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EFE - Viernes, 20 de Abril de 2012 - Actualizado a las 15:44h
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José María Bravo, exdirector de la agencia tributaria de Irun y principal acusado por el presunto fraude de la Hacienda de la misma localidad. (EFE/Javier Etxezarreta)
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"Estoy aquí víctima de un abuso de confianza", "soy una víctima total, yo creo que la única víctima" ha afirmado hoy Pedro Atristain, uno de los tres imputados por el fraude de la Hacienda de Irun, en el que también están acusados su socio José María Bravo y la esposa de éste Rosa Cobos.
DONOSTIA. La intervención de Atristain ha cerrado hoy el turno de declaraciones de los procesados en la cuarta jornada del juicio que se sigue desde el lunes contra estas tres personas en la Audiencia de Gipuzkoa por el presunto fraude de la Hacienda de Irun, de la que fue director el principal encausado, José María Bravo.
Presuntamente, el fraude consistió en el presunto cobro de diversas cantidades de dinero a contribuyentes morosos, en algunos casos con rebajas en las deudas fiscales contraídas, que luego no eran ingresadas en las arcas forales o sólo lo eran en parte.
El dinero habría ido a parar a cuentas corrientes a nombre de los inculpados o a diferentes entidades mercantiles interpuestas.
En la sesión de hoy, Bravo ha insistido, a preguntas de las defensas, en exculpar a su socio que, según ha dicho, le hizo el favor de figurar como administrador de una sociedad mercantil que realmente era de su propiedad, y a su mujer, de la que ha comentado que, actuó como una mera "recadera" en el cobró de varios cheques.
Además ha insistido en que ella no manejaba las cuentas, ha recalcado que su situación como administradora de la sociedad Ius Local fue meramente "estética" porque el administrador de hecho era él, y ha rechazado que participara en otras de las empresas que él creó o gestionó.
RATIFICACIÓN DE COBOS En su turno de declaración, Rosa Cobos ha mantenido la misma línea argumental de su esposo, del que se encuentra separada desde hace tres años a raíz de este procedimiento. Ha mantenido que era completamente ajena a las labores de su marido como asesor y gestor al margen de su trabajo en Hacienda y que no conocía los movimientos de sus cuentas, a pesar de que en algunas figuraba como titular, porque eran utilizadas exclusivamente por Bravo para sus negocios.
Ha admitido que sabía que estas actividades producían unos ingresos económicos a su esposo, pero ha negado saber su cuantía, además de desconocer cómo se abría la caja fuerte que sabía que él tenía en el despacho de su casa.
Ha recordado también que cuando salió a la luz el presunto fraude, su esposo le dijo que no se había quedado con dinero de los contribuyentes y que le daría la explicación oportuna cuando llegara el momento.
Ha manifestado también que no conocía la existencia de muchas de las sociedades creadas por su esposo ni su actividad, tras lo que ha rechazado que éste le comunicara que su finalidad fuera ocultar la procedencia ilícita de dinero.
En cuanto al presunto delito de alzamiento que se le imputa por vender una vivienda en Urrugne (Francia) cuando ya habría sido embargada en este procedimiento, Cobos ha insistido en que este bien permanecía libre y ha recalcado que el acuerdo para su venta se formalizó ante notario antes de que se decretara el embargo.
En cuanto a José Lamy, el decorador que estuvo imputado en el caso por una deuda fiscal creada de forma ficticia por Bravo, ha admitido que le asesoró, por amistad y sin cobrar, en la decoración del hotel Túnel del Hada de Extremadura.
Finalmente, ha afirmado que ella no se ha apropiado de ninguna cantidad de dinero ni de los cheques que cobró por indicación de su marido.
ARISTAIN, LA "ÚNICA VÍCTIMA" También Pedro Atristain ha ratificado la versión exculpatoria de Bravo respecto a su persona, aunque ha matizado que él es la "única víctima" en este caso, ya que el hecho de haber accedido a figurar como administrador de la sociedad Ulki como le pidió Bravo para hacerle un favor no le ha traído más que perjuicios.
Atristain ha recordado que accedió a figurar como administrador para que, a través suyo, Bravo pudiera participar en la subasta de un piso en Irun, tras lo que no tuvo más implicación en esta sociedad que él creyó que permanecía sin actividad real, a pesar de que en su cuenta se ingresaron cantidades económicas por un importe total de 93.000 euros.
Atristain ha aclarado que él no tuvo conocimiento de estos ingresos hasta que fue interrogado sobre ello por la Ertzaintza durante la investigación del caso, y ha concretado que, cuando le pidió explicaciones a Bravo, éste le dijo que eran unos préstamos que le habían hecho unos particulares.
A preguntas del fiscal, ha reconocido no obstante que en una ocasión firmó un cheque contra esta cuenta por un importe de dos millones de pesetas y en otra dispuso de 6.000 euros aunque, según ha dicho, lo hizo porque así se lo habría pedido Bravo.
El juicio continuará el próximo lunes con la declaración de los primeros testigos.
Gracias por su comentario
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