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se calcula que el 33% de los conductores siente temor a conducir, una afección que se puede superar
joseba imaz Donostia - Lunes, 20 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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Un conductor circula por la carretera con su automóvil. (Foto: Jose Mari Martínez)
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"AL principio no montaba a la gente que sabía conducir, porque pensaba que se reirían de mí, por hacerlo mal. Luego, cuando había que ir a un sitio lejano, ponía de excusa que era novata. Si había que conducir por ciudad, lo que no quería era buscar aparcamiento. Y poco a poco me di cuenta de que tenía un problema, porque evitaba a toda costa ponerme al volante".
Este testimonio, plasmado en un blog de Internet, refleja los mecanismos que llega a activar una persona, cuando siente pavor cada vez que se pone al volante de un coche. Un temor que pocas personas reconocen, pero que afecta a más gente de lo que en un principio cabe esperar. En una sociedad en la que los vehículos rodados se erigen como herramienta ineludible para sobrevivir al día a día, se calcula que esta patología afecta al 33% de los conductores. Los expertos también le han puesto un nombre: amaxofobia.
Sudores, taquicardias, respiración agitada y entrecortada, temblores, malestar de estómago, cefaleas, vértigos o agarrotamiento muscular. Son los síntomas que pueden abordar a una persona que tiene miedo a conducir, según un estudio realizado por la revista Consumer sobre esta fobia que se manifiesta en forma de ansiedad y de estrés.
Los afectados tratan de afrontar este temor lo mejor que pueden. Algunos, directamente, dejan de conducir. Otros, en cambio, no pueden prescindir de los desplazamientos y conviven lo mejor que pueden con ese hándicap. "Conduzco todos los días, para llegar al trabajo. Es un camino que me he aprendido, no me da miedo hacerlo por ese trayecto", se sincera la misma mujer que ofrece el testimonio inicial del reportaje. Los problemas surgen cuando tengo que salir de esa ruta. "Sufro, sufro mucho. Tengo que aprenderme el camino, saber llegar, que alguien me cuente por dónde tengo que pasar, y aún sabiendo que no hay pérdida, me pongo nerviosa, me duele la barriga", confiesa.
Lo peor, quizá, es que la amaxofobia en ocasiones se vive en soledad. Tal y como recogía en 2005 un estudio del Instituto Mapfre de Seguridad Vial, las personas que viven este trauma "se sienten incomprendidos y no les resulta fácil explicar la angustia que sufren", mientras que al resto le resulta difícil comprender que lo pasan "muy mal" al ponerse al volante.
"Cada caso es diferente", analiza José Miguel López, profesor de la autoescuela Lagunak. Este centro lleva tiempo ofreciendo cursos de reciclaje a conductores que necesiten reaprender lo que una vez les enseñaron para sacarse el carné. "En general, se trata de personas que sí tienen permiso de conducir, pero no han llevado el coche habitualmente. Lo van dejando y, cuanto más tiempo pasa, más grande es el miedo", afirma el docente.
Por todo ello, prefiere hablar de "diferentes niveles de miedo" que de una fobia absoluta que atenaza comúnmente a sus alumnos. "Lo definiría como un bloqueo, una situación de tensión o de angustia -describe-. Hay quien entra en un ascensor y se siente mal. En este caso es lo mismo, pero ocurre cuando vas a conducir. Es duro afrontarlo, porque ven la carretera como la selva, llena de peligros como el tráfico, con cuatro carriles, coches, motos". Efectivamente, la amaxofobia se entronca en la familia de otras fobias como el miedo a volar. Pero en este caso, según el informe del Instituto Mapfre, el 64% de quienes lo padecen son mujeres, algo que José Miguel López confirma en su quehacer diario.
cómo superarlo
Con pequeños retos
El profesor de la autoescuela Lagunak explica que tratan de que sus alumnos afronten "pequeños retos" cuando salen con el coche de prácticas. Empiezan en polígonos y áreas sin tráfico y más tarde comienzan a salir a las vías urbanas. Y así van avanzando. Afianzándose y olvidando sus miedos. "Es como cuando tratas de cruzar un río saltando de piedra en piedra. Primero te apoyas en uno y, si ves que el siguiente es suficientemente seguro, sigues adelante", ejemplifica.
Los estudios indican que es posible darle la vuelta a esta angustia. La revista Consumer cifra entre el 90% y el 95% el porcentaje de amaxofóbicos que consiguen superar o, al menos, controlar el temor a conducir. "Cuando llevan unos días de clase, a la mayoría se le nota una evolución y un afianzamiento", contrasta.
En ese proceso se encuentra una alumna donostiarra de 40 años, llamada Ane, que lleva tres clases de reciclaje a las órdenes de José Miguel López, en la autoescuela Lagunak. "Desde que me saqué el carné, hace varios años, no he cogido el coche. Y ahora me da miedo hacerlo", explica esta mujer, que a su vez es conductora de moto desde los 20 años -medio que utiliza sin ningún tipo de problemas-. Hace poco comenzó a darse cuenta de que su temor a conducir le limitaba a la hora de hacer planes que requiriesen desplazamientos largos e incluso podía llegar a ser un problema para acceder a ciertos puestos de trabajo.
"El primer día no recordaba ni cómo se usaban los pedales. Aún sigo siendo una zoquete, pero voy cogiendo confianza", explica. La maniobra que más le agobia es manejar el embrague en cuestas, igual que a muchos otros conductores.
Ane le está dando la vuelta al miedo causado por el desuso, pero hay otros casos más graves que requieren de más esfuerzo. Miguel Ángel López recuerda a una alumna que tenía "pánico a los túneles" y otro caso en el que el conductor había sufrido un accidente y no se sentía capaz de dirigir su vehículo. "Hay algunos miedos muy difíciles de salvar. Esas personas necesitarían más seguimiento y, quizá, la ayuda de un psicólogo", añade. Sin embargo, incide en que todos los alumnos "evolucionan" en la medida que van avanzando las clases. "Lo importante es animar a la personas. Cuando lo hacen bien, valorarlo; y, cuando lo hacen mal, repetirlo hasta aprender", reflexiona.
Gracias por su comentario
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