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Editorial

Maquillaje real

Hay un enorme interés en pasar página a la polémica generada en torno a la cacería del rey en Botsuana pero la petición de perdón no lo resuelve todo: ahora falta que se den explicaciones por esto y por otras muchas cosas

Domingo, 22 de Abril de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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AHORA que gran parte del entramado institucional y mediático español -con los dos partidos mayoritarios en el Estado y los grupos mediáticos a la cabeza- pretende activar una campaña para pasar la negra página de la cacería de Juan Carlos de Borbón, es hora precisamente de aumentar el listón de la exigencia de explicaciones, no solo por el viaje del rey a Botsuana, sino por las opacas actividades de la monarquía como mediadora -y beneficiaria- de suculentos negocios. "Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir". En un inédito acto de constricción pública perfectamente calculado y controlado por la casa real, estas once palabras han tratado de zanjar la durísima polémica para logra controlar la no menos inusitada ola de indignación social que el incidente real ha desatado, coincidiendo con hechos sin duda mucho más graves para la ciudadanía como los recortes en las prestaciones sanitarias y en Educación. Pero el episodio del elefante, más allá de la magnífica cortina de humo que ha supuesto para los recortes del Ejecutivo de Mariano Rajoy, no debería impedir ver el bosque. El mismo Juan Carlos de Borbón, que con gesto contrito pedía perdón esta semana, es el que la pasada Nochebuena se daba golpes en el pecho dando tirones de oreja a su yerno por su comportamiento "poco ejemplar" y el mismo que hace un mes aseguraba que el paro juvenil "le quitaba el sueño". Es hora de poner las cosas en claro: el rey no puede tener vida privada porque su razón de ser -si es que existe- es precisamente esa vida privada. Y si esta no es ejemplar, la pregunta inmediata es por qué no se somete la jefatura del Estado al arbitrio de las urnas. Ahora queda saber por qué ha pedido perdón: por viajar a Botsuana cuando en su país se aprueba que los pensionistas paguen el 10% de los medicamentos, por haberse caído y haber propiciado que su viaje se conociera, por permitir que un intermediario de la casa real saudí pagara la cacería o por desairar públicamente a su mujer. Demasiadas interrogantes y ninguna opción para preguntar. Y todo ello mientras sigue adelante el proceso contra Iñaki Urdangarin donde, cada día que pasa, queda más en evidencia que el monarca también había tenido algún papel para favorecer los negocios del marido de su hija. No debería salir tan barato pasar página a estos hechos.

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