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Cáritas organiza una vez al mes visitas por diversos centros que gestiona en donostia para dar a conocer a la ciudadanía la realidad social que padece el territorio

Iraitz Astarloa - Domingo, 22 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:38h

"LA Parte Vieja, la bahía, el puerto, Urgull... son las fotos que encontramos en cualquier foto de nuestra ciudad, pero esto también forma parte de la postal donostiarra", afirma Jon Odriozola, responsable de formación y voluntariado de Cáritas. Él se convierte en un improvisado guía turístico ante una treintena de personas. El objetivo: mostrar la otra realidad que esconde la ciudad. La de la pobreza, la marginación y la exclusión social. "Se trata de sitios bonitos y emblemáticos de Donostia. Una visita guiada distinta a las que se ofrecen en la ciudad", indica Odriozola.

Pobreza y exclusión

El humo de la ciudad

"La pobreza y la exclusión social son una especie de humo en esta ciudad. Existen, pero parece que son invisibles para los ciudadanos", critica. Por ello, desde octubre del pasado año, Cáritas organiza una visita guiada el último miércoles de cada mes, haciendo un recorrido por diversos centros que la organización diocesana tiene en Donostia. Esta vez es el turno de Laguntza Etxea, Hotzaldi, Lamorus y Zurekin Bat, cuatro centros que abarcan las distintas necesidades de los más desfavorecidos, desde una atención primaria hasta un acompañamiento en la ocupación del tiempo de ocio. La visita congrega a una treintena de personas, entre estudiantes, voluntarios de diferentes parroquias y otras personas interesadas en la labor que desempeña la agrupación. "Desde Cáritas estamos muy contentos con la respuesta que está teniendo la gente ante esta experiencia", confirma Odriozola. "Nos dimos cuenta de que casi todo el mundo relacionaba Aterpe con Cáritas, pero mucha gente se acercaba a nosotros para preguntarnos qué más hacíamos en el territorio. Al mostrarles toda la oferta que tenemos, la gente se interesaba por conocer estos lugares", relata. Para coordinar todas esas visitas, Cáritas decidió emplear el último miércoles de cada mes en mostrar estos lugares. "Lo hacemos por las tardes, cuando los centros están vacíos de usuarios y se llevan a cabo en ellos únicamente labores administrativas, para preservar la intimidad y la dignidad de estas personas", explica.

Normalmente, invitan a las distintas parroquias de Gipuzkoa para que sus voluntarios conozcan las labores que se llevan a cabo en Donostia. "También nos movemos mucho con alumnos universitarios. Solemos dar muchas charlas y algunos se animan a venir".

Visita a los centros

Una cantera de voluntarios

Sin duda, uno de los principales objetivos de estas visitas estriba en engordar la cantera de voluntarios con los que cuenta Cáritas en Gipuzkoa, que son "la columna vertebral de la entidad", asegura Odriozola. De hecho, son los voluntarios los que llevan el peso de estos centros. Y, aunque Cáritas es la asociación con más personas voluntarias en Gipuzkoa, entre 900 y 1.000, "nunca es suficiente con todo lo que hay por hacer", señala.

Con todos estos centros, Cáritas ha creado una red de solidaridad que permite a las personas socialmente excluidas recuperar una dignidad que creían perdida.

Laguntza Etxea: centro de atención primaria para el inmigrante

Donostia. Laguntza Etxea, en Ategorrieta, se ha convertido para muchos inmigrantes en su refugio en Donostia. Se trata de un centro de atención al extranjero, “una primera toma de contacto del inmigrante con Cáritas”, explica Jon Odriozola, responsable de formación y voluntariado de la organización.

Laguntza Etxea nació hace un lustro con vocación de convertirse en lugar de paso para los inmigrantes que llegaban a Gipuzkoa. El centro busca ayudar al inmigrante en las necesidades más apremiantes que tiene al llegar, que son el empleo, la vivienda y la regularización de su situación. Sin embargo, y debido principalmente a la crisis, que se ha cebado especialmente con el colectivo inmigrante, “más que en un centro de paso se ha convertido en un lugar de referencia para ellos”, reconoce Jon Sardón, trabajador de Cáritas en el centro. “Ellos perciben los recelos que causan en la sociedad y aquí se sienten bien, sienten que forman parte de este lugar”, asevera.

Laguntza Etxea es más que un comedor social que atiende a 60 personas a diario, “es un centro que da una respuesta global y una atención específica a cada persona”, explica Sardón.

Para ello, cuenta con un servicio de abogacía, que gestiona los trámites legales de los inmigrantes; un servicio de trabajo social para colaborar con aquellas personas que no han logrado acceder a los recursos que necesitan o a diversas ayudas sociales; pisos de acogida para familias y mujeres, que dentro del colectivo inmigrante son las más castigadas; bolsas de comida en la calle, con las que medio centenar de personas ven cubiertos el desayuno, la comida y la cena; servicio doméstico, que sirve como bolsa de empleo para numerosas mujeres; servicio de lavandería y pago de medicamentos. El objetivo principal de este centro es normalizar la situación del inmigrante. “Intentamos ofrecer soluciones a las personas, sean de donde sean, para que el que llega aquí pueda sentirse como un ciudadano más”, señala Abdulai, abogado del centro. >I. Astarloa

Aterpe y Hotzaldi: centros de acogida para personas sin hogar

Donostia. Aterpe es un centro de acogida para personas sin hogar que abre sus puertas todos los días del año para dar a este colectivo un lugar en el que sentirse acogido y escuchado.

160 voluntarios se encargan de que las personas que llegan a Aterpe tengan algo que llevarse al estómago, además de ofrecer un servicio de enfermería, podología o asesoría jurídica.

Además de Aterpe, Cáritas gestiona Hotzaldi, una sala del frío que se abre del 15 de noviembre al 31 de marzo para paliar los efectos que las noches de invierno producen en estas personas que carecen de una red social en la que ampararse.

“No se trata solo de darles de comer u ofrecerles un sitio en donde dormir; lo que les proponemos es un servicio de acompañamiento de la soledad con el que, sin ningún tipo de juicios ni valorizaciones, procuramos que estas personas se reintegren en la carrera de la vida”, explica José Antonio Lizarralde, Pottoko, coordinador social de Cáritas en el Hotzaldi y en el Aterpe de Donostia.

“Se trata de unas vigas de sujeción para que los procesos de sufrimiento se puedan aliviar”, incide Pottoko mientras recuerda que “nadie está en la calle porque quiere”. “Llegar a la calle es un proceso escalonado de ruptura con el arraigo que nos puede suceder a cualquiera”, recuerda.

Aterpe acoge cada día a un centenar de personas y Hotzaldi tiene capacidad para cuarenta hamacas. “Nunca quedan sitios libres”, asegura.

A pesar de lo que puede parecer, no son solo inmigrantes los usuarios de estos centros. “Actualmente un 30% de las personas que atendemos son gente de la provincia”, señala, advirtiendo de que en estos espacios “cada vez se escucha más euskera”.

Pottoko también se muestra preocupado con la bajada de la edad media de los usuarios, que actualmente se encuentra en los 35-40 años.

Por ello, la principal labor de estos dos espacios es crear un enganche con estas personas para que se les derive a otros proyectos y así vuelvan a entrar en el círculo de la sociedad. >I. Astarloa

Lamorus: un taller ocupacional donde recuperar la dignidad

Donostia. El taller educativo-ocupacional de Lamorus emplea a numerosas personas sin hogar, que consiguen, a través del trabajo, volver a recuperar su autoestima y así continuar avanzando en la vida.

En Lamorus se trabaja con caucho, plastificando la revista Aranzazu, con baldosines de azulejo y con reguladores de gas ciudad, un trabajo por el que obtienen un dinero que va íntegramente para cada una de las personas que acuden al taller. Sin embargo, como afirman desde Cáritas, “el trabajo es lo de menos”.

“Aquí nos llega gente muy cascada, que llega rebotada de todos los sitios y lo que intentamos es reintegrarlos en la vida normalizada”, expone Rafa, trabajador de Cáritas en este centro. “Entrar en el centro supone volver a entrar en el círculo de la sociedad porque tienen que venir limpios, tienen que respetar unos horarios, unas normas... y todo eso genera un hábito de conducta”, explica.

El personal de Cáritas es estricto en este sentido y obliga a las personas que acuden al taller a respetar una serie de normas, siendo una de las más importantes la de que no pueden consumir mientras están trabajando. “Si en las horas que están aquí no consumen, reducimos en muchas horas el consumo de sustancias como alcohol y drogas, y así favorecemos que ganen calidad de vida”, indica el trabajador.

El trabajo es la pieza fundamental del taller, ya que permite a estas personas volver a sentirse útiles en la sociedad, pero sin embargo, no es el único ámbito que trabajan. “Hacemos distintas actividades como un taller de prensa, yoga, o ir a distintas exposiciones. Además, una vez al mes acuden a la Kontsumo Gela del Gobierno Vasco, donde aprender a consumir correctamente y también se realizan tres salidas de todo el día al año”, narra Yolanda, voluntaria de la entidad.

Con todo esto, Cáritas consigue que estas personas recuperen la dignidad que habían perdido y que vuelvan a gozar de un sentido de pertenencia a un lugar. >I. Astarloa

Zurekin Bat: la red social de las personas en situación de exclusión

Donostia. “Cuando una persona no tiene red social, cuando está sola en la vida, el día se le hace eterno”, explica Jon Odriozola, responsable de formación y voluntariado de Cáritas. Esa fue la razón que llevó a esta organización a crear Zurekin Bat, un lugar que, cada quince días y durante tres horas, permite poner en relación a numerosas personas que viven en soledad.

“Hay dos tipos de soledad: la opcional, que consiste en ese mal día en el que todos queremos estar solos; y la impuesta, la de aquel que está en la calle y tiene 24 horas tremendamente largas para sí mismo”, analiza el miembro de Cáritas.

Por ello, en pleno Bidebieta, a escasos 20 metros del taller ocupacional de Lamorus, Cáritas ha creado un pequeño lugar de esparcimiento que permite aliviar la soledad a muchas personas. Juegos de mesa, televisión, ordenadores, cocina y hasta un escenario donde algunos magos y grupos de música han ofrecido sus espectáculos hacen que las horas pasen más deprisa que cuando se vive la soledad de la calle. “Todo ha sido gracias a donaciones y planes renove de instituciones y gente que habitualmente colabora con nosotros”, señala Odriozola, sentado en un antiguo sillón que, recuerda, “nos lo cedió la Kutxa”. “Imagínate, antes se sentaban aquí los directores de la Caja”, dice.

Este espacio abre cada dos domingos. “Los voluntarios llegan a las cuatro y organizan un poco el lugar y qué se va a hacer durante la tarde. Preparan los materiales que se van a utilizar. A partir de las cinco comienza a llegar la gente y se lleva a cabo la acogida. Se juega al parchís, a las cartas, a distintos juegos de mesa, incluso vemos películas”, enuncia. Pero el momento más importante del día llega a partir de las siete, cuando un café acompañado de unas pastas da inicio a un tiempo de charla, de conocimiento, de relacionarse.

Zurekin Bat y los voluntarios que comparten su tiempo de ocio permiten que la soledad impuesta desaparezca durante unas horas de la vida de estas personas. >I. Astarloa

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