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Editorial

Tiempo muerto

López no aclaró ayer si agotará su mandato o convocará elecciones anticipadas, ya que vinculó su decisión al "cumplimiento" de unos objetivos que no se precisaron. Compás de espera en un escenario de soledad para el PSE

Miércoles, 9 de Mayo de 2012 - Actualizado a las 05:29h

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A la rueda de prensa prevista para ayer de Patxi López para dar cuenta de su gestión al frente del Gobierno Vasco le salió la víspera un intruso incómodo: la propuesta de su socio, Antonio Basagoiti, de dar por zanjado su pacto y su petición de convocar nuevas elecciones. Lo que se había previsto como una comparecencia para explicar los éxitos de la alianza entre socialistas y populares y lo que le restaba al año de legislatura, se convirtió en una aparición a la defensiva, consciente de que, a estas alturas, resulta imposible pensar en otros planes que no pasen por la convocatoria de nuevos comicios. Es obvio que la potestad para convocar elecciones le corresponde al lehendakari, pero el ejercicio de López de afirmar que nadie "desde la sombra" puede obligarle a disolver la Cámara vasca puede resultar baldío ya que se da la circunstancia de que, ante su soledad y estando todos en la sombra de la oposición, va a ser prácticamente inviable la propia tarea de Gobierno. De hecho, el propio López no aclaró si sus planes pasan por agotar su mandato o el adelanto electoral ya que condicionó su tarea a "seguir trabajando para cumplir los objetivos". Sin más detalles ni concreciones. Es inevitable pensar, por lo tanto, que el líder del PSE va a dejarse llevar por los avatares de la política y adoptará la decisión de convocar elecciones en función de las circunstancias o de la gestión de los tiempos que establezca su partido, toda vez que ha quedado en el aire cuáles pueden ser esos "objetivos" que López considera ineludibles antes de dar la orden de disolver la Cámara. Vista la característica del pacto antinatura al que sucumbió el PSE con tal de llegar a Ajuria Enea y desplazar al partido que más votos obtuvo en las elecciones de 2009, Patxi López tenía que haber calculado los efectos colaterales de erigirse en martillo pilón del frente opositor de las políticas de recortes de Rajoy. Era ilusorio pensar que el PP fuera a sostener mucho más a un gobernante que denunciaba sistemáticamente a su líder, máxime cuando ni el autogobierno ni el peligro de la recentralización del Estado han formado parte de la agenda de las preocupaciones de los socialistas vascos. Y eso lo han entendido muy bien los populares, que, negándole su apoyo, tratan de eliminar una voz crítica hacia sus planteamientos económicos. Unos y otros, en resumen, con la mente puesta en la política que se juega en un escenario muy lejano a Euskadi.

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