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plan de inserción social

Un programa pionero en Gipuzkoa favorece la inserción social de presos y personas excluidas

Un equipo acompaña a miembros de este colectivo en la ayuda de las tareas diarias

La Asociación Arrats atendió en 2010 a 24 personas que han podido integrarse en la red de servicios sociales

Jorge Napal - Lunes, 7 de Febrero de 2011 - Actualizado a las 05:33h

La trabajadora social Mari Jose Domínguez y el miembro de Arrats Jose Mari Larrañaga, en el local donde se gestiona el innovador programa.

La trabajadora social Mari Jose Domínguez y el miembro de Arrats Jose Mari Larrañaga, en el local donde se gestiona el innovador programa. (Ainara Garcia)

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Donostia. "Ayúdame a encontrar una casa, necesito un trabajo". Acaba de dejar atrás una experiencia penitenciaria y es lo primero que demanda. Ha salido de la prisión desubicado, sin referencias. Tras un largo periodo privado de libertad, hasta el ruido del tráfico le resulta molesto los primeros días. Necesita que le echen una mano.

Un piso y un empleo paliarán su zozobra, pero basta escarbar un poco para saber que sus problemas no acaban ahí: nunca ha tenido unos hábitos normalizados, nunca se ha guiado por unos horarios… "Atendemos este tipo de perfiles, el de gente que viene con una demanda concreta, aunque tras ello hay mucho que trabajar. Intentamos encauzarlo todo en la medida de lo posible", sintetiza la trabajadora social Mari Jose Domínguez.

Esta mujer coordina un programa de acompañamiento para este colectivo tan vulnerable. Se trata una experiencia innovadora en Gipuzkoa, gracias a la cual personas que viven en la cuerda floja pueden solventar sus problemas cotidianos. Asuntos tan triviales como realizar papeleos o acudir a la cita con el médico son quehaceres diarios que, mal que bien, solventa cualquier persona que lleva una vida normalizada. Estos trámites se antojan un muro infranqueable para este colectivo tan desorientado.

El objetivo del programa, que arrancó en 2006, es lograr la autonomía personal. En un principio, sólo se atendía a aquellos con experiencia penitenciaria, tanto en tercer grado como con condicional o con expediente de excarcelación. Poco después se vio la necesidad de ampliar el radio de acción hacia aquellos colectivos en exclusión que, sin haber pasado por la prisión, también padecían lo suyo. "Nos lo venían pidiendo. Hacemos trabajo de calle, conocemos a la gente que ha salido del centro penitenciario o vive sin recursos, y era constante el requerimiento para que les hiciéramos un acompañamiento más profundo", resume Jose Mari Larrañaga, miembro de la Asociación Arrats, que ofrece atención integral a este colectivo.

Arrastrar problemas Muchos dejan el centro penitenciario para volver a la calle, al desarraigo, arrastrando sus problemas sanitarios, mentales y de formación. ¿Quién se interesa por estas personas? Arrats fue una de las asociaciones que no dudó en tender su mano a este colectivo tan olvidado, realizando un acompañamiento en toda su dimensión. Lo hacían sin recibir subvención alguna, pero técnicos de la Diputación entendieron la necesidad de continuar con esa labor, y el Ejecutivo foral prestó su apoyo a través de un convenio. La gestión la lleva Arrats.

En 2010 fueran atendidas 24 personas, repartidas a partes iguales entre usuarios con experiencia penitenciaria y otros excluidos. "Quienes están dentro de la prisión piden salir. Quienes están fuera, piden un trabajo", resume Domínguez. La salida nunca es sencilla. En la medida de lo posible, es preciso el contacto previo con las trabajadoras sociales de la prisión de Martutene y con los servicios sociales de base para valorar a qué personas se les puede echar una mano. "Les ayudamos para que realicen el primer contacto con la trabajadora social, y no es sencillo. La verdad es que muchas veces tienen dificultades hasta para verbalizar lo que realmente necesitan", asegura la coordinadora.

Larrañaga expone algunas de las situaciones que encuentran: "hay quien tiene deudas pendientes que arrastraba desde el periodo anterior a su ingreso en prisión". Tras un paréntesis en sus vidas, necesitan ahora retomar las riendas. Se trata de un programa integral porque es muy difícil que una institución acompañe a estas personas en esas pequeñas tareas, como dar de baja un vehículo, algo que pueden hacer con la colaboración del equipo.

El miembro de Arrats reconoce que el primer paso es saber la situación de la que parte cada interesado: "Hay quien pide un trabajo, una casa, pero quizá no está preparado ni para trabajar porque no sabe asumir unos horarios ni convivir con la gente. Hay que ayudarles en todo ello y, en ocasiones, se trata de una labor ciertamente compleja", admite.

Transición Para la coordinadora del programa lo ideal sería una transición hacia la nueva vida antes de dejar la prisión. "Si no se les ha dado la posibilidad de preparar la salida se encuentran sin alojamiento, sin recursos, preguntándose: ¿y ahora qué hago? Les piden que se reinserten pero no tienen los medios para ello", lamenta Domínguez.

La crisis económica no ha hecho sino poner más piedras en el camino. Este colectivo es, sin duda, uno de los más vulnerables, el pagano de una situación para la cual todavía no se vislumbra la luz.

Pero también hay finales felices. "Son los casos que te llenan", resalta con cierta emoción el miembro de Arrats. La trabajadora social precisa que el éxito no pasa siempre por encontrar una vivienda en propiedad. También puede interpretarse como un triunfo que una persona que nunca ha recibido ayuda alguna trabe por fin contacto con los servicios sociales. "Gracias a ello, no vivirán como reyes, pero la ayuda que reciben les permite poder mantenerse. Gracias a ello, pueden pagar un alquiler, pueden comer y dormir. Siempre parto de la idea de que la situación de estas personas mejora", confiesa Domínguez, consciente, eso sí, de que probablemente jamás encuentren un empleo quienes atesoran una trayectoria vital jalonada de dificultades irreversibles.

Pero incluso con un trabajo y un piso no acaban los problemas. Hay quien tiene todo ello, pero carece de algo aún más valioso: los amigos. Para mitigar esa sensación de vacío, Arrats suele organizar excursiones, como la escapada que hicieron recientemente al flisch de Zumaia, una salida en la que, además de disfrutar del impagable paraje, los miembros del colectivo pudieron intercambiar sus impresiones sobre el difícil contexto social que les ha tocado en suerte.

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