en Pasai San Pedro junto a su esposa y sus cuatro hijos, todos en desempleo. En su caso, el origen del desastre fue una operación de rodilla que lo incapacitó para seguir trabajando como mayorista de pescado. Desde entonces, la pensión de 570 euros no le da para pagar el piso. Si su mujer o alguno de los hijos no consigue un empleo en las próximas semanas serán desahuciados y no saben adónde recurrir. Su única esperanza es que el banco no subaste el piso y les permita seguir viviendo en él como inquilinos.
Familias enteras en peligro
"No me puedo ni separar"
Iñaki González y Mari Carmen Márquez tampoco pierden la esperanza. Confían en que el banco aceptará saldar la deuda con la dación de sus pisos. A él le reclaman el dinero de la hipoteca que contrató con el fin de habilitar un apartamento para sus hijos. Sus planes fracasaron y el inmueble fue embargado, pero la deuda sigue pendiente. Ahora corre el riesgo de perder la casa en la que reside con su exesposa. "No podemos vivir separados porque no tenemos dinero y ahora me quieren quitar también la parte que tengo en esa casa", se lamentaba.
Mari Carmen Márquez tampoco era capaz de hacer frente al crédito de su piso ni a los 90.000 euros que faltaban por pagar en el de sus aitas. Ante esta situación, decidió vender su casa, pero las cifras siguen sin cuadrar. Tiembla al pensar que ella, con su marido y sus dos hijos, pueda quedarse en la calle, pero no quiere ni pensar que lo mismo podría ocurrirles a sus padres octogenarios.
Gracias por su comentario
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