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Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
real sociedad una victoria balsámica

Super Martínez rescata a Montanier

Otro gol estratósferico del central hace justicia con una Real que fue muy superior al Betis

Mikel Recalde - Lunes, 28 de Noviembre de 2011 - Actualizado a las 05:28h

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Gol de Iñigo Martínez Reproducir img

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Nunca jamás olvidaremos el gol de Iñigo Martínez en el último minuto en el campo del Betis. Fue un tanto tan extraordinario e importante, al valer tres puntos en un momento dramático, que el vuelo del balón permanecerá en nuestra memoria durante el resto de nuestras vidas. De verdad, dentro de unas décadas quizá nos olvidemos que sirvió para salvar la cabeza del entrenador, que era un tal Montanier, pero contaremos como si fuese ayer el estratósferico disparo de este central de Ondarroa que se ha convertido en un consumado especialista desde distancias gigantes gracias a un golpeo de balón espléndido. Aunque el gol que marcó al Athletic, que sin embargo resultó estéril en cuanto a puntuación, imposibilita que alguien pueda pensar que sea casualidad. Pero es que aún hay más. Este chaval tiene una personalidad y una valentía que le convierten en un central para toda una década en la Real, si es que no viene nadie a llevárselo poniendo el dinero que le pidan. Cuando peor lo estaba pasando su equipo, después de que el Betis y un mal cambio de su entrenador le metiera en el área y le empatara un partido que tenía ganado, el defensa pegó dos gritos a todos sus compañeros en una jugada en la que despejó un centro de Ezequiel. Estaba tan desesperado por la injusticia que suponía que no iba a llevarse tres puntos tan vitales como justos por sus merecimientos, que se le quedaba pequeña su parcela como central izquierdo. Segundos antes del gol dio un pase sensacional de 35 metros a Griezmann.

En el descuento llegó el éxtasis, al inventarse un disparo desde su propio campo con la precisión de un francotirador después de robar él mismo el balón, en lo que se supone que es su principal cometido. La diferencia con el del Athletic fue que esta vez golpeó en plena carrera y desde un costado, por lo que aún se encontraba más lejos. El punto común es que fue tan perfecto que el esférico incluso tocó en el larguero antes de entrar. Embriagado de gloria, se quitó la camiseta, antes de que sus compañeros lo agasajaran en una piña que zanja de una vez por todas las dudas que había sobre si el vestuario estaba o no con su entrenador. El Villamarín se quedó anonadado y perplejo ante el golazo que acababan de presenciar, que deja a su equipo y a su entrenador en una situación muy comprometida.

Un éxito tan increíble como el de Iñigo Martínez merece un capítulo protagonista en el análisis de un partido que tuvo de todo. Si los duelos de los blanquiazules a domicilio van a ser así, que nos avisen para empezar a repartir desfibriladores entre sus seguidores. En 90 minutos la Real le dio un baño al Betis y ganó el partido, e incluso vio cómo le robaban antes de que ella misma se dejara empatar, tras un erróneo cambio de sistema de su entrenador. Y la calidad de uno de los suyos le permitió hacerse con los tres puntos nueve jornadas después. El triunfo le da vida a Montanier, que nunca puede celebrar una alegría completa. El técnico se jugó la vida con nueve de la cantera, al dar entrada a Elustondo en lugar de Mariga, y con su 4-3-3 preferido. Si hay un terreno en el que no se le puede discutir nada al francés es en el de la osadía. Si podía morir, tenía claro que iba a ser con las botas puestas, como lo hacen los valientes.

El equipo firmó en su nombre sus mejores 75 minutos de lo que llevamos de temporada. Bien plantados atrás, sin apenas conceder ocasiones, los realistas bailaron durante muchos minutos a un Betis que no entendía la manifiesta superioridad de su rival. La explicación a este cambio hay que encontrarla en que, aparte de funcionar como un bloque sólido, por fin apareció la calidad de sus mejores jugadores. Cuando Griezmann, Zurutuza, Vela y Agirretxe se ponen a jugar, simplemente como saben, todo resulta más sencillo. Porque esta Real dispone de más talento que cinco o seis equipos de Primera, pero eso hay que demostrarlo, como hizo ayer, y hasta la fecha no lo estaba consiguiendo plasmar en el campo.

