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aranburu
recibió en su despedida todo el calor y el reconocimiento de la afición y de sus compañeros
donostia, marco rodrigo - Domingo, 13 de Mayo de 2012 - Actualizado a las 05:27h
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Los jugadores de la Real rodean a un sonriente Aranburu al término del choque del sábado en Anoeta. (ruben plaza)
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hABÍAN pasado pocos minutos desde las seis y cuarto de la tarde. El autocar de la Real llegó a Anoeta, a cuyas puertas le esperaban tres centenares de seguidores. El vehículo se detuvo y abrió sus puertas. Bajó Montanier. Lo hizo después su traductor, Iñigo Cortés. Y entonces vino el vacío. El autocar, prácticamente lleno. Las puertas, abiertas. Y la gente, esperando. Fue cerca de un minuto de motín a bordo. Motín en el sentido positivo. Porque la plantilla lo tenía claro. El primero en bajarse de ese autocar tenía que ser Aranburu. Y el azpeitiarra tuvo que pasar por el aro.
Fue solo el comienzo de una tarde que el capitán txuri-urdin nunca olvidará. Seguro que los homenajes que recibió resultaron excesivos para una persona discreta como él, poco dada a la parafernalia, pero queda claro que fueron merecidos y que estuvieron a la altura de las circunstancias. Resultó un reconocimiento a lo guipuzcoano, sin grandilocuencias, pero sentido, sencillo, emotivo y efectivo. Porque a Aranburu consiguió tocársele la fibra sensible, y darle un adiós a la altura de las circunstancias.
prolegómenos
Lo programado
El homenaje protocolario a Mikel Aranburu, el programado, tuvo lugar antes del partido. Los suplentes y los no convocados, lesionados incluidos, lucieron una camiseta conmemorativa. Los titulares saltaron al césped con la elástica txuri-urdin, con el 11 a la espalda. Y Real y Valencia lo hicieron además acompañados por los infantiles del club txuri-urdin y el Lagun Onak, los dos equipos del capitán.
Este salió al campo acompañado de Jokin Aperribay, y desde el centro del campo asistió a un vídeo de reconocimiento a través de los marcadores. Después, acompañado de su pareja Maialen y de su hijo Oihan, nacido hace unos meses, escuchó los bertsos de Amets Arzallus y Ion Maia, para terminar recibiendo la insignia de oro y brillantes de manos del presidente. Finalmente, llegó la foto de familia junto a todos sus compañeros.
el partido
Sustituido en el 75
A través de las redes sociales se había programado una ovación para el minuto once, que no tuvo excesivo éxito. Sin embargo, el encuentro se desarrolló en presencia de decenas de pancartas conmemorativas. "Erreala beti izango da zure etxea", rezaba una ubicada en la zona de la Peña Mujika.
En lo que al juego se refiere, el azpeitiarra no entró demasiado en juego en la primera parte, aunque siempre que lo hizo se llevó los aplausos de la grada. Poco antes del descanso, un rechace comprometido del guardameta le cayó al azpeitiarra en la frontal del área, aunque, en posición forzada, no pudo controlar. Más clara fue su ocasión en los primeros minutos de la segunda mitad, en un cabezazo en el segundo palo a centro de Vela que Alves desvió a córner. Tras un zurdazo que se le fue alto en el 74, Montanier le sustituyó por Rubén Pardo, en un cambio que resultó significativo, un relevo entre el ya pasado y el futuro de la Real. Ni qué decir tiene que la ovación de Anoeta resultó atronadora.
tras el pitido final
Lo que Mikel quiso
Después del partido, la plantilla dio rienda suelta a la improvisación. Y, en ese sentido, estaba claro que los compañeros estaban por la labor, y que todo quedaba a expensas de lo que el capitán, dentro de carácter discreto, permitiera. Al final, Mikel se portó. Porque permitió que la plantilla le manteara, se atrevió con un breve parlamento, y lideró después la vuelta de honor de todo el equipo al terreno de juego, bajo los acordes de Mikel Laboa. Ninguno de los más de 27.000 espectadores que acudieron a Anoeta, en lo que fue una fenomenal entrada en el cierre de la campaña, se movió de su localidad, y despidió a Aranburu con la más calurosa de las ovaciones cuando este se retiró al vestuario a través de un pasillo formado por toda la plantilla txuri-urdin.
La noche terminó en el palco, donde el azpeitiarra fue agasajado con una cena en la mejor compañía. Asistieron a la misma familiares, amigos y excompañeros, cuya presencia supuso, en muchos casos, una sorpresa reservada al capitán realista. Estuvieron, entre otros, el alcalde de Donostia Juan Karlos Izagirre, el diputado general Martin Garitano, y una representación del Ayuntamiento de Azpeitia. No faltó la familia, con el aita Santi y la ama Manolo, sí como sus hermanos Lierni y José. Asistieron también exentrenadores de Aranburu en las categorías inferiores como Rafa Morales o Luis Landa, así como el expresidente del Lagun Onak Joxe Mari Eizagirre. No faltó el actual dirctor deportivo del club de Azpeitia, Aitor Zulaika, amigo íntimo de Mikel. Y no faltaron a la cita excompañeros como Gaizka Garitano, Igor Jauregi, Iker Sarriego, Agustin Aranzabal, Aitor López Rekarte, Gari Uranga, Zuhaitz Gurrutxaga, Mikel Exabe o Unai Egurbide. Todos ellos asistieron al aurresku que le bailaron a Mikel los miembros de su cuadrilla, que premió el final de una trayectoria, y supuso el inicio de una larga noche.
Gracias por su comentario
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