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pello Salaburu Catedrático de Filología vasca y exrector de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

"La universidad está buscando ser referente mundial mirándose en el ombligo de España"

"Bolonia se ha entendido mal en España", afirmó ayer Pello Salaburu durante la presentación del libro 'España y el Proceso de Bolonia. Un encuentro imprescindible', del que es coautor con Guy Haug y José Ginés Mora y donde se realiza un análisis riguroso del proceso de integración en el EESS

Idoia Alonso - Jueves, 12 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:38h

El catedrático de Filología Vasca de la UPV/EHU, Pello Salaburu.

El catedrático de Filología Vasca de la UPV/EHU, Pello Salaburu. (Foto: O. Martínez)

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Bilbao. En su libro afirma que la adaptación de la universidad al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ha sido necesaria pero que "Bolonia se ha entendido mal en España".

Suscribo totalmente Bolonia como idea, en el sentido de homologar las distintas titulaciones en Europa, pero cuando se intenta aplicar en un sistema universitario extremadamente rígido como el español genera problemas. Es muy difícil encajar algo flexible mediante leyes, decretos, controles... una cascada de decisiones burocráticas que devienen en un sistema absurdo que atenta contra la autonomía universitaria. Intentamos buscar la referencia internacional mirándonos en el ombligo de España. Este es el principal obstáculo.

¿Por qué la adaptación al EEES ha sido un camino más largo en el Estado español?

Hay dos razones: la tradición universitaria es más corta, y el apoyo económico es menor. Y ello se produce en un contexto en el que hay una normativa extraordinariamente exhaustiva. Si además, cada año hay un ministro nuevo es muy difícil hacer planes.

Tras diez años… ¿Se han corregido los vicios estructurales que aquejan al sistema: excesiva burocracia, estructuras medievales en su funcionamiento y gestión, un mapa de titulaciones excesivo?

En el sistema universitario español había personas de mucho nombre que hacían y deshacían a su antojo. Esta situación afortunadamente ha ido cambiando, no por Bolonia sino por relevo generacional. Por tanto, hay algunos vicios que han cambiado por cuestiones que no tienen que ver con Bolonia. Bolonia ha podido cambiar la mentalidad en el sentido de que formamos parte de un espacio mayor y que debemos esforzarnos para que los planes de estudio en los distintos países tengan la misma estructura, duración, materias básicas. Pero creo que en el día a día y en la práctica, Bolonia o con la excusa de Bolonia se ha generado más burocracia.

Hay dos ideas que resultan especialmente interesantes, la que se refiere al perfil del profesorado que se contrata y la referida al papel de las agencias de evaluación. Empezaré por esta última dado que asistimos a la refundación de la Agencia Vasca de Calidad Unibasq. ¿Las agencias son un requisito del proceso de Bolonia?

La calidad de la docencia e investigación es uno de los requisitos de Bolonia. Lo que pasa es que aquí tenemos un problema, tenemos dos agencias, la vasca (Unibasq) y la española (Aneca), y muchas veces sostienen criterios distintos lo cual, además de ridículo, es un problema añadido. Las agencias son necesarias, pero no me gusta cómo funcionan en Europa ya que son teóricamente autónomas pero en la práctica son estatales.

¿Cumplen con lo que tienen que hacer para que las universidades sean más competitivas?

Creo que no después de comprobar el ejemplo de la Aneca a la hora de aprobar las titulaciones. El sistema de acreditación que se ha elegido no ha servido para nada, sólo para generar mucha más burocracia.

De sus palabras se trasluce que el Gobierno español ha usado la Aneca como un instrumento intervencionista, como un elemento que distorsiona la autonomía universitaria para aprobar su mapa de titulaciones o acreditar a su profesorado.

