Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
por mikel mujika - Martes, 28 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:26h
votos
comentarios
Aterrado, como un cordero en un banquete, escucho los tambores del puerta a puerta, la solución, según algunos, para evitar que te construyan una incineradora en el salón de casa y echen los humos al cuarto de tu hija. Inquieto, cual dedo en la nariz, ahí ando: mira que te mira y pregunta que te pregunta, para ver si me estoy alarmando sin razón. Y me esfuerzo escuchando a quienes dicen que no es una cerdada y un engorro. "Al principio es un rollo, pero luego te acostumbras; yo estoy muy contenta", le decía una vecina de Oiartzun a alguien cercano. ¿Y el pescado? "Yo envuelvo los restos en una bolsa y los meto al congelador hasta el día que toca residuo orgánico". Ayer, en una radio, otra señora con nómina en un Ayuntamiento contaba que el pescado no huele si lo pones en un cubo aireado y le echas peladuras de naranja por encima. Con esta fórmula, según explicó, consiguió mantener varios días a raya a un bacalau desalau que había comprau y tuvo que tirar porque estaba pasau. Para más pelotas, se le olvidó bajarlo el primer día que tocaba y tuvo que esperar -¡válgame Dios!- al siguiente. "Y no olía nada. Así te lo digo", remataba la susodicha. Tratando ya a gente con criterio, de esos que piensan por sí mismos y no al son de su filia política -gente normal, digo-, parece un hecho que el problema de los residuos necesita de una fórmula equilibrada basada en el reciclaje y la concienciación social. Pero a día de hoy, no sé si van a poner el puerta a puerta para enseñarnos a golpe de vara, como los viejos maestros, o solo para fastidiar al PNV.
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad