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La búsqueda de una solución al proyecto de incineradora de Zubieta -ya en marcha- va a ser un quebradero de cabeza para Bildu, que deberá moverse entre el posibilismo y los compromisos adquiridos con su base social
Domingo, 16 de Octubre de 2011 - Actualizado a las 05:42h
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el evidente enfado con el que el diputado foral de Medio Ambiente, Juan Carlos Alduntzin, ha recibido la decisión del Consorcio de Residuos de Gipuzkoa de aprobar la construcción del edificio que albergará la incineradora cuando este organismo está a punto de renovar su composición como consecuencia de los resultados electorales de los comicios de mayo, revela los escasos márgenes en los que se está moviendo el desarrollo de una infraestructura en la que chocan de frente los programas electorales y que ha terminado generando filias y fobias. Ante el cuestionamiento de un proyecto que resolvería la gestión de los residuos del territorio y cuya ejecución ya está en marcha, Bildu -que ha convertido en bandera la paralización de la obra- propone priorizar la extensión del sistema puerta a puerta en los municipios de Gipuzkoa y la optimización del reciclaje cuyo resultado, considera la coalición abertzale, relativizaría la necesidad de la construcción de una incineradora hasta convertirla casi en prescindible. Pero los tiempos corren en contra de las alternativas que barajan los actuales responsables de la Diputación. De hecho, hace apenas tres años hubo que tomar decisiones drásticas ante el inminente colapso en la gestión de residuos en el territorio: el crecimiento exponencial de la basura (una de las cuestiones a las que debería ponerse freno en las sociedades occidentales con medidas drásticas) estaba saturando los vertederos de Gipuzkoa y, de forma especial, el de San Marcos de Errenteria, cuya población llevaba décadas sufriendo las consecuencias de la proximidad del basurero. Aquel cierre no hubiera sido posible sin el compromiso de las mancomunidades de Gipuzkoa de aceptar durante un tiempo los residuos de Donostialdea y sin la costosa partida presupuestaria que se destina al vertedero vizcaino de Igorre por hacerse cargo de una parte de estos residuos. Y todo ello tenía como premisa la construcción de una incineradora que resolvería la eliminación de aquellos restos que no tienen reciclaje. Este complicado entramado es el que tiene por delante Bildu para resolver y la cuenta atrás ya está en marcha; penden sobre los nuevos organismos que va a gobernar la coalición la amenaza de indemnizaciones millonarias, el rechazo de Bizkaia a seguir aceptando camiones y las expectativas de las plataformas antiincineradora que aspiran a ver paralizada la obra de Zubieta.
Gracias por su comentario
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