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real sociedad derrota digna

La real entra y sale de pie del camp nou

Fue creciendo con el paso de los minutos y terminó con cuatro puntas cercando la meta de Valdés

Mikel Recalde - Domingo, 5 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:28h

Real

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Puede que puntuar en el Camp Nou se haya convertido en una misión imposible para la Real en los últimos años. El equipo de Guardiola es el mejor del mundo con diferencia, aunque se encuentre a siete puntos del líder y probablemente no vaya a ganar este año el título de Liga. Los azulgrana son una referencia en ataque, con una estrella de otra galaxia como Messi, pero desde que está el de Santpedor, también se han convertido en una referencia en defensa, al ejecutar con maestría una presión feroz sobre la salida del esférico del rival. Esto convierte los encuentros en un infierno para todos, incluido el segundo mejor conjunto del mundo, el Real Madrid. Pues bien, la Real consiguió meter el miedo en el cuerpo en el seny blaugrana, al finalizar el partido a un gol del empate, con cuatro delanteros en las proximidades de Valdés y con varias acciones cerca del área catalana, que provocaron que la grada entrara en calor en una gélida noche.

Sé que no se puede discutir ni un ápice la justicia del triunfo local, al disponer de una decena más de ocasiones, además de los dos goles, y demostrar un insultante dominio de la posesión, sobre todo en la primera parte. Pero es que la Real, en una demostración de bravura y orgullo, fue creciendo con el paso de los minutos y llegó a ofrecer la sensación de ser capaz de regresar con el tesoro que hubiera supuesto un empate. Así sí que se puede aceptar una derrota aunque sea frente a un gigante, porque el equipo entró y salió de pie del coliseo más complicado del planeta. Actuaciones como la de ayer ponen en evidencia que, como nunca hay que salir fue como el día del Real Madrid, cuando los realistas saltaron al terreno de juego derrotados, ondeando una bandera blanca de rendición. Montanier demostró que aprendió de aquel día, lo que le honra y fue fiel a su valentía en el Camp Nou. El técnico salió con nueve canteranos, uno de ellos debutante como titular en Liga, más Bravo de portero e Ifrán de estilete. Este dato multiplica el orgullo que cualquier hincha txuri-urdin debió sentir ayer. Porque del "hoy perdemos seguro" o "a ver cuántos nos caen" del inicio, pasamos a estar todos empujando al equipo hacia el área de Valdés, con la consiguiente alteración y excitación en el estado de ánimo. Lo más destacable que ofreció ayer la Real fue su ambición y esa es la mejor demostración de que el equipo está creciendo. Con tres figuras por encima de todos: un portero de nivel mundial, como Bravo, un defensa que se consagra cada semana, como Iñigo Martínez, y una figura emergente como Griezmann, cuya progresión no parece encontrar techo.

El único cambio que modificó Montanier de su guion fue que en esta ocasión el 4-3-3 habitual pasó a convertirse en un 4-2-3-1, al actuar Aranburu en la mediapunta, más adelantado que Markel y Pardo, para tratar de frenar el origen del juego azulgrana, que de salida alineó a ocho jugadores formados en La Masía. La Real saltó al césped como su técnico, sin complejos. A los pocos segundos Ifrán ya había dado un susto al Camp Nou, con un centro chut que atajó Valdés, en lo que fue una inequívoca declaración de intenciones. Pero el Barcelona es mucho Barcelona, y no tardó en cercar el área de Bravo con combinaciones repletas de talento e impregnadas de veneno. A los cuatro minutos, Messi, que estuvo todo el encuentro peleado con su puntería, había visto cómo el chileno le sacaba un disparo a bocajarro. Para dar la sorpresa ante un gigante, debías tener suerte, en el sentido de que los barcelonistas no estuvieran atinados de cara a puerta, y ser eficaz en las pocas ocasiones que ibas a generar. En este segundo apartado se encuadra que en la jugada siguiente al primer remate de Messi, Griezmann asistió con precisión a Ifrán, que se adentró en el área pero cuyo chut lo sacó d manera espléndida Valdés. Cuando todos dábamos vueltas a que las oportunidades de ese tipo se pagan caras en el Camp Nou, llegó el tanto de Tello tras una asistencia milimétrica de Messi. Se podrá discutir si el argentino encontró poca oposición para inventar o que a Carlos Martínez le cogen la espalda, pero cuando enfrente tienes a estrellas mundiales ocurre que simplemente en algunas ocasiones se sacan de la chistera acciones indefendibles. Tampoco pareció que Bravo pudiese hacer nada más al estar vendido y rematar a la primera el canterano local. 1-0 en el minuto 8, el mismo en el que Iniesta comenzó el 5-0 de la pasada campaña ante la Real, pero en esta ocasión los de Montanier no se vinieron abajo ni se descompusieron. Los blanquiazules aguantaron como pudieron el monólogo local hasta el descanso, ya que después del gol le costó mucho generar juego al perder demasiado fácil y rápido el balón, ya que a Pardo le costó entrar en el partido, algo lógico, y Markel se precipitaba en demasiadas salidas a la contra. En esos minutos sobresalió la figura de un Bravo que está firmando una temporada sobresaliente.

Tras el descanso, la Real tomó consciencia de que el partido se desarrollaba más o menos como lo había imaginado. Con solo un tanto por debajo y después de haber sobrevivido a los minutos de mejor juego local, pronto apareció Griezmann para confirmar que la Real tenía ganas de marcha. El francés dio un nuevo susto a los catalanes, al controlar con la mano un servicio largo de Iñigo Martínez, pero se equivocó al buscar la fuerza en lugar de la colocación en su disparo con tan mala suerte que se estrelló en el cuerpo de Valdés. Messi seguía haciendo de las suyas, aunque como estaba reñido con el gol no conseguía sentenciar un partido que llegó a convertirse en un choque de ida y vuelta, que abría el abanico de opciones de puntuar a los realistas. Es cierto que el argentino dispuso de cuatro ocasiones claras, pero Griezmann también cabeceó con peligro un buen centro de Carlos Martínez. Un tanto anulado a Tello, por un fuera de juego de Alves, fue el preludio de los dos goles, uno por cada bando, en la mejor demostración del reparto de golpes de ambos equipos. Messi por fin superó a Bravo tras un pase de Alves, mientras que a los pocos segundos, Griezmann y su indomable espíritu ganador, robaron un balón a Thiago para asistir a Vela quien batió por bajo a Valdés. El 2-1 daba más sensación de poder a la Real que el 1-0, por el lógico plus de moral que le proporcionó el confirmar que podía marcar.

El partido acabó en un área local plagada de delanteros realistas, con una retaguardia reforzada por Guardiola, que percibió el miedo de la posible pérdida de puntos y con un Camp Nou nervioso y protestón, pese a que el mercurio marcaba bajo cero. Agirretxe tuvo la última opción para la gesta, pero su cándido cabezazo lo atajó Valdés.

No pudo ser, aunque estuvo cerca. Esta vez la Real sí nos hizo sentirnos orgullosos en la derrota y no había más que ver como sus jugadores abandonaron el campo enfadados, con la percepción de que había estado muy cerca. Lo más importante en un grupo con tantos jóvenes y gente de la cantera es confirmar que vas aprendiendo las lecciones que recibes en la competición y no paras de evolucionar. Ayer la Real hizo las dos cosas. Y su entrenador también, cuya imagen y trabajo salieron fortalecidos del mejor estadio del mundo.

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