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real sociedad polémica derrota

Un gol como una catedral

el árbitro deja sin opciones de puntuar a la Real en San Mamés al no dar por válido un gol legal de Vela

mikel recalde - Lunes, 5 de Marzo de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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Algo no cuadra en San Mamés. Al menos, su influjo y su magia, que, por lo que se ve, seducen a una gran mayoría del panorama futbolístico, no tienen efecto en contadas excepciones, entre las que se encuentra al frente de la lista la Real. La explicación se debe probablemente al trato que le dispensa parte de su afición, que actualmente tiene como principal virtud el meter una presión enorme a los colegiados. El Athletic juega con red y, como cada vez que el equipo txuri-urdin se presenta en San Mamés, la grada se muestra mucho más caliente de lo habitual y lo normal es que la actuación de los trencillas, tan valientes en Anoeta ellos como cobardes en Bilbao, influya decisivamente en el marcador final. Ayer, como sucedió en los dos últimos derbis en el coliseo vizcaino, antes y después del descenso y, curiosamente, también en la primera vuelta en Anoeta, a la Real no le dejaron pelear por llevarse los tres puntos. Mateu Lahoz, ese colegiado que va a su rollo y que pita lo que le apetece, birló el tanto del empate a Vela en una jugada en la que su fallido remate lo desvía camino a la red San José con la mano para, posteriormente, ser detenido por Iraizoz cuando el balón ya había traspasado la línea de gol.

La acción fue clarísima y no admite ninguna discusión, ya que la velocidad del disparo era bajísima, por lo que, pese a que había muchos futbolistas dentro del área, la secuencia discurrió casi a cámara lenta. Mateu tenía tres opciones: dar por valido el gol, porque la acción fue inmediata a la mano; anularlo, señalar el punto de penalti y expulsar a San José; o, por último, lavarse las manos, como hizo el año pasado Fernández Borbalán en el derribo de Munian sobre Xabi Prieto en la misma línea del área. Aunque parezca increíble, estas cosas hace tiempo que han dejado de serlo en este campo, se decantó por la tercera. Además, lo hizo sin ningún tipo de pudor ni cargo de conciencia por la, en teoría, lógica reacción humana del que permanece con la duda por si ha cometido una grave injusticia en su trabajo. Insisto, no estamos hablando de una jugada dudosa ni de un posible penalti que pueda incluso admitir varias interpretaciones del reglamento. La Real ayer marcó un gol en la primera jugada del segundo tiempo y el árbitro decidió que no subiese al marcador. Hasta aquí la crónica anual del atraco a mano armada que sufre el club txuri-urdin en Bilbao. Y es una pena, porque ganar con trampas desmerece y resta valor a cualquier equipo, incluido al honorable Athletic.

Aunque vista la reacción de la grada de San Mamés, que cada vez anima menos y se centra en protestar absolutamente todas las acciones del árbitro (se entiende más viendo el resultado que les da), no parece importarles demasiado. Por poner un claro ejemplo, una de las jugadas que más soliviantó a la grada fue una presión de Cadamuro a Iraizoz en su saque de puerta. Lo reclamaron como si les estuviesen robando lo más preciado en este juego, es decir, el gol. Justo lo que le sucedió ayer a la Real.

Al fútbol. El conjunto realista volvió a caer en San Mamés, por lo que acumula una estadística de doce años sin vencer al otro lado de la A-8. La sensación es que amagó mucho, pero le faltó punch o pegada para hacer frente al aguerrido y batallador vecino, aunque cualquier análisis resultaría pobre si no se tiene en cuenta que había logrado empatar. Philippe Montanier decidió sacar el equipo esperado, con un giro muy suyo, sobre todo por el momento en el buscó otra variante ofensiva. Cuando Agirretxe había acabado la semana pasada con su sequía goleadora ante el Mallorca, decidió sentarlo para jugar con Xabi Prieto, Griezmann y con Vela, su futbolista preferido de la plantilla, en la punta de ataque. Aunque admite discusiones, en teoría su apuesta no era mala y entraba dentro de lo posible, aunque chirríe el sentar a un punta que viene de ver puerta. El problema es que la jugada le salió fatal, porque le fallaron las alas. Xabi Prieto volvió a fracasar con estrépito en un derbi y Griezmann tampoco tuvo su tarde y pasó de puntillas por un partido en el que el técnico le había reservado un papel protagonista.

El Athletic ha crecido con Bielsa. Busca tener y dominar los partidos a partir de la posesión y el fichaje de Ander Herrera les permite crecer en ese aspecto. Tras un pequeño susto en un lejano y desviado disparo de Vela, los locales se hicieron sin discusión con el control del juego en el primer acto. No es que desarbolara el entramado defensivo realista, en el que brillaron especialmente los dos centrales, pero la sensación era que cada vez estaba más cerca el tanto rojiblanco. En el minuto 23 Javi Martínez cortó la entrada de Vela en el borde del área y el libre directo ejecutado por Xabi Prieto, de manera defectuosa, lo desvió un defensa y casi sorprende a Iraizoz. Casi en la jugada siguiente llegó el tanto del Athletic, en una acción bien trenzada y elaborada, en la que participaron varios jugadores, con internada y asistencia de Iraola y remate final de Susaeta, entrando solo desde atrás perseguido a distancia por Zurutuza.

El conjunto realista no reaccionó y su única aproximación llegó en la primera intervención de Griezmann, que disparó a las manos de Iraizoz con su pierna mala. Bravo mantuvo la emoción del choque al evitar en tres ocasiones en la misma jugada la sentencia rojiblanca en el descuento de la primera parte. El chileno había estado cerca de marcar en su portería tras una falta de Susaeta al larguero.

reacción En la reanudación, la Real salió envalentonada y rabiosa buscando el empate y no tardó en encontrarlo, pero Mateu decidió no darlo por válido. Pese a que la acción fue tan grave que podía haber enterrado definitivamente las opciones de puntuar guipuzcoanas, los de Montanier tomaron el control y encerraron a un Athletic que aguantaba como podía su ventaja. Vela buscó el gol en otro remate lejano y Cadamuro anotó, pero en posición de fuera de juego, en la que fue probablemente la combinación más brillante de los realistas. El pase atrás del galo lo enganchó Aranburu y fue Iraizoz quien salvó la igualada. Con los locales encerrados en su área y jugando al contragolpe, Montanier dio entrada a Pardo en el minuto 70. Fue una pena que lo hiciera tan tarde, porque hacía tiempo que el peso del juego lo llevaban los realistas y el riojano era ideal para organizar sus ataques. Cuando entró el partido estaba demasiado caliente y desordenado, por lo que apenas consiguió influir en el juego. La última opción de puntuar txuri-urdin la generó Agirretxe, quien chutó tras una bonita maniobra, aunque volvió a salvar el meta rojiblanco con apuros. A diez minutos para el final, Susaeta afinó su punto de mira y cerró el duelo con un extraordinario libre directo que entró, eso sí, por el poste que defendía Bravo.

Otra derrota más con un atraco arbitral y viaje de regreso con cara de tontos por la A-8. Las historias dejan de ser casualidades cuando se repiten tantas veces y la Real lleva tres visitas a San Mamés en las que no le han dejado pelear por la victoria. El tema, aparte de ser injusto, ya saca de quicio hasta al txuri-urdin más tranquilo. El fútbol con trampas da asco. Visto el cariz que ha adoptado el asunto en los derbis, habrá que estar preparado para el siguiente episodio en el que se crucen ambos equipos. Eso sí, Mateu Lahoz ya es desde ayer el principal favorito para arbitrar la próxima final de Copa. Al tiempo.

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