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Cáceres, Badajoz y Legazpi

la comunidad extremeña de legazpi celebró ayer la fiesta de la matanza del cerdo

legazpi, asier zaldua - Domingo, 22 de Enero de 2012 - Actualizado a las 05:27h

Extremeños de Legazpi preparando migas y friendo carne de cerdo durante la Fiesta de la Matanza que tuvo lugar ayer.

Extremeños de Legazpi preparando migas y friendo carne de cerdo durante la Fiesta de la Matanza que tuvo lugar ayer. (Asier Zaldua)

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UROLA Garaia cuenta con una importante comunidad extremeña, pues a mediados del siglo pasado fueron muchas las personas que vinieron a trabajar de aquella tierra a las empresas de la comarca. Así, no es de extrañar que Urola Garaia cuente con una asociación extremeña: La Bellota, de Legazpi. Ayer celebraron la Fiesta de la Matanza en su local del barrio San Ignacio y aprovechamos la ocasión para hablar con el presidente Manuel Luengo acerca de la comunidad extremeña.

Luengo señaló que en Legazpi hay muchos extremeños. "En La Bellota somos unos 40 socios, pero en su día se calculó que fueron unas 450 personas las que vinieron de Extremadura a Legazpi. La mayoría empezaron a trabajar en la empresa Patricio Echeverría. Los extremeños que vivimos aquí provenimos de distintas zonas, pero de la nuestra en concreto vinimos muchos: un cura vasco que estaba allí tenía relación con Patricio y éste solía enviar autobuses en busca de trabajadores. Era una persona de Guijo de Santa Bárbara la que se encargaba de reclutar gente. Les ofrecía venir a Legazpi, les decía cuánto se pagaba aquí y a los interesados se les pagaba el viaje de ida. Sé de gente a la que no le gustó esto y tuvo que pagarse el viaje de vuelta".

El caso de Manuel Luengo fue diferente, pues vino con su mujer, nada más casarse, a visitar a unos tíos de ella. No tenían intención de quedarse, pero acabaron estableciéndose en Euskadi. Luengo nació en Losar de la Vera, una localidad situada en la sierra de Gredos que vive de la agricultura, y se casó una joven de una zona ganadera. Decidieron aprovechar que por lo menos uno de los dos estaba obligado a cambiar de modo de vida para dar un giro a la de ambos: alquilaron un piso en Madrid para unos meses con la intención de emigrar a América cuanto antes. "No sé ni a qué parte de América íbamos a ir. Un ingeniero en cuya casa trabajó mi mujer iba a trabajar en la construcción de un aeropuerto y nosotros teníamos intención de ir allí a trabajar durante unos cuantos años".

Pero antes de ir a Madrid visitaron a unos familiares que vivían en Alsasua y cambiaron de planes. "Nos dijeron que se sentían solos, que aquí los sueldos eran mejores que en Madrid y los alquileres más baratos... Hasta entonces yo no sabía ni que existía el Norte, pero nos convencieron. Empecé a trabajar en la construcción, pero a la vez buscaba empleo en las fábricas. No era buena época para buscar trabajo y me recorrí la mayoría de las que había de Tolosa a Alsasua", recuerda.

Corría el año 1967 y aquel mismo verano le llamaron de Patricio Echeverría. No quería trabajar en un sitio y dormir en otro, por lo que decidió trasladarse a Legazpi. Los tíos de su mujer vinieron con ellos. Recuerda que tuvieron problemas para conseguir un piso. "La gente no se fía de ti hasta que te conoce. Sabíamos que había una vivienda vacía en Bikuña, pero los propietarios no quisieron alquilárnosla. Nos encontramos con un navarro amigo de la tía, les dijo a los dueños del piso que éramos de fiar y al día siguiente nos estaban esperando con la llave. Por un lado, es de entender", reconoce.

Hacerse con una vivienda no fue la única dificultad. "El clima de aquí se me hizo muy duro. En aquella época había tres o cuatro meses en los que aquí no se veía el sol y yo venía de un lugar soleado. Pasar de trabajar en el campo a trabajar con el hierro también fue duro. Mucha gente volvía porque echaba en falta su pueblo y no se hacía al nuevo trabajo. Dicen que los de aquí lo pasaron mal con la llegada de los inmigrantes, pero el que peor lo pasa es el que viene de fuera. Eso sí, ahora mi pueblo es Legazpi. Tengo 68 años y he pasado aquí 45. Aquí está mi vida, mis tres hijas nacieron aquí...".

Es más, incluso trabajó para el Ayuntamiento. "En Patricio estuve solo tres años. Después fui Policía Municipal. Me retiré muy joven, con 39 años, por un infarto. Quería seguir trabajando, pero no me dejaron". Su mujer también es muy conocida en Legazpi, pues regentó una mercería durante largos años. "Ella también quería trabajar fuera de casa y durante un mes fue a diario a Vitoria para aprender a hacer jerseys a máquina. Empezó a trabajar en casa y hace ya 39 años abrió la mercería Núñez. Yo me encargaba de la educación de las hijas y el trabajo de casa. Ahora es una hija la que trabaja en la tienda".

Se siente a gusto en Legazpi, pero por supuesto no ha olvidado sus raíces. Así, fue uno de los impulsores de la asociación La Bellota (fruto muy común en Extremadura y que da nombre a la famosa marca de herramientas legazpiarra). "Decidimos organizar una cena de extremeños y tuvo éxito. Tras la tercera edición creamos La Bellota. Somos 40 socios. Tenemos un coro y un grupo de danzas y durante muchos años hemos tenido un equipo de fútbol sala. Organizamos fiestas de Extremadura en Beasain, Legazpi y Zumarraga y todos los años vamos a la feria de Santa Lucía a vender productos típicos. Además, el Día de Extremadura bajamos la Virgen de Guadalupe a la parroquia: celebramos una misa en la que suele cantar nuestro coro".

Cuentan con un local en las antiguas escuelas del barrio San Ignacio, donde ayer se celebró la Fiesta de la Matanza. Trajeron un cerdo de un matadero y todos los presentes dieron buena cuenta de él. "Hoy nadie tiene colesterol", bromeó Luengo. El objetivo de la fiesta es recordar el día de la matanza, antaño uno de los más grandes del año para las familias extremeñas, pues se reunían todos los familiares y el cerdo al que se daba muerte servía para alimentarse durante muchos meses. Igual que en nuestros caseríos.

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