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Una real con cinco defensas en el once titular y con Xabi Prieto, Aranburu y Zurutuza en el banquillo, cae goleada y se ve obligada a sumar un punto en Anoeta ante el GEtafe
Mikel Recalde (Enviado especial a Sevilla) - Lunes, 16 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:37h
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(EFE)
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La Real perdió en Sevilla, pero su derrota, aunque previsible, no fue una más. Los realistas saltaron al campo con la bandera blanca del que reconoce su inferioridad y el que demuestra su cobardía. Su entrenador sufrió un ataque de miedo impresionante en el peor momento y prefirió evitar una goleada a intentar puntuar con el mismo esquema de siempre con el que, por ejemplo, le puso en serios aprietos a los sevillistas en Anoeta. Los resultados de la jornada de ayer provocan que la Real se tenga que jugar el descenso con el Getafe en el agónico duelo del que, probablemente, saldrá el último descendido que queda por decidir.
Al parecer, a Martín Lasarte no le parecía suficiente el pésimo resultado que le dieron las pruebas y los cambios de esquemas de los últimos meses. Todos acabaron en fracasos estrepitosos, salvo el de la victoria ante el Barcelona, con las evidentes connotaciones especiales que tuvo ese encuentro. El uruguayo debió de sufrir un golpe de calor en Sevilla, porque la estrategia que se le ocurrió fue el planteamiento más ultradefensivo que se recuerda. Estas cosas ya se le solían ocurrir a técnicos de la misma cuerda que el realista, es decir, un poco chapados a la antigua, como Clemente o Maguregi.
Lasarte desplazó a toda su plantilla a Sevilla e, incomprensiblemente, en una decisión sin precedentes, prescindió de los mejores. Su solución para acabar con la sangría de goles encajados fuera de casa fue incorporar a otro defensa. Su idea resulta cuanto menos pintoresca ya que lo que ha quedado claro para todos en estos últimos decepcionantes meses es que lo peor que tiene la Real son sus defensas y que varios de ellos no son futbolistas de Primera División. El uruguayo sentó a Mikel Aranburu, el realista más en forma con diferencia de la plantilla, y dio entrada a Gorka Elustondo, al que no se le puede exigir ninguna responsabilidad de lo sucedido ayer pero que había salido de las alineaciones porque no estaba al nivel necesario. La síntesis de todo esto es que en el partido clave de la temporada la Real sacó uno de sus peores equipos posibles y que, por el contrario, su banquillo era de los mejores de la jornada de ayer. Fenómeno.
Desde el primer minuto se pudo comprobar, como imaginábamos todos -salvo Lasarte, claro-, que no había ningún jugador capaz de conducir mínimamente el balón. La táctica consistía en resistir como se pudiera atrás y rezar para que Griezmann e Ifrán obraran el milagro de marcar en una acción individual. Como Dios no va a bajar a verle todos los días, como en los últimos minutos ante el Zaragoza, pues la llegada de la derrota fue una mera cuestión de tiempo.
El Sevilla, cuyo entrenador, Gregorio Manzano, se supone que estaría realmente sorprendido por la esperpéntica alineación de su rival, no salió demasiado fuerte. Los hispalenses eran plenamente conscientes de que su dominio iba a ser abrumador ante un rival encerrado como hacía tiempo que no se veía en la Liga. No por poner a más jugadores en la zaga se evitaron remates dentro del área. La solución al problema nunca era esa, sino mejorar en la calidad defensiva, una faceta en la que ha fracasado por completo un excentral como Lasarte. A los trece minutos, Negredo ya había cabeceado solo en el área un centro de Perotti. Un minuto después, en una jugada de pizzarra y muy elaborada, en un saque largo de Bravo, Ifrán bajó el balón con talento, se adentró en el área pero su intencionado disparo con la zurda se marchó rozando el poste. Fue la única opción real de la que dispuso el equipo txuri-urdin en el primer acto. Todo lo demás fue una dramática y tensa espera de la llegada del primer gol local.
Incluso el Sevilla podía imaginar que la estrategia visitante consistía en dejarles centrar para ganar la partida aérea en el centro. Pero es que ninguno de los tres centrales le quitó un solo balón a Negredo en todo el encuentro. Eso sí, el vallecano contó con la inestimable ayuda del colegiado, que le permitió todo en los saltos. Fue Bravo el que mantuvo con vida a su equipo con tres intervenciones de mérito. La mejor oportunidad local fue precisamente un testarazo de Negredo al larguero.
Aún peor tras el descanso La salida de la Real en la segunda parte fue tan penosa como acostumbra últimamente. El descanso le vino mal, ya que perdió intensidad y le costó horrores entrar de nuevo en el choque. Una crisis de ese tipo nunca le sale gratis a los realistas y, al cuarto de hora, el Sevilla se había cobrado dos goles de Kanouté y un remate de Alfaro al poste. Las tres jugadas fueron cabezazos rematados sin apenas oposición dentro del área.
En cuanto Bravo dudó un poco, llegaron los goles, en la mejor demostración de que la táctica de Lasarte pendía un fino hilo. No se crean que al llegar el primer gol el uruguayo se decidió a hacer cambios, porque su velocidad de reacción durante el choque tampoco es otra de sus especialidades. Cuando al fin decidió hacer sustituciones, dio entrada a Xabi Prieto y Agirretxe. El del Usurbil, el realista más efectivo de la campaña por minutos jugados, encontró la recompensa del gol en una acción en la que definió con la calidad y la sangre fría de los buenos delanteros centros. Al minuto siguiente, la Real rozó el empate en una jugada en la que Labaka se coló en el área y su centro con la zurda pegó en el cuerpo de Cáceres. Los realistas reclamaron mano, pero la jugada no pareció muy clara. Además Turienzo Álvarez ya solo pitaba hacia a un lado en un arbitraje con un tufillo muy casero. Fue la última opción para puntuar de los realistas porque poco después Romaric penetró en el área vasca como Pedro por su casa y el rechace de Bravo lo metió en la red Negredo.
El fútbol español no cambia y sigue desprendiendo un asqueroso aroma a trampa. Un año más, el duelo que probablemente dilucidará el tercer descendido será el único en el que se enfrentan dos candidatos a perder la categoría. La Real cuenta con ventaja, ya que le vale el empate, pero al contrario que en esta jornada, parte con un déficit en el apartado psicológico, porque es ella la que viene ahora de perder una batalla. Será una jornada no apta para los corazones sensibles. Refuercen los desfibriladores en Anoeta, por favor.
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