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El mensaje de los verificadores de que ETA condiciona el diálogo para su desarme a que se incluya la "desmilitarización" de Euskadi es preocupante, porque la banda armada confunde aspectos técnicos y políticos
Domingo, 6 de Mayo de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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CUANDO acaban de cumplirse seis meses de la declaración de ETA en la que la organización armada anunciaba el cese definitivo de sus acciones violentas, el proceso que debe encaminar a Euskadi hacia la paz definitiva y duradera se encuentra en un momento preocupante no solo de impasse y de falta de avances significativos, sino incluso de pasos atrás. La información de la que dispone la ciudadanía vasca en este sentido es escasa y no siempre llega con la debida claridad ni en el momento preciso. Coincidiendo con este semestre de ausencia de violencia, algunos de los protagonistas de ámbito internacional que impulsaron o facilitaron el escenario en el que hoy nos encontramos han regresado a Euskadi. Lo hizo a finales de abril el abogado sudafricano Brian Currin y ahora se encuentra en nuestro país la Comisión Internacional de Verificación del alto el fuego, encabezada por Ram Manikkalingam. En ambos casos, su presencia se ha hecho notar en una sociedad que se da por satisfecha con la ausencia de atentados pero que espera algo más en el camino a la paz y está ávida de noticias positivas en este sentido. Por ello, ha causado cierto desasosiego el mensaje transmitido el viernes por los verificadores, transformados casi en una especie de mensajeros de la postura de ETA. Al menos, esta vez se nos ha ahorrado la imagen de los encapuchados. Según anunció Manikkalingam, ETA está dispuesta a dialogar con los gobiernos español y francés sobre su desarme. Pero, para ello, vuelve a poner condiciones que se antojan inaceptables para el Ejecutivo español. Así, pretende ahora imponer en el diálogo la "desmilitarización" de Euskadi, entendida como la retirada del Ejército y de las Fuerzas de Seguridad del Estado. ETA vuelve a confundir su papel y trata de obtener un protagonismo en el ámbito político que ni tiene ni la sociedad vasca le otorga. Esa exigencia con respecto al Ejército y las FSE, compartida por gran parte de la sociedad vasca, no le corresponde tratarla a ETA. No es un aspecto "técnico" y no figura en la Declaración de Aiete, que habla textualmente de un diálogo "para tratar exclusivamente las consecuencias del conflicto". Supone un paso atrás, igual que la negativa del Gobierno de Rajoy a reconocer siquiera a la Comisión de Verificación. Y Euskadi merece y necesita pasos adelante.
Gracias por su comentario
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