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Mientras Occidente consiente el trabajo en condiciones de esclavitud de millones de niños, alimenta la posibilidad de que estos mismos acaben engrosando grupos armados por simple lucha contra el opresor
Martes, 17 de Abril de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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uNOS 400 millones de niños viven en situación de esclavitud en el mundo, han denunciado las ONG y diferentes organismos, con motivo ayer del Día Mundial contra la Esclavitud Infantil. Como es conocido, y consentido, muchos de ellos trabajan en la elaboración de productos que luego se comercializan en el considerado como mundo desarrollado. Algunos de esos objetos sirven para que otros niños, en países donde la escolarización es obligatoria y el acceso al mercado laboral está reglado y sancionados los abusos, jueguen en sus tiempos de ocio. Hablamos de manufacturas puestas después a la venta por empresas multinacionales que hacen oídos sordos a las reiteradas denuncias de su posición de abuso. Tampoco a los consumidores les falta información sobre cómo y en qué condiciones se elaboran esos productos que ellos luego disfrutan. Pero la maquinaria de fabricar, consumir y volver a inundar el mercado sigue a pleno rendimiento y, con ello, sosteniendo esas formas de nueva esclavitud, que no son tan diferentes en su abuso del individuo y anulación de sus derechos, de la ejercida unos siglos atrás. Y también no hace tanto tiempo ni tan lejos de aquí, como ponía de relieve un reciente reportaje de ETB sobre el trabajo en las minas de hierro de Bizkaia a principios del pasado siglo XX, en las que trabajaron y murieron niños que no pasaban de los diez años. En el fondo, sean menores o adultos, hombres o mujeres, lo que subyace es un colonialismo no extinguido, la vieja explotación de los estados más avanzados (en materia industrial y economía, que no en principios y moral) sobre aquellos a los que de forma consciente y planificada les cierran las vías a un posible crecimiento, a manejar y decidir su propio futuro, porque, sencillamente, mientras entre ellos siga acampando la miseria más fácil será explotarles. Luego, cuando tratan de sacudirse por la fuerza el yugo que les ha oprimido durante años, pasan a engrosar las filas de los rebeldes, a militar en grupos tachados de insurgentes o, directamente, a figurar en las listas de organizaciones terroristas. Y quizá en ese momento alguien olvida que algunos de esos grupos calificados de subversivos engrosan sus filas con muchachos que crecieron en situación de explotación y esclavitud. Habría que empezar por ahí para evitar algunos de los temores que ahora mismo tienen en guardia a Occidente.
Gracias por su comentario
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