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75º aniversario de los bombardeos fascistas >

Silencio para revivir el horror

El superviviente

Jesús Kortabitarte siguió con emoción la iniciativa 'Lau Minutu'

iñigo alberdi - Viernes, 27 de Abril de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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la tristeza se reflejaba en los ojos de Jesús Kortabitarte al escuchar el sonido de las sirenas que silenciaban todo Gernika y recordaban a sus habitantes la tragedia que vivieron con el infame ataque de la aviación fascista. Eran las 15.45 horas. La misma hora a la que, 75 años antes, sobrevolaron la villa los primeros aviones que transportaban la muerte en sus entrañas. En silencio, como las cientos de personas que se reunieron en torno a la fuente del Mercurio -o sobre el puente de Errenteria y la plaza San Cristóbal-, Jesús permanecía impasible mientras algunas personas echaban mano de sus pañuelos para secar sus lágrimas. Las suyas brotarían más adelante.

"Siento una emoción terrible cada vez que llega esta fecha y en estos minutos de recogimiento he recordado los aviones que vinieron, con pena, con las esperanza de que algo así no vuelva a ocurrir en próximas generaciones", reflexiona. Jesús Kortabitarte tenía tan solo 9 años aquel infausto 26 de abril de 1937. "Puede parecer que con esa edad uno no se puede acordar de nada, pero una cosa así no se olvida nunca", explica mientras las lágrimas asoman en sus ojos al traspasar la fina capa del recuerdo. A pesar de haber transcurrido ya 75 años, cuatro minutos pueden ser suficientes para recordar el horror que en forma de bombas lanzadas desde el cielo sufrió la localidad foral.

Los responsables de la iniciativa Lau Minutu hacían sonar ayer las sirenas, pero Jesús recuerda que fueron las campanas de la iglesia de Andra Mari las que anunciaban la llegada de los aviones enemigos. "Cada día venía un avión de inspección a las 12.00 horas. Nosotros le llamábamos el alcahuete. Pero ese día vino otro, y era por la tarde, y en lugar de hacerlo desde el este, por Gipuzkoa, lo hizo de norte a sur, guiándose por el curso de la ría hasta alcanzar la capital foral. "Venía tan bajo que podíamos ver al piloto perfectamente. Llegó hasta la altura de Zugastieta y giró. Al llegar a Gernika descargó las primeras nueve bombas".

Jesús y su familia estuvieron resguardados en el caserío de unos amigos en Ajangiz, en el monte Burgoa. "Nuestro padre nos llevó por la mañana porque intuía que podía ocurrir algo". La altitud le ofreció una atalaya inmejorable para contemplar el ataque aéreo. Un espectáculo, a los ojos de un niño de nueve años. Un horror, en el recuerdo de un hombre de 84 años. Y una pesadilla de toda una vida. "Veía los aviones, los pilotos, y pensaba: ¿qué hacen? ¿por qué?".

A salvo Tras el primer ataque mucha gente corría por los prados y huertas de la vega del río, huyendo de las bombas. Muchos llegaron a su destino, pero otros fueron ametrallados. Ese era, tal vez, el lugar por el que hubieran huido Jesús y su familia si el ataque les hubiera sorprendido en su vivienda de la plaza de la Estación. "No sé qué hubiera sido de nosotros. Sería aventurar una hipótesis", indica, huyendo de dramatismos.

La curiosidad del niño que era le llevaba a asomarse entre los árboles para tratar de ver lo que ocurría. "Al principio íbamos de un lado a otro queriendo ver lo que pasaba, pero luego nos dimos cuenta que ametrallaban a todo lo que se movía y nos quedamos bajo un árbol, quietos. Me veía impotente, no podíamos hacer nada, solo quedaba llorar", lamenta.

Los siguientes ofensivas fueron más destructoras y mortíferas. 29 toneladas de bombas prendieron Gernika de punta a punta. "Comenzaba a caer la tarde y de pronto parecía que se volvía a hacer de día. Desde Saraspe hasta los Agustinos Gernika era una antorcha. ¡Qué claridad producían las llamas!", se asombra aún Jesús al recordarlo.

La acertada intuición de su progenitor había puesto a salvo a su mujer y sus cuatro hijos, aunque él permaneció en la villa. "Él se quedó a trabajar y al caer las bombas solo pensábamos en si estaría bien", rememora. "Yo era un niño y no era del todo consciente de lo que estaba ocurriendo, solo quería que acabara cuanto antes y no pensaba en lo que estaba sufriendo la gente, solo en mi padre", reconoce.

Finalmente la peripecia familiar tuvo un final feliz. Su situación personal, sin embargo, contrastaba con la desolación que reinaba en lo que hasta tres horas antes eran las calles de Gernika. Y en su localidad, ayer, durante cuatro minutos, bajo el ulular de las sirenas, Jesús volvió a mirar al cielo. Esta vez sobre Gernika no volaban aviones cargados de muerte sino vientos de esperanza y varias gotas de lluvia que lloraban el recuerdo de una fecha -26.04.1937- para el olvido.

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