Sí, sí... Creo que en el diseño actual del sistema universitario español no se ha respetado tres cuestiones básicas que deberían ser competencia exclusiva de las universidades: cuántos alumnos entran y cómo tiene que entrar a tu universidad; cómo se contrata al profesorado, qué profesor, cuánto le pago, cómo lo hago; y cómo diseño los planes de estudios. Estas tres cuestiones son competencia exclusiva de las mejores universidades del mundo, de esas a las que nos dicen que nos debemos parecer. Toda universidad seria cuida muy bien esas tres cuestiones, pues bien, aquí no están en manos de las universidades. Nunca podremos competir si las universidades no asumen estas tres competencias: número y modo de acceso de alumnos; contratación del profesorado y planes de estudio.

Ya que usted forma parte de Unibasq, una cuestión. Los nuevos estatutos recogen que expertos de fuera de la CAV, sin euskera, evalúen la labor docente e investigadora del profesorado. ¿Lo comparte?

Soy completamente contrario a esa medida. Se aprobó lo que se aprobó, no estuve el día de la votación, pero manifesté por escrito mi rechazo. Hay una paradoja, en Madrid -un entorno en el que hay más competitividad- yo puedo valorar un trabajo de investigación y acreditar a un profesor de aquí, y aquí no puedo.

La competencia entre las universidades se mide básicamente por el impacto de la investigación de su personal. Además, la investigación y la transferencia son la base del nuevo paradigma económico. Sin embargo, usted sostiene que las universidades han contratado profesores en función de sus necesidades docentes, ¿es así?

La investigación siempre ha estado en segundo plano. Desde mi punto de vista las universidades deben ser centros de investigación en los que, además, se enseña. Ahora está cambiando un poco, aun así el tema sigue siendo una paradoja, ya que se valora mucho la investigación a la hora de contratar a un profesor, pero curiosamente toda la planificación de personal se hace en base a las necesidades docentes. Dicho esto, también he de decir que tenemos las limitaciones económicas que tenemos.

Mantiene que la financiación de la universidad es un problema no resuelto ¿Por qué?

Básicamente, la financiación pública te asegura el capítulo 1, el correspondiente a gastos de personal, y después te dicen que te busques la vida. Por ejemplo, en la Universidad de California la aportación pública es el 50% del presupuesto global y el resto se corresponde con los recursos propios que generan los departamentos y sobre todo la cantidad de dinero que es capaz de captar el consejo social y el rector entre empresas, exalumnos, profesores, PAS...

¿Se debería explorar el camino de la financiación público-privada o entra en conflicto con el estado del bienestar y la igualdad de oportunidades que preside la enseñanza?

Sí, sí, no sólo es un camino que se debería de explorar si no que va a ser muy potente en el futuro. Yo no veo otra posibilidad. Es imprescindible la colaboración entre la empresa y la universidad. Estoy convencido que esta unión estratégica va a dar muy buenos resultados en el futuro, ahora, tiene que cambiar la mentalidad.

El aumento de las tasas un 300% en Reino Unido ha provocado una reciente oleada de protestas. En el Estado, y entre bambalinas, hay una corriente a favor del copago, pero nadie se ha atrevido a ponerlo sobre la mesa, seguramente porque es una medida impopular y cada año estamos de elecciones. ¿Qué opina?

El sistema actual, en el que el alumnado paga unas matrículas muy bajas -menos del 15% de lo que cuesta su carrera- es profundamente injusto. No puede ser que una persona con recursos importantes y otra que no los tenga acaben pagando lo mismo. En segundo lugar, la universidad beneficia a toda la sociedad, pero fundamentalmente a unas pocas personas que acaban en la universidad, no es al 100% del alumnado como en la enseñanza Obligatoria. Mi idea es que la universidad debe ser bastante más cara pero combinado con un buen sistema de becas, sobre todo en grados. El máster tiene que tener un tratamiento distinto, tiene que ser mucho más caro porque son unos estudios mucho más especializados y los cursan mucha menos gente. Por tanto, las ayudas tienen que ser a través de créditos.

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