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la real, tercer equipo más limpio de la liga, ha disputado por el contrario 206 minutos con uno menos
donostia, mikel recalde - Martes, 21 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:27h
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(EFE)
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NADIE que viese el partido de la Real en Granada pudo poner como excusa de la goleada la errática actuación de Teixeira Vitienes. El equipo txuri-urdin volvió a ofrecer su peor versión justo cuando había vuelto a prender la llama de la ilusión entre sus aficionados tras su convincente victoria frente el Sevilla.
Aunque algunos pueden llevar a engaño, los números en el mundo del fútbol suelen ser tozudos y sirven en muchas ocasiones para desenmascarar cuestiones que se antojan incomprensibles. La Real es un habitual en los misterios que se repiten a lo largo de la temporada. Si en Segunda, cuando acariciaba el regreso a la elite, era el equipo que menos penaltis a favor llevaba pese a que era de los que más atacaba, en esta campaña llama poderosamente la atención que sea uno de los más perjudicados en cuestión de expulsiones, con cinco en contra y dos a favor. Sorprende sobre todo porque estamos hablando del tercer cuadro que menos faltas comete del campeonato, solo superado en estas lides por el Málaga y el Barça.
La Real es el único conjunto de la categoría que no ha jugado ningún minuto en superioridad numérica. El Getafe le acompañaba en esta curiosa tabla, pero el sábado se vio beneficiado por la expulsión de espanyolista Galán, que le permitió buscar sin éxito el triunfo con un jugador más en los últimos diez minutos. La explicación al dato de los realistas se encuentra en que las dos rojas que recibieron los rivales de los guipuzcoanos llegaron cuando ya estaban en inferioridad. En la primera jornada, al sportinguista Lora le enseñaron el camino de los vestuarios en el descuento, 23 minutos más tarde que a Carlos Martínez. El domingo pasado Siqueira fue expulsado en el minuto 85, 41 después que la patada de Illarramendi a Franco Jara. En el otro lado de la moneda, la Real ha actuado en inferioridad de efectivos en un total de 206 minutos repartidos en cinco encuentros. En Gijón aguantó el triunfo; en Santander y en Villarreal arrancó un empate; aunque en El Madrigal recibió un tanto con diez, al ir ganando 0-1, y en Vallecas y Granada se desmoronó hasta recibir sendos severos correctivos.
Hay algo que no cuadra. No es normal que el tercer equipo más limpio de la categoría, que no pega una sola patada con mala intención a lo largo de toda la temporada, sea el tercero que más rojas haya recibido. Esta estadística contrasta con la de que en el curso pasado el equipo txuri-urdin fue el único que no se quedó con uno menos en toda la campaña, algo que se ajusta más a la realidad de su forma de jugar.
Otro dato curioso, que pone de manifiesto la poca presión que ejerce Anoeta para los colegiados, es que las siete rojas que se han mostrado en los encuentros de los de Montanier, cinco en contra y dos a favor, han llegado en choques lejos de Donostia. Todo empezó en la jornada inaugural, cuando en el minuto 67, con 0-2 en el marcador, Carlos Martínez dejó a su equipo con uno menos, al trabar dentro del área pequeña a Botía cuando se disponía a lanzar a meta en una acción que no admitió ninguna discusión.
En la jornada 12, en plena crisis blanquiazul, Iñigo Martínez vio la roja en el minuto 11, al agarrar del pantalón a Delibasic cuando luchaba por llevarse un rechace de Bravo. Muñiz Fernández no dudó y además señaló el penalti, en el que llegó el primero de los cuatro tantos que anotaron los franjirrojos.
En la jornada 16, Elustondo fue expulsado por Undiano, al ver la segunda amarilla en el minuto 61 con 0-1 en el marcador, por una falta cercana al área local. La decisión fue rigurosa. Más indignante fue la que sufrió Iñigo Martínez siete días después en El Sardinero. Poco que objetar a la segunda amarilla que recibió tras derribar a Diop, pero la primera se la llevó por protestar la que tendría que haber visto Bernardo por una peligrosa entrada a Agirretxe. Poco después el racinguista cometió otra falta que debería haber supuesto su expulsión. Por último, Illarramendi vio la roja en Granada, tras dar una patada a Jara para cortar la contra.
La explicación hay que buscarla en el escaso valor intimidatorio de los nombres realistas y, sobre todo, en la inexperiencia de sus jóvenes canteranos. En el club están muy preocupados por el tema y ya han tratado de frenar los ímpetus guerreros de Iñigo Martínez. Además, ayer presentaron alegaciones al acta para tratar de impedir la sanción a Illarramendi. ¿Tendrá éxito su recurso?
Gracias por su comentario
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