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Colaboración

Reforma de la PAC: geopolíticamente errónea

* Coordinador de ENBA-Gipuzkoa, por Xabier Iraola Agirrezabala - Miércoles, 1 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:26h

el comisario europeo de Agricultura, el rumano Dacian Ciolos, presentó el pasado 12 de octubre los documentos de la propuesta de reforma de la PAC y con ello echó a andar la tramitación de la enésima reforma agraria que, visto lo visto, es inquietante.

En primer lugar, Ciolos ha presentado su propuesta agraria apoyada en unas perspectivas financieras aún por aprobar definitivamente y teniendo en cuenta el cariz que están tomando las cuestiones financieras en el viejo continente, mucho me temo que puede no ver la luz, al menos, en su redacción actual.

La propuesta actual supone, teniendo en cuenta la afección inflacionista, una reducción del presupuesto agrario del entorno del 11% y mientras tanto, los portavoces oficiales de la Comisión siguen anunciando, a diestro y siniestro, que se mantiene el presupuesto actual.

En segundo lugar, la propuesta de Ciolos aboga por mantener la arquitectura actual de dos pilares con un peso específico de cada uno de ellos muy similar al actual pero es en el primer pilar, más concretamente en los pagos directos, donde introduce una serie de novedades cuyas consecuencias pueden ser nefastas para los ganaderos profesionales y muy especialmente, en los subsectores de vacuno de leche y carne de Euskadi.

La figura del pago básico, con un importe amnésico de la trayectoria pasada, y totalmente desvinculada de factores productivos es un brutal ataque a las explotaciones de montaña con una dimensión territorial muy reducida a consecuencia de la estructura de la tierra con que contamos por estas latitudes.

El pago básico a la hectárea previsto en la reforma es un error porque prima a los propietarios frente a los productores y, si bien es verdad que se han introducido una serie de correctivos (agricultor activo, actividad agraria mínima, etc.), las medidas propuestas son tan tímidas como ineficaces y son tantas las incertidumbres que mucho me temo, la instauración de un pago básico homogéneo en la región/Estado y posteriormente en toda la Unión Europea, no va a suponer más que reparto de miseria entre muchos despojando del seguro de vida a los agricultores profesionales que hasta ahora percibían el pago único.

Soy consciente de que la entrada de nuevos países en la Unión Europea debe suponer una merma en los fondos provenientes hacia nuestra tierra pero creo, ojalá me equivoque, que la puesta en marcha de esta reforma basada en el pago básico de marcado carácter territorial puede ser la estocada final para determinados subsectores productores con una dimensión territorial diminuta.

Cuando estaba gestando este artículo llegó a mis manos un magnífico artículo de Tomas García Azcárate (Alto funcionario de la Comisión Europea y consejero encargado de la coordinación de los análisis económicos a corto plazo de los mercados agrarios) al que quiero hacer referencia y donde se subrayaban dos cuestiones que, viniendo de quién vienen, debemos tener muy en cuenta: Primero, el factor medioambiental de la propuesta de reforma es el que justifica el que esta reforma no se vea afectada por una drástica reducción presupuestaria como sería de esperar y aunque estoy de acuerdo con esa constatación, no es menos cierto que nuestros baserritarras respetan y cumplen condicionantes medioambientales y de bienestar animal que no son, para nada, recíprocamente exigidos a las crecientes importaciones de productos agroalimentarios y que el mero cumplimiento de ellos, inherentes a nuestra tradicional forma de trabajar, ya deberían ser merecedores de esos complementos ambientalistas.

Igualmente, en segundo lugar, García Azcárate hace la siguiente afirmación: "El papel de Europa no es alimentar el mundo... La perspectiva de un mundo rico y desarrollado que cubra incluso la demanda no solvente de los pobres del tercer mundo, es inaceptable ética y geopolíticamente". Si bien la comparto en parte, y de ahí nuestra decidida apuesta por el impulso de la agricultura familiar a nivel mundial, no es menos cierto que, como dice el dicho popular, "entre calvo y cuatro pelucas" existe un amplio trecho. Es por ello que el que no pretendamos ser los productores para todo el mundo, mucho menos nosotros los productores vascos, no significa que nos resignemos a aceptar el plan diseñado por las altas instancias europeas, que pretende dejar su soberanía alimentaria, geopolíticamente hablando, y la alimentación actual y futura en manos de terceros países, despojándonos de un sector primario al que todos los agentes políticos europeos reconocen su función estratégica.

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