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por Juan G. Andrés - Sábado, 21 de Abril de 2012 - Actualizado a las 05:27h
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Euskal Herria, 2011. Dirección y guión. Jon Maia. Fotografía. Juantxo Sardon. Música. Xabier Solano, Zigor Lanpre. Duración. 99 minutos.
EL polifacético Jon Maia ha escogido un tema conflictivo para su debut tras la cámara (el derecho de autodeterminación) y ha documentado la actividad de Nazioen Mundua, movimiento popular que defiende una Euskal Herria que pueda decidir su futuro. Siendo legítima tal aspiración, lo llamativo es que la película se presente como un canto a favor del diálogo y la convivencia entre diferentes cuando ese diálogo es en verdad muy limitado, pues se produce solo entre personas de distintos espectros del nacionalismo que, con matices, no dejan de perseguir el mismo objetivo.
Gazta zati bat / A Piece of Cheese parece dibujar un pueblo dividido en dos partes atávicamente enfrentadas cuya falta de entendimiento ha impedido el desarrollo de la nación vasca: la izquierda abertzale por un lado, el nacionalismo institucional por otro. Frente a testimonios de personalidades como Rufi Etxeberria, Tasio Erkizia, Juan Jose Ibarretxe o Xabier Arzalluz, el espectador no hallará en el documental una sola declaración de dirigentes del PSE-EE o del PP. Cierto es que estos rehusaron participar, pero Maia, maestro en el arte de la improvisación, debió imaginar trucos para que la sensibilidad no nacionalista tuviera también su reflejo, quizá no a través de la clase política, pero sí de la ciudadanía.
Tampoco era redonda ni mucho menos la pelota vasca de Julio Medem, pero resultaba más plural y menos sesgada. Jon Maia no solo ha fabricado un queso no esférico, sino que le falta casi la mitad, incide en los tópicos de la Euskadi rural e idílica y carece de la valentía que requiere el momento actual, especialmente en lo relativo a la violencia de ETA. Así, parece lógico pensar que, cual mitin de celouloide, servirá para (re)convencer solo a los ya convencidos, aunque sea de justicia subrayar las virtudes cinematográficas de un trabajo que acierta con una propuesta visual atractiva, un protagonista carismático (Angel Oiarbide) y una banda sonora muy oportuna. Lo mejor es la inteligencia con la que se van insertando pequeñas historias humanas (extraordinario Luix, el pastor) y ese humor tan del país como el queso Idiazabal, que ejerce un curioso y metafórico papel durante todo el metraje.
Gracias por su comentario
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