Todo podía haber sido más fácil si la que estaba llamada a ser la jugada decisiva del encuentro no se hubiera quedado en agua de borrajas por obra y gracia de un árbitro incompetente y de un Griezmann que se amilanó en el punto de penalti. Alguien debería explicarnos de una vez los motivos por los que hay un reglamento para la Real y otro para los 19 equipos restantes. Que conste que yo soy de los que opinan que me parece un castigo excesivo que se muestre la tarjeta roja a los porteros cuando derriban a un delantero que les encara. La pena máxima, como su propio nombre indica, debería ser suficiente. Pero si el sábado Mateu Lahoz finiquitó el derbi madrileño al expulsar a Courtois por derribar a Benzema, ¿por qué 14 horas después, en una jugada igual, el ínclito Álvarez Izquierdo solo muestra amarilla a Casto por trabar a Griezmann dentro del área? El colegiado se pasó de listo al justificarse ante los realistas explicándoles que el galo se iba alejando de la portería. Es decir, además de malo, mentiroso. La carrera del realista no podía ser más vertical, muchísimo más incluso que la de Benzema. Lo de este colegiado clama el cielo, al ser uno de los peores que ha llegado a Primera. A una persona como esta, que cada vez que se cruza con la Real le quita puntos, o lo intenta, con sus decisiones, solo se le puede calificar con el término de ladrón, por muy fuerte que suene. Si un juez es incapaz de impartir justicia es que está corrupto. ¿Qué habría sucedido si la acción hubiera sido en el otro área? ¿Se apuestan algo a que Bravo escucha desde el vestuario el lanzamiento del penalti? Basta ya, estamos cansados de tantos atropellos.

Ahora voy con la segunda parte de la jugada, en la que también tiene incidencia el colegiado. Ya es casualidad que el primer penalti llegue justo cuando se ha lesionado su experto lanzador, Prieto. Cuando Vela se disponía a coger el balón para chutar, Griezmann se adueñó de él y le pidió que se lo dejara lanzar, a lo que el mexicano accedió. Mientras se preparaba para ejecutarlo, la afición verdiblanca comenzó a presionarle con un ruido ensordecedor, mientras el colegiado permitía a los locales perturbar aún más al lanzador al quejarse de la colocación del esférico. Del lanzamiento mejor ni hablamos, porque a Griezmann le superó la situación y protagonizó el peor disparo de su carrera. Da igual Antoine, con actuaciones como las de ayer estamos dispuestos a perdonarte todo. La Real generó más ocasiones antes del descanso, como una madrugadora volea de Elustondo, que sacó Casto, y una internada de Vela, cuyo tirito final taponó el meta bético.

dominio de la real En la segunda mitad, la Real siguió con su dominio, aunque, como su grado de confianza iba en aumento, cada vez jugaba mejor. Zurutuza llevaba la manija del choque y cada vez que aparecía Griezmann se mascaba el peligro. Tuvo que ser Agirretxe quien hiciera justicia al fútbol champagne de los realistas con un gran cabezazo tras un córner botado por Vela. Poco después el de Usurbil estuvo a punto de doblar su cuenta, pero su remate casi a puerta vacía se estrelló en el larguero. Montanier, que estaba saliendo airoso de una prueba complicadísima, quiso darle una vuelta de tuerca al partido, pero se equivocó. Respondió a la descabellada apuesta de Mel de sacar delanteros dando entrada a Demidov para pasar a actuar con tres centrales. No entendió que este equipo no sabe defender metido atrás, algo que ha demostrado en los últimos años. Pese a que Vela anotó el 0-2 que parecía definitivo, la situación había cambiado por completo. En cinco minutos los realistas echaron por la borda su trabajo anterior al encajar dos tantos por el centro, a cargo de Jonathan Pereira. Con el drama de lo maravilloso que podía haber sido y no era, llegó la obra maestra de Iñigo Martínez.

Y ahora ¿qué hacemos?, se preguntarán muchos. En el fútbol los que mandan son los resultados. Montanier tenía un match ball y lo ha salvado, así que sigue. Le toca continuar ganando y que la situación del equipo no le vuelva a colocar en el paredón. Porque hasta en sus mejores días sigue dejando dudas. Esa será otra historia; en días como ayer y con jugadores como Iñigo Martínez, merece mucho la pena ser de la Real.

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