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Imanol Querejeta y Javier vizcaíno - Sábado, 2 de Abril de 2011 - Actualizado a las 05:50h
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Hay personas que necesitan de una agenda para poder concentrarse en sus acciones. (Foto: bradleyaharmon.com)
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Procrastinación, ¡menuda palabra! Cuesta pronunciarla y, además, asusta. Sin embargo, se refiere a algo de lo que casi nadie está libre: ir retrasando las tareas o las decisiones pendientes hasta el último momento... o hasta que ya no hay nada que hacer. ¿Qué hay detrás de este comportamiento? Es lo que nos proponemos descubrir en las próximas líneas.
J.V.- Pereza, indecisión, incapacidad para gestionar el tiempo... ¿Qué nos hace dejar para mañana lo que podemos hacer hoy?
I.Q.- De todo un poco de lo que mencionas. Los hay que lo dejan por pereza, los hay que lo hacen por indecisión; también los que lo hacen porque necesitan estar muy presionados para hacer las cosas, especialmente, si las quieren hacer bien. Hay tipos de personalidad que necesitan tener permanentemente algo inconcluso.
J.V.- Lo curioso es que mientras estamos retrasando un trabajo o la toma de una decisión, somos conscientes de ello, y hasta nos sentimos mal por hacerlo, pero aun así, somos incapaces de acometer la tarea que nos espera.
I.Q.- Las personas que hacen eso no siempre se sienten mal. Simplemente piensan que ya lo terminarán luego y resulta que al final ese luego se convierte en un cúmulo de problemas y de tareas sin resolver.
“Gero dioenak bego dio” (Axular)
J.V.- Y tampoco nos detiene saber que cuanto más nos demoremos, más difícil será la tarea.
I.Q.- Efectivamente. Las personas a las que les pasa esto suelen ser reincidentes y lo peor es que el tiempo que no invierten en su tarea, esa que están dejando para luego, suelen estar holgazaneando.
J.V.- Cuando por fin no nos queda más remedio, nos ponemos a ello; sufrimos, nos agobiamos, nos prometemos que va a ser la última vez, que la próxima no volverá a pasarnos. Pero nos pasa. No aprendemos...
I.Q.- Hay un perfil típico de persona que incurre en esto que le pasa como el que se propone otras muchas cosas (hacer deporte, dejar de fumar, hacer dieta, etc.) y no las cumple.
J.V.- En los trabajos creativos (y levanto la mano), hay quien sostiene que sentir la presión del tiempo es beneficioso para el resultado. ¿Una autojustificación como otra cualquiera?
I.Q.- No. Ya te decía antes que hay gente que tiene dificultades para concentrarse en algo si no tiene una agenda espartana que suele crearse cuando ya no hay tiempo. Eso de sentir el aliento en el cogote a mucha gente le funciona un plus para extraer lo mejor de sí mismo.
J.V.- La única medicina parece ser tener a alguien que nos imponga -¡y nos haga cumplir!- unos plazos. ¿No podemos aprender a poner nuestros propios plazos... y a cumplirlos?
I.Q.- Muchas veces el que obra de esta manera es capaz de cumplir los plazos que la realidad (no necesariamente una persona) le ponga.
J.V.- ¿Es un rasgo permanente de la personalidad? ¿Va por épocas? ¿Tiene algo que ver con la edad?
I.Q.- Los obsesivos son muy de dejar las cosas inconclusas mientras fantasean por otros parajes, pero también hay épocas en las que la gente tiene más dificultades para rendir porque está sometida a otras presiones y no se puede aplicar. La edad tiene que ver con todo, en unas ocasiones para bien y en otras no tanto y en unas personas de una manera y en otras, de otra.
J.V.- En general, hemos hablado de casos leves aunque no muy saludables. ¿Puede llegar a ser más grave, algo patológico que requiera una solución profesional?
I.Q.- Sí. Cuando tienes un trastorno que te impide terminar cualquier asunto que inicias, requieres de un tratamiento profesional y según la intensidad de este síntoma, puede que durante mucho tiempo. Es una entidad difícil de tratar que muchas veces da resultados con pequeños logros que van consiguiendo diferentes terapeutas.
J.V.- Como tantas veces en esta sección, pienso en los niños. Están rodeados de tentaciones para retrasar lo que tienen que hacer: la tele, internet, la wii... ¿Cómo les ayudamos? (además de con el ejemplo, claro).
I.Q.- El ejemplo es lo más claro, pero luego hay que establecer con ellos unas bases de negociación sólidas sobre las que se asienten unas normas y unos límites. Creo que hay que establecer unos límites al uso de las herramientas que has mencionado y también transmitir a los niños que esto no es un juguete, aunque el formato, sin duda para vender más, lo parezca. Internet, como todo, es una herramienta muy útil si se usa bien.
· Planificar el tiempo y darse cuenta de que invertir los términos (acabo hoy y me divierto los próximos días) es muy interesante.
· Procurar no tener muchos asuntos o tareas abiertas al mismo tiempo.
· Recuperar lo que se pierde tras hacer la planificación.
Gracias por su comentario
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