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dferia acogerá La obra de javier ortiz 'josé k. torturado', una feroz denuncia del terrorismo de estado
Donostia, Juan G. Andrés - Lunes, 30 de Enero de 2012 - Actualizado a las 05:28h
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Un instante de la representación de 'José K. Torturado', en la que el actor Pedro Casablanc actúa desnudo y esposado en el interior de una cámara de tortura. (Foto: N.g.)
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Carles Alfaro Director Pedro Casablanc Actor
LA policía detiene a un sanguinario terrorista, José K., el más buscado de los últimos 30 años, y descubre que ha colocado una bomba en una plaza pública. Si no revela la ubicación exacta del explosivo antes de una hora, cientos de personas morirán. ¿Justificaría usted la tortura para conseguir la confesión del criminal y evitar así la matanza?
Es uno de los principales interrogantes planteados por la obra José K. Torturado, que hasta el 5 de febrero puede verse en el Teatro Español de Madrid y que el 14 de marzo recalará en el Principal de Donostia durante dFeria. La función, en monólogo de un terrorista sometido a salvajes torturas policiales, está dirigida por Carles Alfaro y basada en el único texto teatral que escribió Javier Ortiz (1948-2009).
Hace ya algunos años el periodista donostiarra ofreció en Madrid una conferencia sobre la tortura, práctica que él consideraba "un viaje moral sin retorno". "No cabe atravesar esa frontera con pretensiones de excepcionalidad", decía. Ni siquiera en el extremo e hipotético caso de José K.
Perturbados por sus argumentos, varios asistentes a la charla abandonaron la sala airados y dejaron al conferenciante con la palabra en la boca. Entre quienes se quedaron a escucharle hasta el final se encontraba la productora Sandra Toral, que rápidamente detectó el filón dramático e invitó a Javier Ortiz a escribir el texto en el que se apoya José K. Torturado. En 2005 el actor Ramón Langa hizo una lectura dramatizada y el pasado año la obra vio por fin la luz en los escenarios con Pedro Casablanc como único y absoluto protagonista.
A Carles Alfaro, que ha completado el drama con pasajes que Ortiz descartó de la versión definitiva de su trabajo, le interesó dirigir este montaje por varios motivos. Por un lado, porque plasma el sinsentido de la vulneración de derechos humanos en nombre de la legalidad y, por otro, porque plantea el terrorismo de estado desde la perspectiva de un terrorista. "En ningún momento hay duda de que es un monstruo, pero es un monstruo creado por la propia sociedad y está cargado de razones que hay que escuchar", asegura, convencido de que "difícilmente" se puede combatir el terrorismo si no se entienden sus motivaciones.
Sin que ello suponga hacer apología de la violencia, el director quería dar voz a un ser con cuyos métodos no coincide pero con quien comparte la necesidad de "desenmascarar la realidad". "Podemos compartir muchas de sus denuncias, especialmente cuando desenmascara a la otra parte", asegura, en alusión a los torturadores: "De algún modo, ambos emplean las mismas armas, solo que el terrorista las usa a pequeña escala y el Estado a gran escala".
Según recuerda Alfaro, el protagonista de la obra es un terrorista internacional que "sabe que las bombas no van a cambiar nada" pero sigue utilizándolas porque odia lo que él llama "vuestra tranquilidad y vuestra repugnante paz". En su discurso, dirigido a quienes le torturan, deja claro que les odia porque le han obligado a ser como es y porque sus acciones al final no han servido para nada. "Los últimos minutos de ese hombre son un autojuicio implacable en el que, como último argumento, intenta expresar al torturador que es igual que él", explica.
El papel más difícil de casablanc
"Alegato impresionante"
Pedro Casablanc, el actor que da vida al terrorista, tuvo dudas iniciales respecto a un texto "muy difícil, comprometido y arriesgado", pero finalmente logró "tragarse" sus prejuicios para cumplir con una tarea: "No encarnar a José K. sino ser José K. durante una hora y diez minutos". Conocido especialmente por sus papeles televisivos en series como Policías u Hospital Central, el intérprete sevillano reconoce que éste es el papel más difícil de su carrera: "Por lo que supone de postulamiento ideológico, por la cantidad de texto y lo desgarrador que es y también por la desnudez".
Una desnudez que es rigurosamente literal. Casablanc actúa sentado de espaldas al público, sin ropa y esposado. Aparece encerrado en una especie de urna con espejos que reflejan su imagen de manera poliédrica mientras una cámara -"el ojo del Gran Hermano orwelliano"- registra su parlamento. A los torturadores no se les ve, pero se les intuye a través de las luces y el sonido que emplean como métodos de tormento.
Estrenada en el Festival Temporada Alta de Girona, la obra se representa estos días en Madrid. De momento, la respuesta del público ha sido "ejemplar", en palabras de Alfaro: "Algunas personas se han sentido incómodas porque el material es delicado y sensible, pero la gente está reaccionando muy bien". Casablanc lo corrobora: "La gente, emocionada, sale del teatro cuestionando la sociedad y sus tabúes. Las alcantarillas y cloacas del Estado quedan al descubierto, abrir la puerta a la tortura es abrir la puerta al infierno".
José Saramago falleció antes del estreno de esta pieza teatral, pero fue una de las primeras personas en leer el texto de Ortiz. Así definió el Premio Nobel de Literatura José K. Torturado: "Es un alegato impresionante contra las perversiones de espíritu que pueden hacer del hombre, demasiadas veces por desgracia, el más feroz de los animales".
Gracias por su comentario
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