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El nuevo marco laboral y los recortes frenan la economía, llevan a la pérdida de empleo y a la caída del consumo en una espiral que Rajoy no detendrá encastillándose en unas décimas de déficit por encima del marcado por la UE
Domingo, 4 de Marzo de 2012 - Actualizado a las 05:27h
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EL incremento por séptimo mes consecutivo del número de personas registradas en los servicios de empleo, hasta alcanzar en el Estado la cifra de 4.712.098 parados -que las mismas patronales elevan a 5.341.000 tras añadir a aquellos desempleados que el ministerio excluye de las listas- no solo confirma la ineficacia de las políticas económicas y laborales implantadas en los últimos meses, años incluso, sino que cuestiona rotundamente las recién aprobadas y anunciadas para ser aplicadas en adelante, incluyendo una reforma laboral que, lejos de contribuir a incentivar el empleo, aumenta la supeditación del puesto de trabajo al interés prácticamente único del empleador. Que el Gobierno español anuncie la destrucción este año de 630.000 empleos más para rozar los seis millones de parados, uno de cada cuatro trabajadores, es prueba evidente de que el nuevo marco laboral y sus recortes alimentan la inclinación de la economía hacia la recesión, que a su vez contribuye a la pérdida de empleo y de poder adquisitivo -con la consiguiente caída del consumo- y, vuelta a empezar, una disminución de la actividad económica en una espiral incorregible que no se detendrá por el mero hecho de que el Gobierno de Rajoy se encastille en unas décimas de déficit por encima de lo marcado por la Unión Europea. La reforma laboral, pensada y elaborada para beneficiar los procesos de adelgazamiento de personal de grandes empresas, no contribuye a paliar los problemas de las pymes, que han llevado a la desaparición de 176.000 proyectos empresariales, ni de los autónomos -340.000 se han dado de baja en la Seguridad Social en tres años- que son la gran masa laboral en el Estado y quienes sufren el deterioro de los servicios públicos. Euskadi no es una excepción. Con 159.667 parados (según el ministerio) en la CAV -211.611 en Hegoalde, con una pérdida de 19.952 empleos el último año- es evidente que pese al diferente tejido productivo, la mayor consistencia de nuestra economía e industria, la capacidad exportadora y la mejora en sectores concretos como el turismo, la aceptación y traslación de las cada vez más profundas políticas de ajuste y austeridad que pone en práctica el Estado se convierte en renuncia a diseñar e impulsar una salida propia a la crisis en su amplio espectro financiero, económico y, sobre todo, social y de derechos.
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